34. El preservativo de miles de dólares. Dulce. —No sé qué decir, es una joya familiar —le digo. —Que ahora te pertenece, como te pertenece mi corazón —acota con una sonrisa romántica y llena de sinceridad. —Harás que me ponga a llorar... —le confieso de corazón, y James me besa dulcemente en los labios. —Tengo que ir al baño —le digo rompiendo ese momento magico. —Ve tranquila, no me iré a ninguna parte. —Eso espero, guapo —le sonrío tontamente, y me dirijo desnuda y con un fuerte olor a su semen en mi cuerpo. Me relajo en el retrete y de repente escucho mi celular viejo sonando. Ese puede ser Owen Crane, mi maldito jefe... No puedo dejar que James lo sepa. Me incorporo de una y me aseo a la rápida. Tengo que ir por mi celular. Salgo y voy directamente hacia mi bolsón. Saco el ce

