A excepción del ligero temblor de mis piernas por el hielo, mi cuerpo permaneció inmóvi. Mi respiración también se contuvo mientras que en mi mente sucedían miles de pensamientos al mismo tiempo. El primero, el que aparentemente no estaba tan de lado como me quise hacer creer, era Andrew. Para ese momento, lo único que sonaba lógico en mi cabeza era que, por supuesto, estaba intentando defender a Matthew, perfectamente normal considerando que es su mejor amigo. Pero no esperé que quisiera hacerlo al punto de llegar a mentir por él, pues esto es lo único que de verdad tendría sentido. El día que Matthew se marchó, yo fui a su casa antes del mediodía, teníamos la costumbre de tener un desayuno/almuerzo a esa hora todos los sábados. De haber querido despedirse en persona o con una carta, ese

