4. La entrevista de trabajo.

3383 Words
4. La entrevista de trabajo. Dulce. Estoy perpleja. Dejo a un lado el emoji que me ha dibujado el casanova. Para olvidarme de él y de lo que ha pasado anoche me voy a dar una ducha. Voy directo al baño, abro la canilla de agua y dejo que caiga hasta que se temple el agua, mientras tanto, voy a la sala, saco mi celular de mi bolsón y con el diez porciento de la batería pongo de Sia, Cheap Thrills, una canción que siempre me sube el ánimo, y justo ahora es lo que necesito. Los acordes me hacen mover el cuerpo, a ritmo de la música me saco la remera, que es lo único que llevo puesto. Y canto mal pero en este momento eso no importa: "Come on, come on, turn the radio on It's Friday night, and it won't be long Gotta do my hair, put my make—up on It's Friday night, and it won't be long..." Es cuando me doy cuenta que no estoy sola. —Buenos días, bailarina. James, ese casanova libidinoso está sentado en el sofá, y todo este tiempo ha estado viéndome. Estoy completamente desnuda y haciendo el ridículo en frente a él. —¿Qué haces aquí? —salto para atrás. —¿Bromeas? —para entonces ya ha visto todas mis carnecitas agitándose al ritmo de Cheap Thrills, que sigue tocando pues le puse a repetir. —Me pediste que me quedara hasta que te despertaras —acota, con esos labios sensuales que quieren decirme algo pero se mantiene callado, y más le vale que no diga nada al respecto de lo que acaba de ver. Pero no es cierto... ¿O sí? Recapitulo... Tuvimos sexo, y luego... me dio sed... siempre me dá sed. Mis ojos van a parar a la botella vacía de whisky que había comprado hace tiempo para el cumpleaños de mi amiga Yola que será dentro de... dos semanas, ay, carajo... Me veo abriendo la botella con torpeza y lavando dos vasos rapidamente para beber. Sí, dos vasos, ahí están... Mierda, ¿por qué hago este tipo de cosas? Cierro los ojos unos segundos para controlar la verguenza que me estoy dando a mí misma. —Bueno, ya cumpliste, ahora vete, por favor —le digo, y me cubro, aunque un poco tarde, mis dos tetas, pero ahora su vista va a parar a mi raja, cuando me doy cuenta, llevo una mano a esa parte de mi cuerpo para cubrirla. —Eres dulce —me dice con esa voz hipnótica que amenaza por romper mis barreras de protección y antes de que pueda decirle alguna de mis torpezas, se me adelanta: —Te tengo buenas noticias, Dulce —me dice—. Pero antes ve a darte un baño. No pretendía interrumpirte. —¿Cómo sabes que estaba por bañarme? —Por el agua de la ducha... y por que te desnudaste... —Oh... —ahora me siento una boba—. Mejor dime de lo que se trata. James niega con la cabeza. —Báñate, te estaré esperando —me dice resuelto, y sé que no va a cambiar de opinión. —Bueno, ya qué. —¿Si continúas bailando? —me sugiere y no entiendo si lo dice con sarcasmo, así que me doy la vuelta y le enseño mis colmillos, literalmente. Entro al baño y veo que la ducha está por inundarse, olvidé destaparla y ahora tendré que ocuparme de eso, antes de poder darme una ducha en paz. Mierda, dos veces mierda. Busco el destapa caño, y los guantes, me los pongo y luego me inclino, tengo el culo arriba y desnudo, con los fluídos de la noche anterior, me pongo a darle y darle al caño con el destapa caño, hasta que una masa de pelos oscuros salen a flote. Qué asco. es mi pelo, pero igual, no da gusto ver esto. Luego de limpiar el azulejo de la ducha, me saco los guantes, y me meto de una. Dejo que el agua caiga sobre mi manto de pelo oscuro y rizado, y me cubre la cara, el agua recorre todo mi cuerpo, incluso en los recónditos más secretos de mi culo. Tomo la esponja y con un poco de jabón me repaso los hombros, el cuello, bajo por mis tetas, mi panza... La música llega a mis oídos, y me pone contenta... Me muevo al ritmo, mientras canto el estribillo... "Baby, I don't need dollar bills to have fun tonight I love cheap thrills Baby, I don't need dollar bills to have fun tonight I love cheap thrills" Abro los ojos y descubro que James ha estado mirándome desde la puerta, me lleno de furia e indignación y le lanzo la esponja con la que me repasaba el cuerpo, él esquiva hábilmente mi ataque, y por suerte suya, no vuelve a entrar. Me termino de bañar rápidamente. Apago el agua, me pongo la bata de baño, envuelvo mi pelo con una toalla y sandalias y salgo. Esta vez me las va a pagar. Salgo a la sala hecha una furia, pero no lo veo por ningún lado, hasta que siento un dedo sobre mi hombro. Está detrás de mí, me doy la vuelta y lo tengo a centímetros. —He puesto tu celular a cargar. No me mates, por favor —tiene una sonrisa que no puede evitar por nada, y se ve tan lindo... ajjjjj —¿Eres fetichista o qué? —Soy lo que deseas que sea, nena—musita casi en mi oído, y me hace sentir una agitación tal que se me corta el aire. —¿Eh? —Te tengo una buena noticia —cambia de tema con tanta facilidad que me hace sospechar que me lo he imaginado todo—. Te he conseguido una oportunidad de trabajo, hablo de uno de verdad. —No sabía que mis trabajos eran de broma. —No te quedes con lo irrelevante... Vístete, ponte lo más sofisticado que tengas. —¿Por qué? —Te llevaré a una entrevista de trabajo con Owen Crane. —¿Quién es Owen Crane? —Un hombre con mucho poder adquisitivo... —¿Y cómo conseguiste una entrevista para mi? —Eso no importa ahora, vístete. Me ha costado un testículo, y tenemos menos de una hora para llegar. Sin muchas expectativas me voy al dormitorio y elijo al azar unos jeans sueltos y una blusa blanca de seda, que potencia mi vestimenta. Tacones altos para no verme tan pequeña y el pelo... No creo que me de tiempo para plancharlo, así que lo dejo suelo y ya. Me coloco un labial rojo y me pongo un poco de sobras doradas, nada extravagante, y ya, creo que estoy bien para librar una entrevista de trabajo de última hora. Ni siquiera sé a qué puesto voy a apuntar, pero aquí estoy. Lista, como siempre. Salgo a la sala y James me mira a detalle. Sus ojos recorren todo mi cuerpo. —Te ves bien, vamos. —Dame un minuto —tomo mi celular y ahora mismo le agradezco que me lo haya hecho cargar, lo meto en mi bolsón y ya. —Vamos —le digo. Al dirigirnos a su coche que ha dejado estacionado justo al frente, comienzan a surgirme un montón de preguntas. —¿Para qué tipo de trabajo es la entrevista? —Asistente personal. Asistente personal, no es mi fuerte, pero no puedo quejarme, sobre todo cuando alguien menos pensado, como James Gerald me ha conseguido una oportunidad de trabajo. Solo espero que no sea una broma pesada. —¿Esto de la entrevista es real? —le pregunto a tiempo de subirme a su carro. —Sí. Me ha costado conseguir la entrevista, así que tienes que lucirte. Suspiro fuerte. —Así que es real. Pero... ¿por qué lo haces? Por qué ayudarme y eso. —Si necesitas un motivo, te lo doy: quiero que me pagues mi camisa Armani, y para eso tienes que poder costearlo. Me lo planteaste cuando me cortaste las patillas. Bien, te escuché. No sé si agradecerle o decirle unas palabrotas. Supongo que ambas. —Si esto resulta bien, te compraré una docena de camisas. James sonríe ante mi promesa. —Eres generosa. Lo recordaré cuando llegue el momento. —¿Pero si resulta mal? —Confío en tus capacidades, lo conseguirás —me mira con fé ciega, y eso ahora empieza a preocuparme, siento la presión de conseguirlo. En el transcurso del recorrido, James me explica cada detalle que debo mencionar a mi posible futuro jefe. —Tienes que mencionar estos aspectos: cuentas con tiempo disponible, eres perfeccionista, y discreta. A Owen le importa demasiado su privacidad, todos los que lo rodean han firmado contratos de confidencialidad para estar cerca de él. Si le convences, tienes que estar dispuesta a ello. —¿Y el sueldo? —Será jugoso. —Estoy nerviosa. —Pues deberías. Es la oportunidad de tu vida, y debes hacerlo bien. Sus palabras no me ayudan pero me hacen entrar en razón. Si es como dice, no puedo perder esta oportunidad. Tengo que dar todo de mi. James estaciona sobre una imponente torre. —¿Es aquí? —Sí —saca una tarjeta oscura de su billetera y me la entrega. —A los de seguridad les enseñas esta tarjeta, no la pierdas, de lo contrario no te dejarán pasar. —Okay... —conforme pasan los segundos me siento mucho más nerviosa. Tomo mi bolsón y bajo, una vez afuera, a punto de entrar me detengo y le pregunto— ¿No vendrás conmigo? —Tengo asuntos que resolver. ¿Puedes acercarte? —me llama con el dedo, yo que estoy tensa y nerviosa a más no poder, me inclino hasta su altura, y me besa en los labios. Estoy a punto de reclamarle, de decirle mil palabrotas pero me pone su dedo en los labios y hace que no lo haga. —Es un beso de buena suerte —se excusa y me guiña un ojo, el casanova libidinoso, con todo esto he olvidado que hemos pasado la noche. Eso me hace enrojecer. —Ahora te ves dulce —musita y cierra la ventanilla. Me ha besado y ahora me falta el aire. Tengo que respirar... Veo su coche alejarse, y me quedo con mi bolsón y su tarjeta en las manos. Veo hacia la entrada, a ese fabuloso rascacielo que tengo al frente. Patitas pa que las quiero. Me encamino a la tal entrevista de trabajo que el casanova libidinoso me ha conseguido, solo espero que me vaya bien. Ni bien doy un paso adentro, unos hombres vestidos de n***o se ponen en el camino, y antes de que puedan decirme nada les enseño la tan mentada tarjeta oscura que el casanova libidinoso me ha dado, y que hasta ahora no se me ha ocurrido la maravillosa idea de leerla hasta que los hombres me ceden el paso como si fuera una reina. —Tengo una entrevista con el señor Owen Crane. ¿Podrían guiarme hasta su... Oficina? —No se preocupe la acompañaré hasta el penthouse del señor Crane —me dice uno de ellos, y le sigo hasta un ascensor de lo más pituco, modernísimo, todo digital, nada de apretar botoncitos analógicos. Los espejos reflejan mi silueta y la del guardia. Me veo asustada. Estoy asustada. Me animo a mi misma, me digo mirando mi reflejo en silencio Vamos, Dulce, saca las garras y lucha por lo que quieres, porque quieres un buen trabajo, ¿o no? El ascensor sube unos treinta pisos, al menos eso es lo que marca el tablero con letras blancas neón. En el piso treinta y cinco se detiene. La puerta se abre y el guardia me mira esperando a que de un paso fuera. Cuando me doy cuenta han pasado al menos dos minutos. —Gracias —le digo mirándole con cara apenada. El hombre me hace una venia al momento de cerrar la puerta. Entro y parece que estoy en otro mundo. Parece que estoy sola en este gigantesco departamento de lujo, pero me equivoco. Una mujer de unos cincuenta aparece de algún lado y al verme no duda en acercarse, se lo agradezco por dentro. —Disculpe... tengo una entrevista con... —Aguarda. El señor Crane aún no se ha despertado. ¿Sabes preparar café tinto? Nomás del instantáneo, pero no voy a aclararlo. —Sí —respondo. —Perfecto. Tinto y sin azucar, así le gusta. Prepárale una taza ni bien lo veas. Nunca pide pero espera que adivines que espera una taza —me dice esto último abriendo los ojos de manera misteriosa, como si me habría revelado un gran secreto de la humanidad, y yo solo atino a asentir de manera robótica. La mujer está por marcharse, por lo que veo, pero se detiene antes y me dice: —Si quieres el empleo, debes cumplir con cada uno de sus pedidos. No importa qué. Dicho esto, toma su abrigo de piel y se marcha posando su mano sobre una pantalla digital en la puerta del ascensor. Me habría gustado hacerle más preguntas o que me diera más tips, pero por lo que veo, el trabajo es solo atender como si fuera un nene pequeño a un hombre sumamente ocupado que no puede encargarse de sus asuntos básicos. Si ese es el caso, puedo ser una buena nana, me río por dentro. Mientras me voy poniendo un poco cómoda, noto que alguien me mira. Me giro y lo veo: Ojos oscuros, pelo corto, oscuro, y rizado, además de somnoliento. Ni se ha dado cuenta que estoy aquí. Lleva solo la parte de abajo de unos pijamas de seda oscura y nada más, por lo que puedo ver a la perfección su espléndido torso bien definido. Owen Crane es un monumento a la virilidad. Se sienta con elegancia y holgadamente en el sofá de cuero oscuro que parece hecho para realzar sus atributos. Trago saliva mientras le observo en silencio. Me acuerdo del café, ¡ay, mierda! me apresuro a prepararle, tinto y sin azucar. Es café de máquina y no sé cómo encenderla.Bueno, son tres botones. Intuyo que será este, claro, el que dice On. La máquina comienza a sonar. Eso me alivia un poco. Un minuto después lleno una taza oscura de aspecto por demás costosa y la lleno a tope como a mí me gusta y se la pongo sobre la mesa donde apoya las manos, mientras revisa su celular. El aroma amaderado me habla de un hombre adulto que sabe lo que tiene y lo que quiere. Al sentir el aroma del café, Owen Crane alza los ojos y por primera vez me mira, desde que ha entrado aquí. —Tú debes ser la chica de la que James me ha hablado tanto. ¿James ha hablado... de mi, con él? Y ahora que lo menciona, me pregunto cómo es que James lo conoce. Se lo preguntaré en cuánto lo vea. —Dulce García. Es un gusto —le digo, es lo primero que se me ocurre decir. Me mira por unos instantes hasta que alza la taza humeante de café y sorbe un poco. —Supongo que sabes quién soy. Acabo de llegar a Los Ángeles, y por el tiempo que me quede, necesito de una asistente que sea sumamente eficaz y que pueda trabajar bajo alta presión. ¿Eres tú la que busco? Asiento con la cabeza. —Tengo experiencia en trabajar bajo presión, no representa ningún obstáculo para mí. —No es mi único requerimiento, necesito que ocupes todo tu tiempo en mis necesidades. Eso quiere decir que si te elijo, dejarías a un lado tu vida social. ¿Tienes familia? ¿hijos? James me ha dicho que preguntaría algo similar, y veo que ha acertado. —Soy soltera y prácticamente no tengo vida social. El tiempo que requiera trabajar para usted, está bien para mí. —Soy exigente y sobre todo sumamente detallista, por eso mismo me gusta elegir en persona a mi personal, suelo ser demasiado demandante algunas veces. ¿Puedes con eso? Claro que puedo con eso y más. No me está diciendo nada fuera de lo normal. Para mí es pan comido. —Puedo con eso —le aseguro. Sorbe un poco más del café y vuelve a mí. —Dejame tu número sobre la mesa. Si veo que eres la indicada te llamaré en persona. Mierda. Eso es como decirme que espere a que llegue Santa Claus, me temo que no va a pasar. Estoy aquí, y sé que tengo que demostrar mis capacidades. No vine en vano. Las buenas oportunidades se dan una vez en la vida y puede que esta sea la mía. —Si usted se decide por mí, le demostraré que dejo mi corazón en todo lo que hago, no sé arrepentirá. Ahora su mirada se posa en mi por unos instantes. Le parezco de lo más común que ha visto hasta ahora, lo puedo ver en su manera de verme. —James me habló de tí, pero no veo a la mujer competente de la que me ha hablado. —Las apariencias engañan la mayoría de las veces —le digo ocultando mi desesperación—. Le invito a ponerme en prueba, podría llevarse una sorpresa. Owen Crane me mira sin muchas expectativas. —Sácate esa horrible blusa —me dice bajando el sonido de su voz. Sin dudarlo comienzo a desabotonarme la blusa, pero si llega a ponerme un solo dedo encima, no sé lo que he de hacer. Mi corazón se acelera. Cuando estoy a punto de sacarme la blusa como me ha pedido, él mismo me detiene. —No necesitas hacerlo. Era una prueba de lo que podría pedirte si te vistes mal en el futuro. Me gusta la perfección y esa blusa aunque tiene su gracia no es de mi agrado. Me quedo con la parte en que dice "en el futuro" e ignoro todo lo demás. —¿Quiere decir que estoy contratada? —Empiezas mañana. —Muchas gracias. —No me lo tienes que agradecer. Nadie dura en este puesto más de un mes. Yo voy a durar todo el tiempo que me haga falta, no hay trabajo con el que no pueda. Owen Crane toma el celular que ha dejado encima la mesa de cristal y hace un llamado. —Envíame un contrato, y una tarjeta Vip —ordena al que está detrás de esa llamada, y sin despedirse cuelga. Un par de minutos después entra una mujer elegante y bien proporcionada, parece una muñeca Barbie, y trae un folder y un birome en las manos. —Buenas tardes —saluda y se la entrega. —Bien. Eso es todo. Puedes retirarte —le dice sin mirarla, y luego de que ella se ha ido, Owen Crane saca el contrato del folder y también una pequeña tarjeta oscura. Owen pone en la mesa el contrato, una tarjeta oscura y el birome que es pesado y parece costoso. —Tómate el tiempo que necesites para leerlo a detalle y si te parece bien, firma —me dice, y luego él se olvida que estoy aquí y bebe un sorbo de cafe y regresa de lleno a su celular. Me siento en el suave sofá de cuero, estoy emocionada, tanto que incluso se me ha olvidado cómo leer. Paso rapidamente por las cientos de clausulas y me parece que todo está bien y firmo ya mismo, no vaya a ser que Owen Crane cambie de opinión. Listo. Ya no puede hacer nada para impedirlo, desde ahora seré su asistente personal. Mi cuerpo entero va a colapsar. Dejo el birome al lado del contrato. —Esa tarjeta es para tus gastos de vestimenta. Corren por mi cuenta. Levanto con las manos temblorosas la tarjeta oscura sobre la mesa. Owen Crane me dice sin sacar los ojos de la pantalla del celular: —Te quiero ver de vuelta mañana a las ocho en punto. Ni un minuto antes ni uno después —su tono de voz ahora es fría y distante, pero eso no merma mi emoción. —Estaré puntual, señor Crane.
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