Corazón roto

877 Words
Capítulo 15 El ambiente en el jardín secreto se tornó tenso entre ambos, después de la discusión de Amara con Luciano. Sin embargo, lo que más desató la tensión fue el hecho de que Amara le hubiese pedido aquello a Luciano. Él no sabía como reaccionar y se quedó totalmente paralizado con sus ojos bien abiertos como si hubiese visto a un fantasma. – ¿Qué acabas de decir? ¿Acaso me has pedido un beso? – pregunto él sintiendo que el aire se volvía denso y no lo dejaba respirar. La petición de Amara lo tomó por sorpresa, y de inmediato el ambiente se volvió serio. – Sí, escuchaste bien, te he pedido un beso. Si realmente quieres que te perdone como dices, tal vez eso podría ayudar a que lo haga – dijo Amara, sintiendo que su corazón latía con fuerza. Sin embargo, en el fondo de ella misma sabía que la situación era complicada y que Luciano jamás la besaría. Luciano sintió un nudo en el estómago sin saber qué hacer o decirles. La idea de besar a Amara lo incomodaba bastante, ya que en su mente ella no encajaba en la imagen que tenía de atracción hacia las mujeres. Así que con sutileza debía deshacerse del problema sin lastimarla una vez más. – Amara, no sé si eso es lo correcto en este momento – dijo tratando de encontrar las palabras adecuadas – Antes de besar hay varias normas que no se pueden saltar y en este instante ninguna de esas cosas está pasando. – ¿Normas? ¿Qué cosas deberían de pasar? – preguntó Amara frunciendo el ceño – ¿Qué tipo de normas debes cumplir su vas a besar a alguien? – Bueno, para que un beso sea realmente significativo debería de existir cierta seducción o al menos un mínimo de atracción hacia la persona que vayas a besar – explicó Luciano sintiendo que estaba caminando sobre una cuerda floja. No quería herir sus sentimientos, pero tampoco podía ignorar lo que no quería hacer. Amara lo miró, sintiendo que su corazón se hundía en la tristeza, era obvio que ella no despertaba ninguna de esas cosas en él. – Obviamente, no te parezco atractiva ¿Verdad? Yo no soy como las chicas con las que estás acostumbrado a salir dónde vives – dijo con su voz cargada de tristeza – Siempre he sabido que no encajo en ese molde, pero no puedo cambiar por más que quisiera y es así como le dejo ver a tus palabras que cualquier hombre no se fijaría en mí. Tú no has podido hacerlo. Luciano sintió que la culpa lo invadía al escuchar eso. Él sabía que al final no podía cambiar lo que había dicho y eso lo hacía enfadar. – Amara, no es eso. No se trata solo de la apariencia como tú piensas. Es más complicado que eso – intentó explicarse, pero las palabras se le atascaban en su garganta. – ¿Complicado? ¿Cómo puede ser complicado? Solo soy yo, y tú eres tú en este lugar. No debería ser tan difícil porque estoy segura de que si fuera bonita no hubieras dudado ni un solo segundo en besarme – respondió Amara, sintiendo que la frustración comenzaba a apoderarse de ella nuevamente. – Lo sé, pero las cosas no siempre son tan simples. La atracción es algo que no se puede forzar y yo de verdad lo siento, peor no encuentro otra manera para poder decirlo – dijo Luciano, sintiendo que la conversación se tornaba más intensa – No quiero que pienses que no me importas porque sí lo haces, pero hay cosas que simplemente no se pueden cambiar. Amara sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos sintiendo que la tristeza la invadía. No necesitaba tiempo para entenderlo todo, porque eso ya lo había hecho. – No quiero que te sientas mal por lo que he dicho, de verdad que no quiero lastimarte. Eres una chica increíble, Amara, y mereces a alguien que te vea como realmente eres, pero ese no voy a ser yo. – Claro, alguien lo verá – dijo con decepción – Ya entendí que soy tan poco atractiva para ti que no puedes siquiera considerar la idea de un beso y si así fue contigo, ni siquiera me imagino a alguien más. Luciano sintió que su corazón se rompía al ver el dolor en su rostro. No era su intención lastimarla, pero peor era besarla sin sentirse atraído. Amara se quedó en silencio sintiendo que las palabras de Luciano la golpeaban con fuerza y ya no podía soportarlo más, ella se quedaría con su rechazo y lo pondría en su diario para que jamás se le olvidara lo sucedido. – Está bien, Luciano, te entiendo. Solo quería que supieras que no necesito tu lástima una vez más. Únicamente quería que vieras que no estabas en lo cierto y eso es lo que he logrado – dijo sintiendo que la tristeza la envolvía de nuevo. Mientras el sol comenzaba a descender en el horizonte, ambos se quedaron en total silencio, reflexionando sobre lo que había sucedido. Aunque la situación era complicada, ninguno se atrevió a decir más por miedo a volver a generar otra discusión.
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