– Debería ir a la iglesia a confesarme por todo lo que te he hecho, de verdad, aun no creo que seas mi amigo. – Confesé. – De rodillas. – Dijo. – ¿Qué? – N-nada. – Sus mejillas se tornaron de un color rojo intenso mientras que sus ojos estaban pegados al suelo, me pareció adorable. – Repite eso, ¿Qué hay que hacer de rodillas? – Solté una risa. Colin se quedó callado por un momento hasta que finalmente, respondió con la voz tímida: – R-rezar, hay que ponerse de rodillas para rezar. – Oh entiendo. – Comencé a reírme, la situación era demasiado graciosa sobre todo porque Gallagher estaba rojo hasta las orejas. – Tampoco me molestaría tenerte de rodillas frente a mí. – Dice. La roja ahora soy yo, ¿Qué? ¿De rodillas? Es un…pervertido. – ¿Disculpa? – Pidiéndome perdón, obviamente. – Co

