Capítulo 3.

1623 Words
Julie. – Tengo que colgar, adiós Steve, te amo. – Dije por el teléfono, mientras me arreglaba el vestido y movía mi cuerpo frente al espejo, contenta con el resultado. Estábamos a punto de salir a la premiación de Colin mientras yo hablaba con Steve, lo extrañaba mucho, debía encontrar una forma de verlo pronto sin que Colin sospechara mucho, era imbécil pero su cerebro se puso a reaccionar justo ahora que le estoy poniendo los cuernos. Si era precavida, nada podía pasar, todo estaba bien, solo tenía que aguantar un poco más las distancias con Steve. Diablos, era difícil.  – Adiós hermosa, ven a verme pronto. Te extraño. – Dice por el teléfono. Oh Dios. – Adiós. – Corté, dolida por haberlo hecho. – Jules, debemos apurarnos. – Dice Jane mientras se pone un labial rosa suave sobre los labios. Gracias a Dios aceptó acompañarme a la estúpida premiación, si no, me moriría de aburrimiento con los aburridos chistes de Colin y su débil intento de que me llevara bien con el otro clan de idiotas con los que canta. También los odiaba a ellos. Asentí y apliqué un poco de sombra en los ojos. Salimos de la habitación hasta la sala, donde nos encontramos con Colin enfundado en un fino traje n***o y con zapatos de charol, sonriente y expectante.  – Te ves hermosa, Jules. – Dijo Nos subimos al auto rápidamente y Gallagher comenzó a conducir hacia donde era el evento. Jane y yo entraríamos por atrás mientras él y los imbéciles estaban posando para las cámaras. Llegamos a donde estaba el evento y todo resultó como estaba planeado, mi amiga y yo nos sentamos en las butacas mientras la sala comenzaba a llenarse de gente, vi a varias personas famosas sentarse alrededor de la sala. Minutos después apareció Colin y el resto de su banda, sentándose al lado de nosotras. La ceremonia comenzó –la cual me aburrió como el infierno–, se presentaron varios artistas y por supuesto entre ellos se encontraban Rough Diamonds, cantando canciones de su nuevo disco, el cual apenas conocía gracias al propio Colin que no paraba de ponerlas en casa mientras grababan. – Night Fast me encanta–Dice Jane, mientras los chicos cantan ni idea de canción. – ¿Night qué? – Pregunté. – Es una canción y un video de tu novio, ¿No lo viste? – Pregunta. – La están cantando ahora mismo.  Negué con la cabeza. No conocía casi ninguna canción de Rough Diamonds. Comencé a aplaudir y a poner una sonrisa falsa mientras fingía disfrutar el show solo porque tenía constantemente la mirada de Colin sobre mí, al igual que su sonrisa. Siempre era su sonrisa. Después de presentarse, Rough Diamonds ganó un premio, como siempre. (...) El after party estaba genial, la música electrónica y las bebidas alcohólicas estaban por todos lados. Jane y yo bailábamos con una bebida en la mano mientras que de vez en cuando éramos interrumpidas por varias personas que me habían reconocido y se habían acercado a saludarme. Una de esas personas fue Colin, quien después de una larga ronda de saludos por fin había podido regresar, nada más ni nada menos que borracho.  – Aquí estás, princesa. – Colin me atrapa por detrás con sus brazos. – ¿Cómo estás? – Con ganas de ir al baño. – La verdad no, solo quería sacármelo de encima, su aliento apestaba a alcohol y estaba borracho, genial. Lo malo de Colin borracho es que era más irritante de lo que es sobrio y eso hace que pierda la cabeza, además siempre que se emborrachaba pasaba algo rutinario: Quería sexo. – Podemos entretenernos en el baño. – Dice. Me rio y niego. – Lo siento, querido, hoy no. – Dije empujándolo suavemente con una mano en su pecho, alejándolo de mí. –Jane, vamos al baño. Ambas caminamos empujando a la masa de gente hasta que conseguimos llegar a los baños. Estaba vacío, genial. Aproveché de retocar mi maquillaje y llamar a Steve, necesitaba escuchar su voz para soportar el resto de la noche junto a Rough Diamonds. Simplemente, no contestó el teléfono y yo no pude evitar mostrar mi rostro de fastidio y decepción. – Algún día, Steve no te responderá el teléfono nunca más. – Dice Jane, mientras se arreglaba sus mechas pelirrojas. – ¿Cómo terminar conmigo? – Pregunté. – Algo así, si es que tienen algo. – Dijo, mientras se encogía de hombros. – No considero “amantes” como una relación. – Somos novios. – Respondí. – Tú ya tienes novio. – Dice. – Colin Gallagher. – Tengo dos novios. –Dije, riendo y esta vez siendo yo la que me encogía de hombros. – Eso es poligamia. – Ambas reímos. – Igual, Steve me ama y yo igual, es todo, que no me conteste no significa nada. – Dije. – ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que te ama? – Me lo ha dicho. – Jane suelta una risa y yo me cruzo de brazos mientras levanto la ceja. – Tú se lo dices a Colin siempre, ahora, ¿Es verdad? – Jane tenía un punto. Quizás Steve decía lo mismo que yo, de la misma manera que yo se lo decía a Colin: con palabras vacías. No estaba segura, en el amor nada es seguro, es el riesgo de enamorarse. Sí, estaba enamorada de Steve y eso me hacía sentir muy insegura. – Claro que no, pero es distinto, Steve y yo nos amamos, estamos enamorados. – Dije, intentando convencerme a mí misma también durante el proceso. Nunca he sido de las chicas inseguras, por ejemplo, cuando conocí a Colin sabía que lo tendría comiendo de mi mano, como un perrito faldero y eso pasó, pero esta vez me sentía jodidamente insegura con el tema de Steve, no sabía a donde íbamos o si esto tendría un final feliz, pero dentro de mí lo esperaba, después de todo, llevábamos bastante tiempo viéndonos y estando juntos.  – No te confíes Jules, en la confianza está el peligro. – Dijo Jane, antes de empinarse una copa de champaña. – Pareces mi abuelita. – Le dije, riendo. Por dentro aún estaba preocupada, así que para calmarme un poco le envié un texto, esperando que me respondiera pronto, de verdad necesitaba una dosis de Steve en mí. “¿Por qué no me contestas? Te estuve llamando): Llámame –J” Salimos del baño y caminamos por la fiesta en busca de Colin. La fiesta para mí ya había terminado y quería irme a casa y dormir, quería dejar de pensar en las cosas que me preocupan y sin Colin no podía irme. – Princesa. – Colin apareció de la nada, haciéndome saltar. – Aquí estoy, sabía que me estabas buscando. – Sí, vámonos rápido por favor. – Le dije. Colin escondió su cabeza en mi cuello y puso las manos en mi cintura. – Baila conmigo, princesa, no has bailado conmigo, es injusto. – Reclama. – Colin, estoy cansada. – Interpuse, intentando convencerlo con un puchero que no estaba pareciendo efectivo. – Por favor. – Ruega. Las luces cambian y el ambiente también, para ponerse a tono el DJ comenzó a poner música lenta, romántica, perfecta para que las parejas decidieran justo en ese momento abrazarse y comenzar a bailar las canciones de Frank Sinatra. No sé cómo, pero Colin y yo terminamos bailando lentamente como una pareja normal. – ¿Te he dicho que estas hermosa hoy? Bueno, siempre lo estas, pero hoy estas radiante, hermosa, brillante–Dice Colin, en mi oído. – Estás borracho. – Le dije. – Las palabras de un hombre borracho son los pensamientos de un hombre sobrio. – Ríe, con esa risa cantarina e irlandesa que no podía evitar siempre que se ponía nervioso ante una declaración romántica. – Siempre pienso en ti, que eres hermosa, que tengo la suerte de tenerte, que es imposible que hayas tomado mi corazón de esta manera, que te amo. De pronto sentí pena por Colin, estaba demasiado loco por alguien que no lo amaba. – Cuando estoy en los estadios cantando, siempre pienso que te estoy cantando a ti solamente y todo es más fácil, es fabuloso. – Continuó el castaño. Sinatra seguía sonando con su profunda voz y su melodía clásica y envolvente, logrando que todas las parejas se mantuvieran cerca y abrazadas, en un vaivén despreocupado, disfrutando el momento, incluyéndonos. – Y no tienes idea de cómo te amo. – Dice, sus manos estaban en mi cintura y su aliento alcohólico chocaba en mi nuca. Aún así, no me molestaba, simplemente no me sentía bien ahí, no me sentía bien con todas estas confesiones de amor no recíprocas. Esa noche no tenía ánimos para seguir siendo una perra, pero tampoco podía mentirle y decirle tantas cosas que no sentía ni de cerca de la misma manera. – Yo también te amo. – Me quedo sin más palabras mientras seguimos moviéndonos. La mentira clásica siempre era una buena opción.  Y en mi momento de distracción, Colin me besa suavemente, al ritmo de la música sin ningún tipo de apuro, por un momento parece que no está borracho. La canción acaba y el momento se rompe en mil pedazos, ambos nos separamos y yo no tengo otra alternativa que mirarme los pies y buscar una salida rápida. – Estoy cansada y tengo sueño. Vámonos, yo conduzco. – Dije volviendo a mi antigua actitud de antes. Le saqué las llaves del bolsillo y conduje hasta casa repitiendo la escena de Colin y yo bailando en mi cabeza mientras él dormía como un tronco, apoyado en la ventana y con su estúpida sonrisa en la cara.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD