7. Mi primer día con el misterioso señor Owen Crane.

1754 Words
7. Mi primer día con el misterioso señor Owen Crane. Dulce. Abro los ojos. Una adrenalina extraña recorre por todo mi cuerpo. Hoy es el día. Me incorporo. No estoy en casa, es lo sé, el aroma a lavanda me lo ha recordado al abrir los ojos. Estiro los pies, justo antes de bajarlos y pirar la alfombra, se siente como caminar entre las nubes, y me paro para buscar el baño. La noche anterior ni siquiera tuve tiempo para darle una mirada. Estaba tan cansada, el día de ayer he tenido suerte, y todo se lo debo al casanova libidinoso, que me ha conseguido la entrevista con el señor Owen Crane, eso no lo puedo negar. El baño está recubierto de una loza por demás elegante, la ducha es un cubículo de vidrio por el que una puede ver a su acompañante mientras se baña. Es excitante, pero ahora estoy sola. Entro y abro las canillas de agua fría y caliente para que sea tibia. Mientras el agua me cae por la espalda a mi mente llegan cientos de pensamientos... Al final no se me ocurrió preguntarle al casanova como diablos conoce... Debo buscar en Google quién es mi nuevo jefe... Ya completamente aseada, apago la ducha, abro el cubículo y dejo la ducha. Tomo una bata y me la pongo. Me seco el pelo y luego, en el gabinete encuentro una secadora y todo lo necesario para que pueda peinarme. ¡Perfecto! Me aliso el pelo y me ha quedado brilloso e impecable, el oscuro azabache reluce en mi cabeza. Así podría seducir a mi jefe... que no está nada más, si me pongo a pensar en él en este momento... pensar en él no está mal, nadie se entera, no tengo que dar explicaciones a nadie sobre lo que pasa en mi cabeza... Pero alto, golosa, que no me queda tiempo para asearme de nuevo mis partes íntimas que amenazan con humedecerse por los pensamientos que se me están viniendo a la cabeza. Me toco mi raja para comprobarlo y lo primero que pasa por mi cabeza es el casanova libidinoso y bien dotado, entrándome con su pene grueso y largo, y duro como una piedra ardiente... cómo me gusta pasarla bien con él... esta vez he sido yo la que ha dado el primer paso. Dulce... Tengo que controlarme... Cierro los ojos y respiro hondo, debo calmar mis ganas... mi cuerpo... Ahora ya más calmada salgo del baño. Voy directamente hacia las bolsas con los trajes que compré con ayuda de mi amiga Claudin. Y entonces lo recuerdo... ¡Mi celular! No mierda... no lo puse a cargar... lo busco entre mi bolso pero no está... En la mesa central veo un papel amarillo, es de esos que uno tiene para dejar notas. Es una carita feliz..., y esta vez, a diferencia de la anterior, me ha dejado un mensaje. "He puesto tu celular para cargar cerca del mini bar... No me mates" Suelto un suspiro que saca de una toda la tensión que me ha generado el mal momento... y luego sonrío... Estás en todo, casanova libidinoso. Voy hacia el minibar y lo veo. Más allá un pocillo con bombones me llama la atención, paso de largo olvidándome de mi celular hasta llegar a ellos. —Bien, este es mi desayuno. Chocolates con vodka de relleno, una exquisitez, madre santa y padre santo... me los como, pero cuando veo que ya solo queda uno, decido guardarlo en mi bolsón. Al final me pongo un vestido monócromo oscuro, ceñido a mi cuerpo, Claudin estuvo diciendo que con este vestido podría seducir a quién me plazca, pero ese no es mi objetivo, sino mantener mi trabajo, y agradar a mi jefe para que no termine dandome una patada en el culo y me eche en el primer día. Unas medias de seda color piel, unos tacones altos, estoy lista. Me maquillo un poco; es decir, mi maquillaje es sutil, pero bien elaborado, ahora es que agradezco el curso de maquillista que tomamos con Claudin. Lista. Me veo hermosa, la adrenalina con la que me he despertado me impulsa a ser positiva. Voy hasta mi celular, lo desconecto y lo guardo en mi bolsón. Tomo la llave del penthouse que está en un platillo de oro y me lo llevo. Al medio día, o cuando sea mi hora de comer, pienso llamar al casanova para devolverle. No pienso por nada dejarlo en administración, ya que toda mi ropa costosa se quedará aquí. Suspiro antes de dejar este penthouse divino, quién podría vivir en un lugar como este, siéntese bendecido. El ascensor se abre solo y entro. De inmediato las puertas a mi espaldas se cierran. Esta vez bajo sola, no está el botones, solo yo y nadie más. Se abre y ya estoy en el hall. De día es mucho más exquisito el ambiente. Todo reluce de oro, y no hay nadie más que yo. —Buenos días señorita Dulce, permítame acompañarla hasta su coche. Lo primero que pienso es que se ha equivocado de persona. —Eh, creo que hay una equivocación... —titubeo, algo incómoda por la situación. —El señor Gerald ha ordenado que la lleve uno de nuestros choferes, sígame, por favor. Al principio no me doy cuenta de quién habla... hasta que recuerdo que ese es el apellido del casanova libidinoso: James Gerald, claro que es él, ¿quién más podría ser? seguramente trabaja aquí y por eso me ha traído aquí para que pase la noche. —Okay —le sigo— ¿Y James dónde está? —No tengo esa información, discúlpeme señorita. —¿Él trabaja aquí? —Claro que no —sonríe como si hubiera dicho un chiste, y al ver mi cara de confusión me lo aclara—. El señor James Gerald es el propietario de este hotel, señorita. ¿Es el dueño de todo este castillo de oro? ¡Qué cara dura que es!, y pensar que ha estado acosando con que le pagara su camisa Armani. Llegamos a una elegante limusina. —Buenos días —me saluda el chofer, impecablemente vestido, y me abre la puerta de atrás. —Buenos días —respondo perpleja y entro. Por la ventanilla veo al hombre que se despide de mí con una venia de la cabeza, y yo me despido de él moviendo la mano. Sin que yo le dé las instrucciones la limusina se mueve. —Ehmmm voy al OC... —balbuceo. —OC, company —me dice el chofer demostrando que sabe a dónde voy, y menos mal, porque torpemente no sé la dirección exacta, ni siquiera me sé la calle en la que se encuentra... Saco el celular cargado al cien por ciento y me pongo a buscar en el Google quién diablos es Owen Crane. Solo salen tres resultados: Debajo de una foto de mi nuevo jefe, un poco más joven e igual de sexy, dice: "Owen Crane, heredero y propietario del cincuenta por ciento del imperio de la familia Crane, OC, company multinacional de coches..." La limusina se detiene. El tiempo ha volado y ya estamos en la puerta del monumental rascacielos de OC, company... El chofer desciende de la limusina, y me abre la puerta, tomo mi bolsón y bajo. —Gracias —le digo y sin perder el tiempo como si fuera una carrera me apresuro a entrar. Me conozco de memoria el camino. Un guardia diferente se me acerca. Antes de que pueda decirme algo busco la tarjeta que el casanova libidinoso me ha dado ayer... y luego de revolver todas mis cosas lo encuentro, y triunfante se la enseño. "mira idiota, tengo el maldito pase, hahahaha" Me quedo callada mientras él comprueba y me deja avanzar. Voy hasta el ascensor y subo. Está el botones de ayer, sin que le dijera nada ordena: —Penthouse —y el ascensor sube de una. En los pocos segundos que tengo me doy la vuelta, me miro al espejo, y me descubro que me veo asustada, ignorando ese pequeño y gran detalle, me doy cuenta que me compré ropa pero no un bolsón que haga juego, ahora mi bolsón blanco es lo que llama la atención, y no porque sea hermoso. Ajjjj. ¡qué más da! La puerta del ascensor se abre. El botones me mira, se pregunta por dentro si pienso bajar o no. Bajo. Bien, ya estoy aquí, y no hay nadie más que yo. Estoy sudando. Esa adrenalina con la que he despertado y me ha impulsado a venir lentamente se va desvaneciendo y en su lugar un nerviosismo extremo amenaza con causarme un colapso nervioso. Pánico. No, no, no, no, no me voy a dar el lujo de cometer el grave error de salir corriendo... De repente mi celular comienza a sonar. Es Yola quien me llama con insistencia y en mi torpeza no cosnigo silenciarlo, hasta que al final, con el nerviosismo lo apago de una. La puerta del dormitorio de mi jefe se abre lentamente. Mi corazón va a estallar. O he perturbado su sueño, o me va a mandar a la mierda... una de dos. Café. Tengo que prepararle una taza de café. Voy corriendo hacia la cocina y enciendo la máquina de café. Los segundos pasan lentamente, me asomo para ver si mi nuevo jefe ha salido ya, pero la puerta se ha quedado a medias. Por ese espacio angosto no podría pasar una persona de su complexión. El café está listo. Sirvo una taza, le pongo dos de azucar y se la llevo. —Estoy aquí —me dice, definitivamente lo he despertado. Suelto un suspiro que amenaza por hacer que derrame el café, me dirijo hacia su dormitorio. Abro la puerta y entro. Adentro está en penumbras y sin embargo puedo verle, tiene el torso desnudo, y solo lleva el pantalón del pijama... —Buenos días —saludo algo nerviosa, y la voz me sale como un poco más aguda. Buenos días —me responde. Tiene la voz ronca y está malhumorado como cuando le despiertan a uno. Le dejo la taza de café en el velador, al lado de un cenicero repleto de cenizas. Lo tomo, con la intención de echarlo en el tacho de basura que hay en la cocina. —No te vayas —balbucea con una voz sumamente sensual que me estremece, por suerte me ha pillado de espaldas y no puede ver mi cara. Unos segundos después me doy la vuelta.
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