— Es un simple baile Lu...quizá si no hubieras huído de él no se hubiera encaprichado, si sabes como son... encima debes reconocer que es precioso, tampoco es un gran sacrificio...— le dijo su amiga mientras buscaba algo para prestarle de entre sus cosas.
Si claro, él era atractivo pero ella no tenía interés en tener ningún tipo de vínculo con ese playboy que tenía fama de cambiar de mujeres como de calzones, ella había ido a California a buscar a su madre no un novio, ni un amante, POR DIOS si hacía un par de días era una virgen a la que ni siquiera le interesaba el sexo salvo que fuera entre lobos marinos, pensó con fastidio.
Ximena la miró y sonrió, casi intuyendo lo que pensaba.
— Quita esa cara, si me dijiste que la experiencia fue "buena"... Sé que lo disfrutaste, así que quita esa cara —dijo con un guiño y ella suspiró con aparente resignación.
— Nunca dije que quisiera repetir — dijo Lula haciendo un mohín y cruzándose de brazos — . Aparte nunca he hecho un baile privado...no algo así — fue una sola vez un reemplazo.
— No es muy diferente de lo que has hecho el otro día — respondió Ximena ocultando una sonrisa.
— Tal vez no para ti...— dijo Lula cabizbaja.
— Ah vamos, ni que fueras Kayla... tú eres brasilera, siempre me has parecido relajada, y por algo te invité a vivir a casa ¿no? Tienes algo que inspira confianza — fue pura casualidad, se habían encontrado en un local de hamburguesas, Lula recién llegaba, y el pequeño de Ximena le hizo unas morisquetas y ella le siguió el juego y una cosa condujo a la otra. Y la brasileña terminó en su sofá dada que su bondad se ganó el corazón de la otra muchacha—. Seguramente él vio lo que yo ví , por algo te pidió a tí, de entre todas, el chico podría tener a la muchacha que quiera y sin pagar pero te quiere a tí— insistió Ximena.
— No me siento afortunada, igual gracias por intentarlo — dijo Lula mientras Ximena reía y peinaba su cabello haciendo unas ondas naturales con un aparato eléctrico nuevo.
—Solo digo que te relajes, y goces... y encima te pagarán por ello, podrías de hecho haberle vendido tu virginidad, pero no, se la has REGALADO chica... Quizá deberías pedir el doble de dinero...— sugirió mirándola en el espejo.
— Merda...no me lo recuerdes, maldición, nunca debí aceptarte esa droga para relajarme, técnicamente es tu culpa— protestó ella agarrando el traje que Ximena le había alcanzado.
El traje era dorado y consistía en dos pezoneras con unas cadenitas colgando, a juego con unas bragas también de ese color que eran un hilo dental más que otra cosa. No solía usar esas cosas antes de llegar a California.
— Por suerte estás depilada. El cabello ya está...cámbiate que luego te ayudo a maquillar — dijo Ximena sin prestarle más importancia y sonrió agarrando el estuche de sus maquillajes mientras Lula se cambiaba.
— Te juro que ODIO a los millonarios...GRRR — exclamó Lucía mientras se ponía las bragas y Ximena lanzó una carcajada.
Lula observó su reflejo en el espejo, sintiendo una mezcla de nerviosismo y determinación luego de "cubrirse" si es que 'eso' cubría algo. El traje dorado que Ximena le había proporcionado no era precisamente lo que había imaginado para su noche en el club, bueno tampoco había imaginado nada de esa situación. Pero estaba decidida a hacerlo, a fin de cuentas, se dijo, solo por el dinero. "Solo por el dinero, sí cómo no". A veces odiaba la puta voz de su conciencia.
Mientras se ajustaba las pezoneras y las cadenas, no pudo evitar recordar cómo era su vida antes de ese extraño giro de eventos. Era una joven brasilera en busca de respuestas, y nunca habría imaginado que terminaría en esta situación, a punto de hacer un baile privado para un hombre que apenas conocía pero que le había quitado no su valor más preciado, porque nunca consideró así al hecho de ser virgen, sino más bien era como su mote de bicho raro.
Ximena, con su inquebrantable confianza en ella, seguía maquillándola con manos hábiles y palabras de aliento. Aunque su amiga intentaba animarla, Lula sabía que su descontento con los millonarios no se limitaba a una simple queja. Era más profundo que eso, arraigado en experiencias pasadas y en la desigualdad que veía a su alrededor, especialmente desde que había llegado allí pues claramente nunca antes se le hubiera cruzado por su cabeza.
Mientras se preparaba para el baile, una sensación de empoderamiento, a su pesar, comenzó a crecer dentro de ella. No importaba lo que pensara Brad. No permitiría que nadie la definiera por su actual estilo de vida o por las circunstancias que la llevaron hasta allí. Y si alguien realmente se ponía a pensar en eso, hasta podría llegar a resultar tragicómico dada su verdadera naturaleza.
Con un renovado suspiro resignado y una mirada determinada en el espejo, Lula se preparó para enfrentar lo que fuera que estuviera por venir. Porque al final del día, estaba decidida a encontrar lo que había ido a buscar allí, sin importar los obstáculos que se interpusieran en su camino. Y si eso significaba bailar para un millonario arrogante que estaba momentáneamente encandilado con ella, entonces así sería. Pero lo haría a su manera, con su fuerza interior como su guía, lista para enfrentar cualquier desafío que la vida le pusiera por delante. Se llamara Bradford Benedict o quién fuera.
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