CAPITULO 5

1255 Words
ALESSANDRO. Todos estamos sentados en la mesa para cenar, pero la única que falta es Camila, don Maximiliano frunce el ceño al ver que falta su hija y lo primero que hace es suspirar he irse hacia las escaleras- ¡CAMILA!- grita, pero no hay respuesta, el hombre voltea su rostro hacia nosotros y fija sus ojos en Felicia- ¡busca a tu sobrina! -Está dormida, creo que no sería correcto despertarla, ella está acostumbrada a dormir largas horas para mantener su piel… -¡ME IMPORTA UN COMINO SI SE PONE ARRUGADA O NO! búscala. -Si le despierto se molestara mu… -Acaso estoy pidiendo tu opinión- la mujer solo rueda los ojos, se levanta y se va hacia la recamara de su sobrina. Tomo un mango y lo muerdo. Paso mi lengua por mis labios por el jugo que bota la fruta. Don Maximiliano vuelve a su lugar de la mesa- un día esa carajita me sacara canas verdes. -Canas ya tienes, pero no me quiero imaginar cómo se pondrá cuando le digas lo de la propuesta- el asiente. -Tiene carácter, me hace recordar a su madre- suspiro, estos días se convertirán en un martirio para todos. Al rato baja la señora Felicia, pero sin Camila- ¿qué paso?- pregunta padre. -No quiso, dijo que n perdería su dieta comiendo cosas grasientas esta noche- coloco los ojos en blanco, que chiquilla para extraña. -Por Dios, que necia es… Alessandri ve a buscarla, si se niega pues tráela a rastras no me importa- exclama, yo lo miro por un buen rato- ¡ANDA HOMBRE QUE COÑO ESPERAS!- asiento, me levanto y subo las escaleras en dos en dos. Cuando llego a la recamara toco dos veces. -Ya te dije tía que no quiero, así que ¡no iré!- no digo nada, vuelvo a tocar, pero esta vez ella abre y lo que veo me hace mirarla sin ningún pudor. ¡Mierda que buena esta!- ¡Y TU POR QUE DEMONIOS ESTAS AQUÍ! -Vengo a buscarte- esta vez sí miro esas bellezas brillosas que tiene como ojos. -¡Creo que te has hecho el bruto hombre! No pienso ir a ninguna par… ha- sin que ella se lo imaginara me inclino un poco llegando a sus torneadas piernas blancas, y la tomo de allí, alzándola, colocándola sobre mis hombros- MALDICION QUE MIERDAS HACES, BAJAME DE UNA VEZ MALDITO CABERNICOLA- ignoro todos sus gritos, su olor me estaba volviendo loco, esa loción dulce, a rosas y vainilla, “DIOS, mis ganas de azotar ese bello culo me tenía al borde” pero no lo haría, seria para ganarme un guantazo de ella, y no quiero eso. No paro bolas a sus gritos innecesarios, y simplemente camino todo el pasillo hasta las escaleras, bajo de ellas muy tranquilo, neutralizando mi cerebro para no perturbarme con sus chillones gritos. -¡Eres un animalote imbécil!- la bajo, ella empieza a golpearme el pecho y yo simplemente me rio por su infantileria- ¡eres un neandertal, un imbécil un animal, cavernícola! eres… -¡YA BASTA! – se sobresalta, retrocede dos pasos y mira a su padre con odio- ¡Siéntate!- manda con voz dura y autoritaria. -No lo hare- responde desafiante. -Claro que si lo harás mocosa impertinente, ahora ¡siéntate!- no lo hace, se cruza de brazo. -¡Oh si no que!- vuelve a desafiarlo, padre me mira. -Búscame el fuete, vamos a ver si no va a obedecer- miro a Camila, que ha perdido el color de su rostro, pero aún sigue en pie. -Crees que con eso hare lo que digas Maximiliano Vidal, podras asotarme si te viene en gana, pero tenlo por seguro que a tan solo sienta el primer golpe por tu mano, el pequeño respeto y admiración que tengo hacia ti se ira por el retrete. -No tolerare tu falta de respeto- ella rie ironica. -Falta de respeto, que me vas hablar ¡tú! De falta de respeto si fuiste el primero en no saber respetar- padre la mira con un rostro neutral, pero se le ve imposible esconder si vergüenza, y pena. -Camila, te lo pido nuevamente por favor, siéntate- ella li mira fijamente y asiente. -No ceno, solo tomare un vaso de jugo y eso es suficiente. Y si me quedo es por qué lo has pedido amablemente- ella se sienta sin más. Suelto un suspiro y también lo hago. Empezamos a comer en un silencio tenso, por un momento creí que padre si le caería a fuetazos pero por lo visto, esa mujer es la debilidad de don Maximiliano Vidal. Esa mujer nos hará la vida de cuadritos a todos nosotros. *** Me levanto a las cuatro de la mañana, el gallo no debe de tardar en cantar, por lo que me apresuro arreglarme para sacar a las vacas de su corral. Me doy una ducha rápida con agua fría y luego me visto con unos vaqueros, botas de cuero y una franela de cuadros, lo que no puede faltar, mi sombre n***o, regalo de padre cuando cumplí 15 años. Salgo de mi recamara sin mirarme una sola vez en el espejo, no tengo tiempo para ser un narcisista ni mucho menos. Cuando salgo, me encuentro a Ruberta una de las sirvientas del rancho. -Buen día señor- la muchacha me hace ojitos, pero yo ni pelotas le paro, desde hace dos años atrás tuve una aventura bastante caliente con la chica, pero solo fue una noche, y desde ese día se ha encaprichado conmigo. -Buen día, ¡ya está el desayuno!- respondo serio, la muchacha sonríe. -Por supuesto Alessito, don Maximiliano lo espera abajo- no digo nada ni siquiera la miro por última vez, solo me encamino hacia la sala del comedor. Pero me sorprendo ver la puerta  entre abierta  de la recamara de Camila. Me pica la curiosidad por ver a la hermosura, por lo que sin pensar, abro la puerta con sumo cuidado, y es donde la veo. La habitación está a oscuras, aun no son las cinco, y mayormente el alba desplegad a las cinco y cuarenta de la mañana. Me adentro a la habitación sin hacer mucho ruido, y me quedo embobado, embaucado por la belleza de esa mujer de ojos claros como el manantial. Trago saliva y relamo mis labios resecos, verla callada, con la respiración leve, y ese cabello largo y n***o como el ébano, esparramado por toda la almohada blanca, la hacía ver mucho más hermosa de lo que es. Un ángel en verdad, un Ángel que me gusta mucho, pero es tan testaruda, necia y egocéntrica que incluso su carácter poco amigable suele opacar su belleza. Plin, plin. El sonido de un teléfono me saca de mi estupor, por lo que mis ojos se van al aparato que se encendió cuando llego un mensaje. Esta junto a su mesilla de noche; miro nuevamente a Camila, pero ella duerme como si no hubiera un mañana, por lo que me acerco y tomo el aparato, lo enciendo y veo que no tiene clave alguna, por lo que le doy clip a su mensajería. -Hola mi amor, como estas, espero que estés bien, he esperado por tu mensaje pero no has respondido- frunzo el ceño, porque no se francés, pero el nombre de la persona que envió el mensaje es un hombre. Frangelo Gabani, un nombre bastante peculiar, miro a Camila, y luego al teléfono. “Sera su novio” no lo sé… y si lo es. Suelto un suspiro, ese sentimiento receloso me alberga al solo imaginarme que un hombre es dueño de esos labios tan hermosos, de ese Ángel de cabellera negra y ojos claros. Lo desee, desee que estuviese equivocado, desee poseerla, tenerla para mí, solo mía, solo yo podría tocarla, besarla acariciarla. Pero tan solo tendría que luchar con ese carácter suyo, doblegarla ante mí, y hacer la mía, solo MÍA. 
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