Aveline Cerré la puerta con cuidado, apoyando la espalda contra ella mientras sentía mi corazón desbocado. El eco de sus pasos aún resonaba en el pasillo, y el aire que había dejado atrás seguía oliendo a vino y madera. No podía pensar en otra cosa más que en él... en Caspian. Su nombre era una oración y una condena. Mis manos temblaban todavía, recordando el instante en que sus dedos rozaron los míos al despedirnos, la tibieza de su piel, la profundidad de su mirada… Y ese beso en la mejilla, el que le di con el alma temblando. Me dejé caer sobre la cama, sin poder contener una sonrisa tonta. “Dios… me voy a volver loca pensando en él.” Murmuré, cubriéndome el rostro con las manos. Podía ver cada detalle de la noche: las velas, su risa, su voz baja contándome sobre sus viajes, y e

