Gerónimo no tardó ni una semana en mudarse. Decidió rentar una acogedora casita a cinco cuadras del negocio. Más pequeña que la que tenía en el pueblo, pero suficiente para su familia. Despedirnos de ellos fue menos difícil de lo que pensé porque se irían para estar mejor. Seguiríamos frecuentándonos porque él quería que le ayudara con los proveedores; un buen pretexto para ir por esos rumbos en los que tenía a Miranda más cerca. Dos días antes de emprender el viaje para la boda de Ermilio, Paulino salió solo desde la mañana y ya pasaban de las ocho de la noche. Mi madre se inquietó porque supuso que, por lo enredada de la ciudad, él muy despistado se perdió. —Está medio menso, pero no tanto —dijo Jacobo en la sala, como si nada grave pasara. En cambio a mí me llegaron varias ideas que

