13 NOAH (Parte 1)

1927 Words
Después de lo ocurrido con Nick, decidí no volver a acercarme, tal como él me había pedido. Lo ocurrido había sido extraño y placentero hasta que abrió la boca y me di cuenta de con quién estaba haciendo lo que estaba haciendo. Por lo menos había conseguido lo que quería, de alguna manera me había vengado de lo de Dan, aunque en el fondo supiera que nada podía hacerme sentir mejor después de que dos personas tan importantes para mí me hubiesen engañado de aquella manera. La foto que había hecho Nick me había dejado un poco descolocada. Nunca me había hecho fotos con Dan en las que nos estuviésemos besando... es más, creo que nunca me habían besado así. Cuando la vi se me puso la piel de gallina. En ella se veían nuestros perfiles entrelazados, sus labios entreabiertos en los míos y nuestros ojos cerrados disfrutando del momento. Mis mejillas se veían acaloradas mientras el semblante de Nick era duro, frío y terriblemente irresistible. Solo viendo su perfil ya te dabas cuenta de lo atractivo que era... Dan se iba a subir por las paredes. Lo sabía. Era así de egoísta, solo que normalmente dirigía su egoísmo hacia los demás y a mí me dejaba fuera. Escribí un mensaje debajo de la foto antes de mandársela a él: Me ha costado menos de cuatro horas encontrar a un tío más hombre que tú. Gracias por abrirme los ojos; por cierto, en esta foto pareces un pez boqueando, ¡aprende a besar, gilipollas! Debajo del mensaje se podía ver la foto de él y Beth besándose, aparte de la mía con Nick. Me encantaría poder verle la cara, pero sabía que después de ese mensaje mi relación con él había acabado. No pensaba volver a verlo y por primera vez agradecí que nos separara una frontera. En cuanto a Beth solo escribí dos palabras en el mensaje que le envié a continuación junto a la foto de ella y Dan besándose: Hemos terminado. Solté todo el aire que estaba conteniendo. Ya está... con eso acababan nueve meses de relación amorosa y siete años de amistad. Sentí cómo mis ojos se humedecían, pero no derramé ni una sola lágrima, no, no se lo merecían. Guardé el teléfono en el bolsillo trasero de mis pantalones y me fui directa con Jenna. Busqué con la mirada a Nick y lo vi bebiendo una cerveza con la espalda apoyada contra su Ferrari n***o. Le di la espalda y me fui directa hacia donde mi nueva amiga me esperaba. El resto de la noche me la pasé bailando, riendo y divirtiéndome con las locuras de mi nueva amiga. En varias ocasiones se escabullía para enrollarse con el buenorro de su novio y entonces yo volvía a recordar lo ocurrido y sentía que me venía abajo. Intenté distraerme con las carreras, que me encantaban y me hacían recordar momentos más felices, cuando ir a la pista era algo cotidiano. No pude evitar observar con detenimiento la manera de conducir de todos los pilotos allí presentes. El amigo de Nick era bastante bueno, pero él había estado impresionante cuando había corrido la primera carrera. A medida que avanzaba la noche me veía a mí misma analizando la pista con detenimiento e intentando averiguar qué era necesario para poder ganar aún con más ventaja. Me había ido fijando en que el problema radicaba en la segunda curva. Si la cogías demasiado despacio perdías distancia y si lo hacías más rápido te arriesgabas a salirte de la pista. Me moría de ganas de probar que podía hacerlo mejor. Quería sentir el viento en la cara, la adrenalina en el cuerpo gracias a la velocidad, sentir ese control sobre el coche y saber que era yo la que lo manejaba, lo controlaba y lo hacía correr. Estaba dándole vueltas a esos pensamientos cuando me di cuenta de que la última carrera estaba a punto de empezar. Ese tal Ronnie era el que correría contra Nicholas, y estaba segura de que si se me daba la oportunidad podía ganarle con los ojos cerrados. La gente se había ido subiendo a los coches y se habían ido trasladando a donde estaba la meta. Jenna, Lion y yo nos teníamos que quedar allí, pero en esos momentos la pareja había ido a buscar no sé qué al coche de mi amiga. Nicholas también había desaparecido: lo había visto marcharse con la idiota de pelo oscuro hacia donde estaba su camioneta. De modo que allí estaba yo, sola, junto a un cochazo y esperando a que alguien regresase para conducirlo. Entonces vi cómo Ronnie se acercaba hacia su coche tuneado y me observaba con interés. Aquel tío daba miedo de verdad, tenía más músculos que un gladiador y miles de tatuajes tapizaban sus brazos y parte de su espalda. Le observé sin emitir ningún tipo de sonido. —Eh, guapa —me llamó apoyando sus antebrazos en la parte superior del coche—. ¿Quién eres? —me preguntó en tono divertido. Lo miré con cierto reparo, pero decidí que era mejor contestarle. —Noah —le contesté cortante. Él sonrió por algún motivo inexplicable. —Te he estado observando —me confesó con una sonrisa—. Sé diferenciar a las chicas que saben de esto —afirmó dándole una palmada a su coche— y las que no —agregó—. Tú perteneces al primer grupo. Lo observé con cautela. —Puede que haya corrido alguna vez —apunté, preguntándome dónde estaban los demás. No me gustaba la forma en la que me miraba aquel tipo, me daba mala espina. —Lo sabía —convino divertido—. ¿Por qué no corres contra mí, cielo? — me propuso, mirándome seriamente. ¿Estaba preguntándome lo que creía que estaba preguntándome? —Tienes que correr contra Nicholas —le dije dubitativa. —Nicholas no está aquí, ¿verdad? —me preguntó haciendo un ademán con la mano. Sentí cómo la adrenalina me invadía por completo. Dios mío... Correr otra vez... Eso era lo que quería, lo que necesitaba... y era verdad que Nicholas había desaparecido... —No creo que sea buena idea... —admití mordiéndome el labio mientras observaba que las llaves del Ferrari estaban puestas en el contacto. Ronnie chasqueó la lengua sin quitarme los ojos de encima y se acercó con cuidado hasta donde yo estaba. —Eres de su banda, ¿no? —dijo señalando la bandana fluorescente que me había puesto Jenna en el pelo. Más bien no, pero me ahorré la contestación. —Nick ya ha corrido esta noche. Ya va siendo hora que deje correr a alguna mujer, ¿no te parece? Tipos como Nicholas eran los causantes de que a las chicas como yo nunca se nos tomase en serio. —¿O es que acaso tienes miedo? —agregó pinchándome. Mis ojos ardieron y la resolución afloró en mi rostro cuando abrí la boca un segundo después. —Acepto —declaré con una sonrisa. Él me la devolvió con ganas. —Estupendo, preciosa —me dijo con los ojos brillándole de excitación—. Nos vemos en la meta —añadió subiéndose a su coche. Sabía lo que pensaba. Pensaba que me ganaría con los ojos cerrados. Bien, querido Ronnie. Creo que se me ha olvidado informarte de que vas a correr contra la hija de un ganador de Nascar. Ese coche era una pasada. Los asientos eran de cuero, la carrocería era impresionante y qué decir de aquel ronroneo de motor... ¡Hum, qué gusto y qué recuerdos! Puse el coche en marcha con facilidad y me aproximé hacia la línea de salida. Nadie sabía que era yo quien conducía, nadie excepto mi adversario. Sonreí como una niña. No quería pensar en las consecuencias, no quería pensar en que Nicholas iba a matarme, solo quería disfrutar. «Allá vamos, Ronnie, tipo duro.» En cuanto los banderines dieron la señal, pisé fuerte el acelerador y en menos de un segundo dejé atrás la línea de salida. ¡Vaya! Era impresionante, liberador, divertido, relajante, asombroso... Lo mejor del mundo. Hacía años que no hacía nada parecido y por fin sentí que estaba haciendo algo por mí, algo que me gustaba, algo que no tenía nada que ver con mi madre, ni con su marido, ni con mi exnovio ni con mi ex mejor amiga. En aquel instante me sentí libre, libre como un pájaro y eufórica como nunca. A mi lado, Ronnie avanzaba a una velocidad de vértigo. Pisé aún más fuerte el acelerador y grité como una loca cuando pasé la primera curva, dejando al tipo duro atrás. —¡Sí! —grité con alegría. Pero ahora venía la segunda curva, la difícil. Y ahí me hice la pregunta del millón: ¿la tomaba con poca velocidad, sin arriesgarme, o aceleraba hasta llegar al límite, arriesgándome a salir disparada de la pista? La segunda opción fue la que más entusiasmo me causó. Pisé fuerte al mismo tiempo que calculaba cuándo tenía que desacelerar para poder pasar la curva sin peligro. Al verla más de cerca me fijé en que era más angosta de lo que había pensado en un principio... Mierda... iba a salir disparada... aminoré la velocidad al mismo tiempo que giraba el volante con todas mis fuerzas, y sentía la arena golpeando contra el coche y el chirrido de los neumáticos al ser maltratados de aquella manera... Apreté la mandíbula con fuerza y se me escapó un gritito cuando finalmente conseguí pasar sin matarme. Escuché el ruido del motor diciéndome que fuera más rápido y eso fue justamente lo que hice. —¡Sí! —chillé otra vez, viendo por el retrovisor cómo Ronnie se me pegaba al coche casi dándome por detrás. Observé su rostro: estaba desencajado por la rabia de estar perdiendo. «¡Chúpate esa!», grité con entusiasmo en mi interior. ¡Hombres, machistas, creídos y gilipollas! Esa había sido la parte difícil, lo que quedaba era pan comido. Aceleré aún más hasta que vi la línea de meta. Solo me quedaban unos pocos kilómetros y vencería. La adrenalina me recorría por entera, estaba eufórica... Entonces Ronnie me dio por detrás. Me abalancé hacia delante y el cinturón de seguridad me hizo daño en el pecho. —¡Serás...! —dije elevando la voz al tiempo que sujetaba con más fuerza el volante. Ronnie parecía fuera de sí, aceleraba y desaceleraba intentando golpearme. Me desvié un poco para evitar un tercer golpe, pero él hizo lo mismo. El siguiente golpe vino por el lado derecho... ¡Joder, estaba destrozando el coche! Giré el volante hacia la derecha en un movimiento rápido y brusco y le pagué con la misma moneda. El espejo lateral de su coche se quedó colgando, casi arrancado, y yo aproveché su distracción y su rabia para acelerar y llegar a mi destino. Solo faltaban unos metros, solo unos pocos... y entonces alcancé la meta. La gente comenzó a gritar de forma ensordecedora, agitando las manos y los pañuelos fluorescentes en el aire. Era alucinante, la emoción de ganar, la euforia de haber vencido al tipo duro en la pista... Desaceleré hasta frenar al final de donde se encontraban la mayoría de los espectadores. Miré por el retrovisor y vi cómo Ronnie bajaba del coche hecho una furia. Le pegó una patada a la puerta y yo solté una carcajada. Entonces alguien apareció en mi ventana, abrió la puerta y de un tirón me sacó casi en volandas del interior del vehículo.
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