Justo como supuse, la boda era una de las grandes, con cientos de invitados, generosa comida y bebida, y músicos que ambientaban. Para el primer baile de los recién casados, cantó una señora una romántica canción. Su voz era parecida a la voz de la mujer que buscaba olvidar; o eso fue lo que me pareció. Tuve que concentrarme en los detalles de la fiesta para poder ignorar lo que insistía en volver. Después de la conmovedora ceremonia, Ermilio y su nueva esposa, una mujer que parecía de menos de veinte años, con piel oliva, cabello n***o lacio y, al menos lo que dejaba ver su pomposo vestido blanco, con un cuerpo ni delgado ni obeso, recorrieron las mesas para saludar y compartir un rato con sus invitados. Mi amigo sonreía sin tapujos y por ratos lo observaba para comprobar si se trataba

