MERDA, estaba semidesnuda. No era que eso le importara, lo que le importaba es que iba a estar así frente a ÉL. Pensó Lula y soltó un pequeño bufido.
Ximena le había ofrecido un trago para que se relajara. Pero esta vez declinó, quería estar con sus cinco sentidos activos no como la vez anterior.
La joven mujer, más experimentada, le dio una palmadita en la mano a modo de consuelo, y si debía de ser sincera consigo misma, por dentro tenía bastantes nervios. Y Ximena claramente lo notaba.
— Va a estar todo bien... Irás, harás el baile y ya, encima te va a pagar y te gusta, ¿que más puedes pedir? — le repitió. Y las palabras resonaron en su cabeza.
"No hacerlo", pensó ella, pero no lo dijo, en cambio murmuró:
— Está bien, si claro, lo haré, debo hacerlo — dijo ella cual mártir y Ximena rio de nuevo. Su amiga sabía que él le había gustado, aunque no estuviera convencida de todo eso del baile y aquello.
Lula suspiró para darse valor, se incorporó y enderezó los hombros. La otra muchacha la observó de arriba a abajo de forma apreciativa, por más que Lula no estuviera todo el tiempo consciente de su encanto, era una muchacha muy atractiva. No era una belleza que parara el tránsito sino un "nosequé" que se veía estando más cerca de ella.
— Estás hermosa...— le dijo con una sonrisa cómplice como para darle ánimos.
Lula suspiró de vuelta, se observó a sí misma y luego en el espejo , y sí, estaba muito bonita (muy bonita) pensó hacia sus adentros. Su cabello y su piel relucían y tenía como un aura atractiva que no podría definir bien en ese momento, algo que no había antes en ella y ahora estaba de modo indiscutible allí, a la vista como emanando de sus poros, "es excitación" le dijo la voz de su consciencia y ella la acalló.
— La verdad es que eres mi ángel de la guarda, o una perversa hada madrina no sé — murmuró la brasileña finalmente. Y Ximena volvió a reír mientras Marcus, su jefe, venía a buscarla para escoltarla hasta donde estaba Brad esperándola. "Cómo si me fuera escapar o algo así", pensó con ironía mientras lo seguía, ni tampoco se iba a perder...Aunque la idea de huir, si pasó por su cabeza.
ÉL la iba a esperar en uno de los cubículos privados. Dónde se daban 'esos bailes', algo que ella solo había hecho una sola vez y muy renuente porque faltó una chica esa vez. Bailar en el caño no le molestaba, de hecho le parecía divertido. Pero eso era personal y... distinto. Mur diferente e íntimo.
Finalmente, escoltada por "el jefe" del club llegaron al lugar y él la dejó allí.
El joven millonario la estaba esperando sentado, cruzado de brazos y piernas y parecía tan nervioso como ella. Él se levantó y se acercó. Tocó un mechón de su cabello con suavidad.
Miró su cuerpo, sus pechos redondos del tamaño perfecto, cabían justo en su mano, igual que ese pequeño culo que había intentado penetrar hacía dos noches sin éxito...aún. Ya habría tiempo pensó con la v***a tiesa, del modo en que estaba desde que no podía dejar de pensar en ella.
— Bueno, aquí estamos — dijo la joven con una voz extraña. Pero sin acento.
— Aquí estás...— dijo él y ella se estremeció cuando con su dedo bajó por su pecho—. Ven — dijo y tomó su mano. Se sentó en el sillón e hizo que ella se sentara a su lado.
—Pensé que se suponía que bailara o algo así...— murmuró ella.
—¿Deseas bailar para mi? — inquirió él alzando una ceja, y sonriendo.
— NOOO
— Lo imaginé — dijo Brad y rio —. Pero así está bien y me encanta — murmuró él en su oído que mordisqueó, antes de seguir por su cuello hasta su escote. Pasó una de sus manos por sus pechos casi desnudos y con la otra bajó por su vientre hasta encontrar sus bragas, y metió sus dedos bajo ella.
— ¡Ai, meu Deus! (Oh mi Dios)— exclamó ella con la respiración entrecortada. ¿Siempre iba a ser así?
— Mmm, me gusta mucho cuando hablas en portugués, aunque casi no tienes acento en inglés, nadie diría que eres brasilera salvo que estés borracha — murmuró él mientras frotaba su c******s y metía un dedo en su agujero —. Eres tan bonita que lo único que quiero es comerte — susurró él como única advertencia antes de recostarla contra el sillón y colocarse entre sus piernas.
Se deshizo de sus bragas y comenzó a literalmente comerse su v****a mientras ella enredaba sus manos en su cabello y tironeaba de él entregada a ese placer decadente, ya sin pensar en nada.
Él aumentó el ritmo del movimiento de penetración de su dedo y, sus lamidas, sintió sus temblores cuando ella llegó al clímax.
Él quitó su mano, besó su cintura y se irguió sobre ella. Con una mano sacó su v***a venosa y erecta.
— No puedo creer que te hayas mantenido virgen hasta hace un par de días, tienes un cuerpo hecho para el deleite... para mi deleite — dijo y con sus dientes le quitó una pezonera para meterse el pecho en su boca y comenzar a succionar mientras guiaba su pene hacia su v****a húmeda ya.
Metió su glande y la v****a de ella lo apretó como un guante. El hijo de puta de Norman tenía razón pensó, si no la hubiera reconocido de otro modo, esa v****a la reconocería con los ojos cerrados, igual que su dulce aroma.
Comenzó las embestidas con suavidad, pero los susurros de ella en portugués así como sus pequeñas manos arañando su espalda no ayudaron, cuando sintió que ella lo comprimía con sus paredes vaginales se vino dentro, dejando sus chorros de leche en su canal vaginal, mientras la abrazaba temblando.