19. Lo que él me hace sentir

2265 Words
Aveline La mañana llegó más rápido de lo que deseaba. No había dormido bien. Toda la noche, mi mente repitió una y otra vez aquel momento… sus labios, su respiración, el temblor de mis manos al sentirlo tan cerca. Cerraba los ojos y lo veía frente a mí, con esa mirada profunda que parecía desnudar cada rincón de mi alma. Caspian… solo su nombre era suficiente para acelerar mi pulso. Mi cuerpo seguía caliente, sensible, como si su toque aún me recorriera. Era absurdo. Injusto, nunca me había sentido así, tan viva, tan confundida, tan perdida en un torbellino de sensaciones que no comprendía. Suspiré, intentando calmarme, pero mi corazón seguía latiendo rápido. Me llevé una mano al pecho, intentando normalizar mi respiración, y sin darme cuenta, mis pensamientos volvieron a ese beso. A su sabor. A la forma en que sus labios se movieron sobre los míos, con hambre y ternura al mismo tiempo. —Dioses… —susurré, apretando las sábanas con fuerza—. ¿Qué me está pasando? Mi cuerpo reaccionaba solo con recordarlo. Sentía un fuego extraño recorrerme, una necesidad que me avergonzaba, que me hacía querer hundirme entre las mantas y desaparecer. Me giré sobre la cama, intentando encontrar una postura que calmara aquel calor insoportable entre mis piernas, pero nada servía. Era como si mi propia piel lo llamara, como si lo necesitara cerca para poder respirar. —Esto no está bien —murmuré, apretando los ojos—. No… no debería pensar en él así de esta manera. Y aun así, no importa, mi cuerpo lo hacía. Lo veía en cada destello de luz que entraba por la ventana, en cada respiración que me robaba el aire. Mi mente volvió a su sonrisa, a la forma en que me miraba como si fuera lo único que existiera en ese momento, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Cerré las piernas, temblando, y escondí el rostro en la almohada, dejando escapar un suspiro contenido. —Oh, dioses… voy a volverme loca… Justo en ese momento escuché pasos apresurados y murmullos al otro lado de la puerta. Mi corazón dio un salto. Me senté de golpe, acomodando las mantas, intentando ocultar mi agitación. Cuando golpearon la puerta, mi voz apenas salió. —A… adelante. Las doncellas entraron con sus acostumbradas sonrisas, trayendo agua y ropa limpia. Lily fue la primera en acercarse, pero su expresión cambió al verme. —Mi lady… ¿se encuentra bien? —preguntó preocupada, alzando una ceja mientras me observaba detenidamente. —S-sí, estoy bien. —Mentí, torpemente, apartando la mirada. —Está muy roja —dijo, acercando su mano a mi frente—. Y su piel… está tibia. ¿Tiene fiebre? —No… solo tengo calor —respondí rápido, sintiendo mis mejillas arder aún más. Lily frunció el ceño, sin convencerse del todo, pero asintió. —Entonces prepararé un baño para que se refresque. Le hará muy bien. Asentí agradecida, deseando escapar de esa mirada curiosa. Poco después, trajeron el agua. Entré en la bañera despacio, dejando que el líquido frío acariciara mi piel. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y cerré los ojos. Necesitaba esto. Necesitaba borrar las sensaciones, apagar el fuego que me consumía desde dentro. El agua se deslizaba por mis hombros, bajando hasta mis brazos, y respiré profundo. —Tranquila, Aveline… —susurré para mí—. Solo fue un beso. Un simple beso nada mas… Pero no era verdad. No fue simple. Fue todo. El recuerdo seguía allí, cada vez más vívido, más intenso. La forma en que sus dedos rozaron mi mejilla, el leve roce de su aliento sobre mi cuello, el temblor de su voz cuando pronunció mi nombre. No, no era un beso cualquiera. Fue el inicio de algo que no sabía si podía controlar. Terminé el baño lo antes posible. No quise que las muchachas me ayudaran. —Puedo hacerlo sola —les dije, evitando que se acercaran demasiado. No soportaba la idea de que notaran algo, de que vieran lo que yo misma intentaba negar. Elegí un vestido verde claro que Lily había preparado para mí. Era suave, ligero, con pequeños bordados de flores en la parte inferior. Me lo puse con calma, intentando ignorar la sensación de su tela acariciando mi piel aún sensible. Cuando me miré al espejo, vi mis mejillas encendidas, mis labios más rojos de lo normal. Parecía… distinta. Más mujer. Lily se acercó por detrás y comenzó a peinar mi cabello. —Hoy amaneció más callada que de costumbre —comentó, rompiendo el silencio—. ¿Sucede algo, mi lady Aveline? —No, nada, solo… no dormí bien —contesté, fingiendo una sonrisa. —Mmm… si usted lo dice. Pero la veo diferente, no sabría explicarlo. —¿Diferente? —Sí, tiene… algo en la mirada. —Su tono se suavizó—. Algo bonito. Solté una risa pequeña, nerviosa, y miré hacia otro lado. —Quizás solo es el cansancio. Ella no insistió más, y continuó peinándome con cuidado. Su toque era delicado, y por un momento, el silencio volvió a llenarlo todo. Cuando terminó, mi cabello caía en suaves ondas, con algunos mechones trenzados que enmarcaban mi rostro. —Está preciosa, lady Aveline —dijo, sonriendo satisfecha. —Gracias, Lily. Poco después, trajeron el desayuno. Pan recién horneado, frutas frescas y un poco de té. Me senté junto a Lily, como acostumbrábamos, aunque mi apetito era casi nulo. Ella me observó un momento antes de hablar. —Sabe algo mi lady, a veces cuando uno piensa demasiado, simplemente se agota... por eso la entiendo, fue sacada de su hogar y vive aquí con mucho que extrañar y añorar —dijo suavemente—. Tal vez solo necesita distraerse, salir a caminar, respirar un poco de aire puro. —Tal vez tengas razón —susurré, mirando la ventana. El jardín se veía tan tranquilo desde aquí… tan lleno de vida. Me llevé un trozo de pan a los labios, pero lo dejé a medio camino. No podía dejar de pensar en él. En lo que podría pasar si volvía a verlo. En cómo sus ojos me buscarían, en cómo su voz me envolvería con solo pronunciar mi nombre. Mi pecho se apretó, y sentí el mismo calor ascender de nuevo, lento, inevitable. —Aveline… —susurró Lily, llamando mi atención. —¿Sí? —El príncipe… pidió que le avisara si se siente bien... me dijo que… que la invitaría a pasear otra vez. Tragué saliva. Solo oír su título me revolvió el estómago de nervios. —Dile que… ya veré —murmuré, intentando sonar indiferente. Ella asintió, aunque su mirada decía que sabía mucho más de lo que aparentaba. Seguimos desayunando en silencio. Al final, Lily sonrió, como si quisiera darme ánimos. —Él la mira distinto, lo sabe, ¿verdad? —preguntó con suavidad. —No digas eso, Lily. —Es la verdad. Lo veo en sus ojos. Y usted… —su sonrisa se volvió más cálida—, también lo mira igual. No supe qué responder. Solo desvié la vista hacia la ventana, donde el sol comenzaba a colarse entre las cortinas, tiñendo la habitación de un dorado suave. Y ahí, en ese instante, supe que no podía seguir negándolo. Caspian me había robado el sueño, la calma, y hasta el sentido. Y aunque sabía que no debía, que el abismo entre nosotros era enorme… mi corazón ya había elegido. Y lo peor de todo era que, por primera vez, no quería luchar contra eso, no pude evitar suspirar, Lily estaba levantando todo de la mesa, y el calor que aún recorría mi cuerpo me hacía sentirme vulnerable, ardiente, rara, sin poder comprender del todo lo que me sucedía, mis mejillas se sonrojaban con solo recordarlo, con solo pensar en sus ojos, en sus manos, en el roce de su piel, y de pronto, con un hilo de voz, le pregunté. —Lily… y si… si me gusta él… qué debo hacer… —mi voz temblaba, y sentí un nudo en la garganta, como si confesarlo me hiciera temblar de pies a cabeza. Lily se detuvo un instante, me miró con cuidado, con una mezcla de sorpresa y comprensión, y respondió. —Aveline… yo… yo no sé qué decirte, no es fácil… —Pero tú tienes experiencia, Lily, tú… tienes pareja, ¿verdad? —la observé de reojo, buscando en sus ojos algún consejo, alguna guía que pudiera darme. —Sí… estoy casada hace dos años —dijo ella con un suspiro— y… bueno, cuando supe que él era el indicado… bueno, me miraba de una manera que… es como si desnudara mi alma, como si me hiciera sentir vulnerable, como si cada parte de mi le importara de verdad. Me estremecí, y sentí cómo mi corazón se aceleraba mientras sus palabras recorrían mi mente, dibujando imágenes de él, de su presencia, de su cercanía, y apenas pude susurrar. —Eso… eso es exactamente cómo me hace sentir él… Lily asintió, con una expresión seria pero cálida, y continuó. —Aveline… ¿siente usted lo mismo por el príncipe? —No lo sé… —confesé con voz temblorosa— no sé bien qué es el amor, pero… siento… siento atracción, mi cuerpo reacciona a su toque, a su mirada, a todo él, cada vez que estoy cerca de él necesito más de… —me sonrojé intensamente, bajando la mirada, incapaz de enfrentarla, incapaz de admitirlo en voz alta del todo. Lily me tomó de la mano suavemente, mirándome con ternura, y me dijo. —Eso significa que pueden ir avanzando, descubrir cuán fuerte es esa necesidad… pero debes tener cuidado, esto no es algo que se deba decir abiertamente, Aveline, pero siendo usted la concubina principal de entre las otras tres… —su voz bajó, con un tono que era casi un susurro— bueno… él no las quiere a ellas, usted es la única… —¿La única? —pregunté, incrédula, con los ojos abiertos y la respiración entrecortada, incapaz de procesar sus palabras. —Sí, la única… —continuó Lily, con una media sonrisa— por eso… déjese llevar, explore todo con él, y no me malinterprete, no quiero decir que haga algo que no desee, pero si su corazón y su cuerpo la llaman hacia él, si desea sentirlo cerca, si desea… —hizo una pausa, bajando la mirada, claramente consciente de lo que decía— pues eso, que descubra… lo que siente… Mi rostro ardía como nunca antes, y mi respiración se aceleró, sentí un calor que me recorría desde la nuca hasta los pies, y apenas pude balbucear: —¿En serio… eso me sugiere? —Sí… —dijo ella con suavidad— es solo una sugerencia, Aveline… yo no le digo que lo haga, pero le aseguro que le gustará, si decide escuchar a su corazón. Me quedé allí, en silencio, con los pensamientos girando a mil por hora, mientras mi cuerpo parecía vivir en otra realidad, nerviosa, excitada, confundida, pero con una claridad extraña al mismo tiempo, entendiendo que mi destino estaba ligado a él, aunque aún no comprendiera cómo manejarlo, y Lily, con su mirada cálida y comprensiva, agregó. —Vive en un mundo donde siempre serás señalada, Aveline, pero usted tiene un puesto privilegiado, aunque no sea noble, aunque no tenga títulos, aunque nadie más pueda siquiera mirarla así… el príncipe desea conocerla a usted, y eso es algo que pocos pueden decir, así que… si desea, déjese llevar… —Dios, Lily… —susurré, cubriéndome el rostro con las manos, incapaz de contener el sonrojo, incapaz de contener el torbellino de emociones— esto es demasiado… —Lo sé… —dijo Lily con suavidad— lo sé, es intenso, es abrumador… pero usted tiene que decidir qué hará con lo que siente, nadie puede decidirlo por usted, ni siquiera yo… solo recuerde… que él la desea, y usted puede corresponder si también lo desea… Asentí, intentando ordenar mis pensamientos, pero era imposible, mi corazón latía con fuerza, mis manos temblaban, y la imagen de él, su mirada, su voz, la cercanía de sus labios… todo eso me recorría la piel como fuego, y apenas pude murmurar: —Está bien… creo que… voy a intentarlo… pero… solo poco a poco, solo… para ver qué pasa… Lily me sonrió, complacida, y susurró. —Eso es todo lo que puede hacer por ahora, Aveline… dar pasos pequeños, dejar que su corazón guíe, y aprender… aprender a sentir y a disfrutar, porque nadie sabe lo que depara el destino, pero sí puede decidir cómo vivirlo. Me sentí más tranquila, aunque aún nerviosa, y por primera vez desde que llegué al palacio, sentí que había una luz de esperanza, una claridad extraña entre tanto miedo y confusión, y mientras Lily se retiraba para continuar con sus tareas, yo permanecí sentada, con la mente aún en él, recordando sus besos, sus manos, su cercanía, y preguntándome cómo sería mi vida ahora, cómo sería mi futuro… Y mientras el sol comenzaba a iluminar suavemente la habitación, me recosté en la cama, pensando que hoy podría ser el inicio de algo nuevo, de algo que jamás había imaginado, de un camino donde mi corazón y mi cuerpo podrían aprender lo que significa desear a alguien, y sentir que alguien me desea, y con ese pensamiento, un suspiro se escapó de mis labios, un suspiro lleno de anticipación, de miedo, y de una emoción que me dejaba sin aliento, mientras la puerta quedaba entreabierta, mientras el mundo parecía esperar… que yo cediera a mis deseos.
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