Los ojos me ardieron y por un segundo quise ir hacia ella y maldecirla, Reclamarle hasta que se me secara la boca. A su lado se encontraba ese mentiroso deshonesto. Ardí en rabia porque parecían un feliz matrimonio que compraba baratijas en un día de paseo. Quien diría que hicieron tanto daño a dos personas que solo los quisieron. —¡Te encontré! —escuché que dijeron detrás de mí. Rápido volteé a ver. Era Celina. Ella salió de la tienda sin que me diera cuenta y cargaba entre los brazos una bolsa de tela que se notaba pesada. En su cabeza tenía puesto un sombrero que se quitó y lo colocó sobre mi cabeza. —Vi que no traías y te compré este. ¡Me quedé pasmado! Ella no tenía por qué ver que su examiga estaba esperando un bebé del hombre que casi se convierte en su marido. Me quité el somb

