Caspian II No podía dejar de pensar en ella, cada vez que cerraba los ojos, la veía, tan frágil y al mismo tiempo tan fuerte, su rostro, sus lágrimas, la forma en que su voz tembló cuando dijo que deseaba ser libre y luego ese beso... dioses, ese beso. Aún podía sentirlo, el calor de sus labios, la forma en que se entregó a mí sin palabras, como si el mundo se derrumbara y lo único que existiera fuera eso, nosotros, jamás había sentido algo así, jamás, era como si mi corazón hubiera decidido por mí, como si ya no tuviera control alguno sobre lo que era correcto o no. Me dejé caer en el sillón de mi habitación, con el pecho agitado, los pensamientos desbordándome, me pasé una mano por el rostro, intentando calmarme, pero era inútil, cada recuerdo de ese momento me hacía sonreír, y luego

