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La hija de la luna

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Al fundamentarse en un tópico recurrente en las historias de romance, el presente relato radica en el hecho del nacimiento de una niña amorfa, como única heredera de una gran fortuna, que por su apariencia es cambiada por un niño de origen humilde, motivado a la avaricia y maldad de un hombre como es Juan Fernando Tabares Morga, , por lo que la gran injusticia cometida con una beba recién nacida, logra identificar al lector con la trama enganchándolo para conocer el desenlace.

En su narración se ha tratado de demostrar que la verdadera bestia la lleva el hombre por dentro, en sus sentimientos, por falta de principios y valores, exacerbando el ego y la avaricia que muchos seres humanos sienten, matan y traicionan por poder y dinero, sintiéndose poderosos ante los humildes

Con una narración fluida y enfocada en las percepciones sensoriales que buscaran atrapar al lector de una manera amena. La historia tiene el objetivo de sumergir desde el primer capítulo con un conflicto rápido y directo que permite entender desde los primeros párrafos que nos encontraremos ante una historia de romance lobo dinámica

SINOPSIS

La historia de Metzi y Gustavo Antonio, es un relato de amor que transcurre en las zonas amazónicas del Alto Perú en la década de 1930. Los protagonistas son dos jóvenes que provienen de diferentes estratos sociales: Metzi, adoptada a pesar de su deformidad facial de nacimiento, que luego se convierte en una hermosa joven, de corazón noble y Gustavo Antonio, es el niño usurpador, que luego se convertiría en el amor de Metzi, es guapo, corpulento, justo y de buenos sentimientos

Ambos nacen en circunstancias adversas y trágicas debido a la ambición desmedida de su abuelo, un hombre que sacrifica a su propia hija para obtener un hijo varón a cualquier costo. Después de una serie de crímenes, Metzi es abandonada en el bosque, pero es adoptada por una e***a de los antiguos Incas, que la nombra "hija de la Luna" y le otorga poderes sobrenaturales.

Cuando Metzi y Gustavo Antonio se encuentran accidentalmente, se enamoran a primera vista. Con el paso del tiempo, descubren la verdad sobre su pasado y deciden ayudar a las personas sometidas por los terratenientes ricos. A pesar de los obstáculos, los jóvenes demuestran que el mal no prevalece y que incluso los actos más crueles pueden ser redimidos.

Presentándose un reto para la joven pareja, revertir todo el daño hecho a la población, solo contando con la fuerza de su amor y los poderes místicos de la luna. ¿Sera que solo el amor verdadero puede superar todas las adversidades y revertir el daño?

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CAPITULO I: EL NACIMIENTO DE LOS NIÑOS
Era una noche de luna llena, que iluminaba las grandes montañas boscosas de los altos de Perú, a lo lejos se oían los gritos de dolor de una madre dando a luz, se trataba de la joven de 21 años, Magdalena Tabares León, hija de Don Juan Fernando Tabares Morga y Doña Sara Teresa León de Tabares, dueños del Hato Casa Grande A Magdalena se le adelanto el parto por los maltratos físicos del padre de su hijo, Felipe José de las Casas Ponce, la partera Ambrosia asistía a la futura madre, de edad avanzada, pero con mucha experiencia, muy preocupada decía que el niño estaba en mala posición, lo que hacía más difícil el parto. Afuera, en los pasillos y en el gran salón, se encontraba toda la servidumbre junto a los amos de Casa Grande, en espera de la llegada del heredero. Pasaban las horas y la situación continuaba igual, solo se escuchaban los gritos espeluznantes de la joven. De pronto un largo silencio, los presentes se veían unos a otros preguntándose, ¿qué pasaría?, de pronto se oyó el llanto de un bebe, y exclamaron “Nació, nació … que sería niña o niño…”. Juan Fernando Tabares, sobresaltado, se levantó rápidamente y se dirigió a la habitación de Magdalena, su hija, quien se encontraba inconsciente, pregunto en voz alta: “Donde está mi nieto”, las mujeres que se encontraban en ese recinto, hicieron silencio bajando la cabeza, aquel hombre a observar la actitud de las mujeres, se acercó a la cuna y vio una niña blanca, delgadita, pequeña de cabellos de oro, pero con el rostro deforme. Ahora el que gritaba era aquel hombre de 45 años, quien esperaba un niño varón, saludable, que continuara su dinastía, heredada por generación en generación. Y en búsqueda de ese heredero había entregado su única hija, sin casarse al desalmado padre de la criatura Felipe José de las Casas Ponce, quien era heredero del hato vecino llamado El Crepúsculo, para que fuera hijo natural y llevara el apellido Tabares León, ya que no había tenido hijo varón Enardecido salió de la habitación y fue a su despacho, llamo a su caporal Emeterio Pérez, un hombre oscuro, silencioso y obediente, le contó lo sucedido y le ordenó que le consiguiera un bebe varón de cualquier mujer a cualquier precio, se lo trajera, en silencio sin decir nada a nadie, a cambio él lo haría rico. Emeterio se fue a todo galope al pueblo de las Dunas, pregunto a varias parteras, ubico una mujer que había dado a luz un bebe varón, hablo con el esposo de aquella mujer Asdrúbal Colmenares, le propuso comprarle él bebe por mil monedas de oro. Le pidió que lo pensara que lo iba a esperar en la cantina del pueblo. Aquel hombre se negó al principio, se fue a reflexionar la propuesta, como se lo diría a su mujer, pero mil monedas era toda una fortuna, podía irse y tener otros hijos con otras mujeres Asdrúbal decidió aceptar la propuesta y busco a Emeterio en la cantina, este le entrego en un saquito las mil monedas de oro diciéndole –En este momento me iré a buscar el niño debo llevármelo ahora mismo-, Monto su yegua y se dirigió a la casa de Asdrúbal. cuando el Caporal fue a buscar al recién nacido, la madre ignorante de la situación, se opuso a que se llevaran su bebe, forcejeando con él, entonces Emeterio con él bebe en el brazo izquierdo, saco una daga del cinto y le quito la vida punzando en el corazón. El esposo Asdrúbal Colmenares, un vago, bebedor y jugador de cartas, al ver lo sucedido, tomo el dinero, recogió sus cosas y se fue de las Dunas con rumbo desconocido, dejando allí a Emeterio con el cuerpo de su esposa Emeterio se quedó viendo fijamente el rostro de aquella mujer, tirada en el piso desangrándose, y al fijarse bien la reconoció, era María La lavandera, a quien él mismo había traído sus trapos para que se los lavara y también los de sus amos, la movió, llamándola, “María, María…… perdóname…”, pero ella había muerto, salió de allí con el bebe en los brazos, viendo para todos los lados, montó su caballo y a todo galope se alejó de aquel lugar Llego a Casa Grande, había cumplido su misión, llamo a su patrón en las afueras de la casa, entregando el bebe de aquella mujer, inmediatamente el Don, de carácter fuerte, agresivo, autoritario y déspota, fue a la habitación de Magdalena, por la entrada de servicio, sin que nadie lo viera, procedió a cambiar a los bebes. Inmóviles, Ambrosia la partera y Chemita la Nana de Magdalena, observaban aquella escena. Al salir de la habitación aquel amo, de ojos oscuros llenos de maldad y con su nieta en los brazos, las vio fijamente y les dijo: - Uds. No vieron nada, Magdalena tuvo un hijo varón, si alguna dice algo de lo sucedido cortare sus lenguas y les quitare la vida-, Chemita llorando, se le arrodillo a los pies de aquel hombre y le pidió que le diera la niña, que ella desaparecería con la beba y nunca más la volvería a ver, pero el amo la empujo con el pie, y le replico –Ya estas advertida si dices algo te mueres-. Salió, por la misma entrada de servicio, en silencio hacia el establo, donde lo esperaba Emeterio, le entrego la niña, dándole la espalda le ordeno a su capataz deshacerse de la niña recién nacida. Emeterio, le contó a su patrón lo que había pasado con la madre del niño, aterrado de lo que él mismo hiso, se negó a obedecer a su patrón, porque él no mataba a bebes, no era un asesino, coloco la niña sobre el pajal, monto su caballo y desapareció a todo galope del hato. Así que Juan Fernando Tabares se dio cuenta que tendría que hacerlo él mismo, pero él tampoco se atrevía a matar a un bebe, se asomó a la ventana, vio hacia las colinas, diviso la más grande de todas las montañas, y se le vino la idea de dejarla allí Los habitantes del pueblo de las Dunas hablaban de leyendas, mitos y misterios de la gran montaña, que había seres mágicos, espíritus de antiguos indios, se oían cantos celestiales como de ángeles, se decía que nadie iba porque estaba poblada de fieras y bestias salvajes, hasta el momento nadie había regresado de ese lugar. Pero cuando había luna llena, esa gran esfera se posaba en la cúspide de la montaña iluminándola toda, se veían destellos con luces de colores que se movían como luciérnagas gigantes, se oía el canto de muchas aves, como cantos de sirenas, que la montaña tenía vida propia y vigilaba a los habitantes de los pueblos A sabiendas de los rumores y todo el misticismo de ese lugar, Juan Fernando Tabares Morga, escéptico de creencias, monto su carruaje hacia el camino real, donde había un acceso a la gran montaña, bajo del carruaje y caminó solo hacia un sendero que conducía al interior del misterioso bosque, en esa noche de luna llena, con la niña en los brazos, se adentró en ella, sentía que lo vigilaban pero no veía a nadie, llegó a una ensenada oscura, dejo la niña tapada y envuelta en finos ropaje, para que las fieras dispusieran de su vida, ya que él no se atrevía hacerlo. Cuando la colocó en el suelo, la niña comenzó a llorar, como si supiera lo que le estaba pasando, estaba agachado, en ese momento alzó la mirada y se encontró de frente con dos grandes ojos amarillos que lo veían fijamente, una respiración profunda y acelerada, estaba muy oscuro, escucho gruñidos y sonidos de muchos animales, de forma escalofriante, sentía que le reclamaban la atrocidad que estaba cometiendo, asustado se levantó y vio a su alrededor, pero no veía a nadie Juan Fernando Tabares corrió y corrió, huyendo de él mismo, sin ver a nadie sentía que lo perseguían y que le daban alcance, monto su carruaje e impulso su caballo a todo galope sin voltear atrás hasta llegar a su casa, temblando, se encerró en su habitación y se asomó a su balcón, desde donde se divisaba la majestuosa colina, oía aquellos ruidos, las luces de los cuentos y la gran esfera brillando en el cielo, se quedó allí hasta que vio salir el amanecer. Desde entonces al despertar todas las mañanas, sale al balcón a observar la gran montaña y antes de dormir también En esa mañana, más tranquilo, recordó lo que le conto Emeterio de la madre de niño, no podía dejar huellas ni testigos del acontecimiento, se dirigió al pueblo de Las Dunas, al rancho de la Lavandera, allí yacía el cuerpo inerte de María, lo envolvió en una manta y lo monto a su carruaje. Se dirigió al camino real con la intención de lanzar el cuerpo a río caudaloso, en el pasaje un jinete lo intercepto, era uno de sus peones de su hacienda, Cheo, le dijo que venía de regreso el carruaje de Casa Grande con artículos comestibles con su esposa, pero estaban accidentados con una rueda rota, para que se llevara a la señora con él, mientras ellos la reparaban Como haría esto, si llevaba el cuerpo de María, su esposa se daría cuenta, le dio instrucciones al jinete que siguiera su camino, más adelante vio una depresión del terreno, se bajó, tomo el cuerpo envuelto arrojándolo allí, rápidamente volvió a su carruaje, siguió por el camino real al encuentro con su esposa Sara Teresa, la recogió y la llevo de regreso a casa Al llegar se dirigió a la habitación de su hija Magdalena, la encontró en compañía de su Nana Chemita, todavía dormida por los efectos del tranquilizante que le suministraron, el bebe también dormía en su cuna. Se acercó al lecho de su hija y la acariciaba, la conciencia que es la voz de Dios, le gritaba todo el daño que le había hecho a su hija, todo lo que había sufrido era por su culpa, como también la vida de su nieta Decidido a eliminar cualquier testigo de su crimen, regreso al pueblo en búsqueda del esposo de María, Asdrúbal Colmenares, fue a la cantina, luego al merendero, a la gallera, pero nadie sabía nada, pregunto por Emeterio, tampoco pudo encontrarlo Horas más tarde, Magdalena despertó, adolorida y somnolienta, convencida que había traído al mundo una niña blanca con cabellos de oro, llamo a Chemita, su Nana, y le pregunto – ¿Y mi hija dónde está? -, Chemita le contesto – Mi niña tu bebe está en la cuna, es un hermoso varón saludable, como quería tu padre-, Magdalena grito -Nooo, yo tuve una niña no un varón- La Madre de Magdalena Sara, oyó los gritos y se acercó, consolando a su hija tratando de convencerla que había tenido un varón. Chemita le llevo el bebe a su regazo para que lo alimentara, sin embargo, Magdalena no sentía afecto por aquel bebe, su propia naturaleza de madre le decía que no era su hijo, lo rechazo no lo quiso cargar, pidió que se lo llevaran de su habitación Pasaron ocho días, Juan Fernando Tabares Morga y su esposa Doña Sara Teresa León de Tabares, organizaron una gran fiesta en el hato Casa Grande, para presentar al heredero de su dinastía, a quien llamaron Gustavo Antonio Tabares, en honor al abuelo de Juan Fernando Tabares, ante la sociedad más prestante del lugar. Al evento acudió el Gobernador Don Rogelio Márquez Galdón y su esposa, el Jefe Civil del pueblo Lic. Martín Elías de los Ríos, El Comandante de Guardias, Capitán José Manuel Escandón Morelos, Efraín de las Casas Mejía y Julieta Ponce de las Casas, dueños del Hato El Crepúsculo y otros hacendados importantes de la región Los invitados y las damas de esa sociedad, observaban aquel niño recién nacido, preguntaban cuáles serán sus apellidos porque es hijo de madre soltera, Juan Fernando, les contestó en voz alta e imponente – Por eso llevará los apellidos de su madre Tabares León, los apellidos de sus abuelos, será el único heredero de la Dinastía Tabares, porque hijo natural o legítimo es un Tabares genuino, ¿No están de acuerdo Señoras? – Pero amigas del chisme, volvieron a preguntar, - ¿Y quién es el padre de la criatura? -, Juan Fernando molesto les respondió - ¿A quién le importa eso?, es un Tabares León y punto, no se hable más del tema-, las señoras imprudentes fueron regañadas por sus esposos, respetaban mucho al linaje Tabares, que por generación en generación habían dominado la región económicamente Este evento en la Sociedad le sirvió a Juan Fernando Tabares Morga, para afianzar lazos con sectores económicos de la región para poder extender los dominios de Casa Grande, entablo varios negocios productivos, consiguió apoyo de los políticos y de personalidades de otros continentes Aspiraba obtener más territorio, comprar otras haciendas, dominar el paso por el Río Bravo, por donde navegaban las embarcaciones para el comercio de importación y exportación de toda la región, controlar a los demás comerciantes, buscaba convertirse en el hacendado más poderoso y millonario del lugar Quería la propiedad de la gran montaña, que se encontraba ubicada dentro del Hato del Crepúsculo, se le convirtió en una obsesión, la veía como la tumba de su nieta, como un lugar sagrado para él, la dejaría intacta en honor a ella, como si el Don pudiera decidir eso. A pesar de su codicia que lo cegaba, su conciencia le acusaba por la atrocidad que había cometido. Pero realmente con esa acción tan miserable, había continuado su dinastía o había terminado con ella, porque aquella niña hasta el momento era su única descendencia verdadera después de Magdalena, tanto poder y tanta riqueza para que la heredara un niño extraño Cuando terminó la fiesta, se retiró a sus aposentos, se dirigió al balcón, pensaba en la niña, seguro que ya habría muerto, más descansado y tranquilo que no lo descubrirían. Recordaba aquellos ojos amarillos y la respiración profunda, quien era aquel ser, persona o animal, pensando en eso, diviso sobre un árbol cerca de su casa esos ojos amarillos brillantes nuevamente, se sobresaltó, entro y cerró con fuerza la puerta de su balcón. Al día, Juan Fernando Tabares Morga, se acercó a aquel árbol, reviso los alrededores, buscando huellas, pero no consiguió nada, pregunto a la servidumbre, pero nadie vio nada. Pensó será que me lo imagine, de todas formas, mando a reforzar la vigilancia de la casa. La noche siguiente volvió al balcón, de nuevo vio los ojos amarillos brillantes sobre el árbol en otra rama, así seguía sucediendo noche tras noche, a veces los veía moverse, pero siempre lo estaban viendo, sentía que lo vigilaban, que algo le advertían, los veía hasta que llegaba la luna nueva o noche sin luna, no estaban o no venían A veces con la visión de aquellos ojos amarillos también llegaba a su balcón el aroma de flores como a jazmín, lirios, nardos. Zalea o parecido, muy fuerte como el que sintió aquella noche que abandono la niña en la gran Montaña, así como el revoleteo de las Lechuzas

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