Caspian II Abrí los ojos lentamente, como si mis párpados pesarán toneladas. Una punzada de dolor recorrió todo mi cuerpo y me arrancó un gruñido ahogado. Me sentía como si me hubieran arrollado diez caballos de guerra. La cabeza me martillaba, la pierna me ardía, y hasta respirar me resultaba muy incómodo. Al principio solo vi sombras, formas que se movían a mi alrededor, como fantasmas confusos en la penumbra. Voces lejanas murmuraban algo que no lograba entender. Me costó un instante darme cuenta de que no estaba muerto. La claridad regresó poco a poco, como cuando el amanecer va venciendo a la oscuridad de la noche. Las sombras fueron tomando forma. Y reconocí el perfil de mi hermana, con los ojos enrojecidos y húmedos. Más allá, la silueta inconfundible de Cristoff, mi inseparable

