5. ¿Dónde están mis llaves?

2662 Words
5. ¿Dónde están mis llaves? Dulce. Subo al ascensor, aun con las piernas temblorosas y el corazón en la garganta, no puedo creer que estuve a punto de sacarme la blusa solo porque él lo haya ordenado, claro que no lo iba a hacer, confíe en las palabras de la mujer que me dijo que hiciera lo que me pidiera, por suerte, Owen Crane no es un pervertido, me ha detenido a tiempo, ha dicho que era una prueba, y ahora tengo en mis manos dos contratos firmados dentro de en un elegante folder de cuero oscuro: uno que me asegura un sueldo mensual de seis cifras por tres meses como me prometió el casanova lividinoso, y el otro es el de confidencialidad en la que me comprometo a no hablar jamás de nada de lo que vea, escuche y suceda mientras esté ejerciendo el trabajo de asistente para él, para el señor Owen Crane, del que por cierto no tengo ni la remota idea de quien es y a lo que se dedica. Tengo también esta tarjeta oscura en la mano derecha, y bien podría hacerme a la loca y reventarlo y luego huir.... naaa, no podría aunque quisiera hacerlo, jamás me he quedado con el dinero ajeno y no pienso hacerlo nunca. Con todo lo que ha pasado no me he dado cuenta que me he comprometido a un trabajo de turno completo. Eso deja de lado mi trabajo en la estética, y eso quiere decir que no veré por tres meses a mis amigas Yola, a Charito, bueno, siempre podré verlas en mis horas libres pero no será como verlas a diario, pero si en estos tres meses consigo salir del pantano en el que me encuentro habrá valido la pena. Hago un resoplido que llama la atención del botones, que no estaba cuando llegué. El ascensor se abre y me quedo en el hall. No puedo creer que desde mañana voy a caminar a diario por este ambiente elegante. Guardo el folder de cuero en mi bolsón. Camino hacia la puerta con la tarjeta en mis manos, lo aprieto tanto que me lastimo los dedos. Las personas al pasar no reparan en mi, eso es bueno, así no ven que aún me tiemblan las piernas. Las puertas de cristal se abren ante mi cercanía. Salgo a la calle. Miro la tarjeta de crédito vip, con letras doradas que dice "exclusive O.C. Company" es para comprar ropa elegante, eso ha querido decir... Owen Crane. Bien, no es que esté mal vestida, es que mi nuevo jefe es exigente, naa, sí es un pelmazo, no puedo con mi carácter aunque trate de tomarlo bien me ha ofendido. Aunque sé que es un poquitín tarde para que haga rabietas... Estoy emocionada y aún nerviosa. Quiero darle la buena noticia a mi hada padrino, o como él diría, mi genio de la lámpara, James Gerald, el casanova libidinoso. Saco el celular y le marco. Suena unas dos veces antes de que me conteste. Creo que le he llamado en un pésimo momento, de su lado escucho todas clases de voces, femeninas, y no entiendo por qué carajos eso me pone de malas. —¿Dulce? —me dice, cómo se ve que se ha estado divirtiendo, seguramente ha estado seduciendo a todas las que puede... Me enfoco en mis asuntos. —¡Lo he conseguido! Desde mañana comienzo a trabajar con Owen Crane. —Bien hecho. Oye, Dulce, te llamo luego, ¿sí? Gruño por dentro. —Claro... —le digo—. Tengo que comprarme ropa y estaré ocupada... Pero el casanova me ha colgado sin antes despedirse. ¡Qué cara dura! Pero no voy a dejar que me amargue este momento. ¿Qué hora es? Van a ser las once de la mañana, mierda, ahora mismo debería estar en camino a la estética. Saco mi celular, abro la aplicación de Uber y pido uno. Tengo que ir a darles la noticia a mis amigas en persona. Y mientras espero a que llegue mi Uber, veo entrar a varias mujeres que bien podrían ser miss universo. Me pregunto a qué se dedicará el señor Owen Crane. Pero tal vez no van a verlo precisamente a él, ¡cuánta gente trabajará en este edificio! El taxi me deja a dos cuadras del Blonde'Hair ya que la calle está colmada de coches. Ni bien entro veo que no han llegado clientes. En recepción Yola y Charito charlan. —Hola chicas —saludo a ambas con dos besos en las mejillas. Charito tiene el mandil puesto, eso quiere decir que va a suplir a alguien, y ahora quién se hará cargo de mis clientes? —Ya llegó de la que hablábamos —suelta con una sonrisa de oreja a oreja. —La hermana de un amigo se tuvo que mudar a última hora y dejó su puesto en el Tacos Bell, que queda en Lexington ave, sabemos que te viene bien, amiguis —me dice de una Yola, que no sabe guardarse nada. —Ya no es necesario, chicas... Ambas con cara de "¿y qué pasó ahora?" Se me queda viendo, esperando que les de una explicación. —Hoy me tomaré la tarde. —Ugh eres la tercera en este día -se queja Charito- ¿Qué sucede? ¿Es que nos estamos perdiendo de algo? —suelta algo consternada. —Solo es casualidad... —le digo. Ahora se relaja y dice: —Bien, porque mañana habrá muchos clientes y nosotras no abasteceremos. No faltan manos. Recuerda que estamos en época alta. Ay, carajo, y que yo falte lo empeorará todo. —En realidad... —trago saliva, estoy entre el llanto y la alegría, la idea de que dejaré de trabajar en el Blonde's Hair por unos meses me pone en parte triste, la estética se ha vuelto en mi segunda casa y me cuesta darles la noticia a ellas que son como mis hermanas—... En realidad he conseguido un trabajo de tiempo completo -listo. Ya lo saqué de mi boca. Ambas tardan unos segundos en procesarlo. —¡No me digas! ¿Dónde cariño? —Charito se adelanta a Yola, y eso es nuevo para mí. —No tiene nada que ver con la peluquería, será sólo por tres meses nada más. —¿Dónde trabajarás? —Yola, es la que pregunta, esta vez. Okay, no puedo revelarlo, lo dice el contrato que he firmado hace como dos horas, rápido cabeza, piensa... —En una fábrica de embutidos, en... en Nueva York, sí allí. —salgo del paso. —¿Y el sueldo es mejor del que ganas aquí? —Yola no suena convencida. —Sí, tres veces —le respondo, en realidad ganaré mucho más de lo que las tres juntas ganamos en tres meses, pero a ella sigue sin gustarle la idea, aún así trata de no ser aguafiestas, y la verdad es que se lo agradezco. —¡Amiguis qué buena suerte! —Charito me abraza contenta por mí. Yola me abraza luego, pero su abrazo dura mucho más. —Te quiero, amiguis... —me dice mientras me da besos en las mejillas y yo se las devuelvo. —Yo también te quiero. —Supongo que no veremos en tus días libres, ¿me equivoco? -me dice desconfiada. —Para nada. Vendré a verlas, ¡se los juro! Me abrazan contentas por mí y por la buena suerte que tengo al conseguir un buen trabajo. —¡Tienes que contarnos todo! —Sabes que aquí siempre tendrás un lugar para ti. Tenemos que festejarlo. No puedes negarte. No puedo negarme. Entran unas clientes asiduas y como están con ausencias en el personal deben ocuparse ellas. —En el Stone's a las nueve, ¿les parece? -les digo para no quitarles más tiempo. —¿No nos dejarás plantadas? —¡Para nada! Me despido de ellas y se van a trabajar. Estarán ocupadas toda la tarde y yo debo ir a hacer compras, no tengo la menor por dónde empezar. Tengo que llamar a Claudin, una buena amiga que sabe de moda, peeeero... es la hermana de mi maldito ex, y debo ser cuidadosa porque lo que salga de mi boca irá directo a los oídos del imbécil de mierda de su hermano. Ajjj, sé que no debería pero me urge su ayuda... Claudin contesta: —¿Dulce? ¡Jamás pensé que volvería a escuchar tu voz! —¿Podemos vernos? —Estoy con licencia médica, me lesioné el brazo y tengo la semana libre. —Ufff, me preguntaba si puedes ayudarme con algo. Necesito tus conocimientos de moda. —¿Te casarás? —¡No! Claro que no, nunca lo haré... —¿por qué pregunta eso? —Lo digo porque mi especialidad son las novias, ¿lo sabes no? Ah, claro... respiro hondo, debo relajarme. —Ehmmm, no soy ni seré una novia, pero tu eres la única persona que conozco que tiene conocimientos de moda... —Explícate. Respiro hondo y a pesar de eso estoy nerviosa. —Claudin. Necesito una asesora de imagen y es para hoy... ¿podrías ayudarme? —le dejo saber mi urgencia. —Oh. Claro. Cuéntame. -¿Podría ser sin hacer preguntas? -Sin preguntas, entonces. ¿Dónde nos vemos? —Dime tú. .... Tras cuatro horas exhaustivas recorriendo negocios especializados de moda, al fin tengo varios trajes ejecutivos que me hacen lucir como una mujer de negocios. ¡No me reconozco ni yo misma! —¡Luces monísima con esos trajes! Tom se perdió un bombón—Claudin comenta, y ya saca a relucir el nombre del idiota de mi ex—. Okay, ya no lo mencionaré —se disculpa. Reimos al recordar nuestras andanzas, de cuando solo eramos amigas y no estaba su maldito hermano de por medio. —¿Recuerdas cuando te serví de conejillo de indias y me dejaste un agujero en la nuca? -ríe al recordarlo. Le dejé pelada la nuca. —¿Cómo olvidarlo? Nadie en el instituto tenía fé en mí, nadie creía de que algún día iba a lograr ser estilista. —Eso es lo que me gusta de tí. Siempre consigues todo lo que te propones. —Nada es fácil, jamás lo es -le digo. —Te extraño tanto, Dulce... llegué a pensar que jamás te volvería a ver. —Oye no vayas a pensar que solo cuando te necesito te busco, no quiero que suene a excusa, sabes que no puedo llamarte tanto como quisiera. —Lo sé, no necesitas darme explicaciones, sé que todo es culpa de mi hermano, lo sé, y también tengo yo parte de esa culpa. —¿Tú por qué? —Fui yo la que te lo metí por los ojos... y ese holgazán no te valoró como lo merecías. —Tranquila, ya lo he superado -y me ha costado horrores, meses de llanto y desesperación, pero Tom es historia pasada. —Pero él no te olvida. Ha cambiado mucho desde que lo dejaste... dije que no iba a mencionarlo más y lo sigo haciendo, solo discúlpame por favor. Asiento con la cabeza, estoy en modo "pasar por alto todo lo que diga de el imbécil de Tom" No me afecta, no tiene por qué hacerlo... Luego de comer en el Burguer King, pido un Uber y la dejo en su casa. A eso de las ocho de la noche, el Uber me deja en la puerta de mi casa. Usar libremente esta tarjeta me hace sentir relajada. Pago por los dos viajes y le doy hasta una generosa propina al conductor... me siento generosa. Qué fácil resulta gastar dinero y más si te viene del cielo. Tengo como mínimo diez bolsas de compra, además de mi bolsón, debajo de todas. Las dejo en el suelo de la calle, y busco la llave de casa. No esta en ningún bolsillo de mi bolsón. Me desespero, vacío todo mi bolsón en el suelo y nada. Mierda, mierda... ¿qué haré? ¿Llamar a un cerrajero? Pero a esta hora es imposible conseguir uno y no conozco a nadie que sea de confianza. Si llamo a un desconocido capaz termine robándome o qué se yo. ¡Mierda! He quedado con mis amigas en el Stone's pero no puedo aparecerme con un montón de bolsas de compras, me harían cientos de preguntas, y tampoco quiero dejarlas plantadas... Mierda, mierda, entro en colapso mental... ¡No puedo hacer nada! Piensa, piensa... Sí, sí puedo hacer algo. Tomo mi celular que para variar tiene poca batería. Llamo a James. Tal vez se me han caído en su coche, sí, debe ser eso. Suena y James no contesta. ¡Vamos, casanova, contesta! Los segundos pasan, y estoy cada vez más ansiosa. Y al fin se digna en contestarme, seguramente le interrumpí, quizás está en una cita, yo qué sé. —¿Sí? —Ehmm... mis llaves... En tu coche, búscalas... —le digo de una. —Deja que me fije... No. No están aquí —me responde con toda calma, de lo más pancho. —Que sí, solo búscalas por favor —pero yo estoy que me arranco los pelos de los nervios, y pasan unos´eternos segundos antes de que diga algo: —No están aquí, y estoy seguro que nadie pudo tomarlas... —suena convencido. Mis nervios... —Estoy en la puerta de mi casa y no puedo entrar. ¡Me muero! —Tardaré diez minutos en llegar. —No iré a ningún lado —aunque quisiera no puedo con estas bolsas, estoy histérica y al borde del llanto. Tengo que calmarme, sé que tengo que hacerlo... ¿Cómo era el método del casanova libidinoso? Cerrar los ojos... Respirar profundamente... Me ayuda un poco... Me apoyo en la pared y espero a que llegue. Un perro ladra a lo lejos, mientras las motos ronronean al pasar. Una pareja de enamorados, con los ojos brillosos pasa tomados de la mano. Miro para otro lado pues me da un no sé qué ver tanta demostración de afecto. El coche de James baja poco a poco la velocidad hasta detenerse justo frente a mí. —Abre la puerta —le digo y él lo hace—. Estoy segura que se me cayeron aquí —me pongo a buscarlas por todo el suelo de su coche, ante su mirada paciente. —No están —me dice y se baja de su coche, toma las bolsas que he dejado en el suelo para ponerme a buscar mis llaves y las mete en el maletero. —¿No pensarás que...? -me llevarás a un hotel... quiero decir pero me interrumpe. —¿Tienes una mejor idea? —Sí, que consigas abrirla o que rompas la puerta de una. —¿Y luego qué? —me dice—. Sube. Pero que me lleve a un motel de paso es para dar por perdido todos estos trajes costosos, y si pasara eso, mañana ¿cómo me presentaría ante mi nuevo jefe: Owen Crane? Rápido, piensa... —Tengo que verme con mis amigas en el Stone's, el bar del otro día, donde, prácticamente nos conocimos... He quedado a verme con ellas en... prácticamente media hora, ¿seria posible que te llevaras mis cosas por unas horas y que me dejes aquí? Se supone que festejaré con mis amigas por mi nuevo empleo... Les dije que trabajaría en Nueva York. —Oh, bueno... en todo caso te dejo en la puerta del bar y luego te busco... Si te parece bien. Asiento con la cabeza. —Dame una llamada para que te busque —me dice. —Claro —le digo y bajo de su coche —. Te debo una, casanova —le digo de corazón. Ha venido hasta aquí cuando le he llamado. —¿Casanova? —Así te llamo yo —le guiño un ojo, toda coqueta y entro al Stone's.
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