-Buen día- murmuro flojamente, son las diez de la mañana, y solo me pare porque el estúpido gallo no me dejo seguir durmiendo.
-Buen día señorita, quiere que le prepare algo de comer- niego, me siento en unos de los taburetes de la cocina.
-Solo quiero un vaso de jugo de naranja- la mujer solo me mira curiosa por un momento, pero después quita su mirada y me llena un vaso de jugo de naranja. Lo tomo entre mis manos y bebo un sorbo.
-Señorita, si sigue así, va a desaparecer- murmura la señora, la miro y arqueo una ceja, “y eso que le importa vieja entrometida”.
-Métase en sus asuntos- murmuro enojada- su deber es atender, no opinar ¡entendido!- la mujer no dice nada pero si su mirada se fija en la persona que entro a la cocina.
-Para ser tan hermosa, tiene muy mala educación- ruedo los ojos, tomo mi jugo y me levanto para marcharme a mi recamara. Pero cuando paso por su lado su mano me toma por el brazo. Alzo la mirada para desafiarlo.
-¡Suéltame!...
-No me da la gana- su ceño fruncido, y aquella altura tan impresionante y cautivador. Eso lo hace tan varonil- creo que deberías pedirle perdón por tu grosería a Marta.
-¡Oh si no que!- frunce más el ceño.
-No me provoques, mira que muy bien puedo decirle a padre como tratas a los empleados.
-No te tengo miedo, ni mucho menos a Don Maximiliano- sonríe.
-A pesar de ser una modelo famosa, eres toda una cuaima- arqueo una ceja “me estaba diciendo cuaima, y que demonios es CUAIMA”- sabes que… olvídalo, padre te espera en el despacho- me suelta, sigue su camino por la cocina hasta llegar al refrigerador, saca una manzana y la muerde- ese simple acto lo hace ver tan sexy. Trago fuerte, miro un poco más hasta que decido salir de aquel lugar.
Subo a mi recamara, me doy una ducha, y luego me vestí con un lindo vestido color rosa pastel, que moldea mi cuerpo a la perfección, junto con unos tacones negros de 15 cm de alto. Me maquillo, y acomodo mi cabello, me perfumo y me dispongo a terminar de acomodarme, cuando lo hago decido salir he ir al despacho de padre.
Pero cuando llego no lo consigo allí, voy a salir de la estancia cuando choco con un pecho duro y fornido. Trago saliva cuan aquel olor perfume dulce y canela llegan a mi nariz, por un momento quise acercarme a su cuello y olerlo más de cerca.
Pero tenía que estar dentro de mis cabales, no podía desviarme de la realidad. Esta mañana cuando desperté me llego un mensaje de Frangelo Gabani, CEO de Fashion Gabani. Hemos estado saliendo por nueve meses, incluso podría decir que mis sentimientos hacia el son verdaderos, pero todo esto de regresar a casar me ha mantenido un poco receptiva con él, por lo que no le informe sobre mi ida de Paris.
-Que haces aquí, padre te está esperando afuera del rancho- frunzo el ceño, me alejo de él y me voy encaminando hacia la salida, pero una mano sobre mi brazo me detiene.
-Creo que cuando comencemos a trabajar no sería buena idea que andarás con esos tacones ni mucho menos con esos vestidos finos- lo miro con él entre cejo fruncido.
-¿Trabajar? Y quien te ha dicho a ti que pienso trabajar, yo ni loca ensuciaría mi suave piel de meses de tratamiento para llenarla de lodo y monte- digo con amargura, el me mira expectante, y curioso. Pero a los segundos, una sonrisa aparece en sus labios.
-Veamos si no lo harás- me suelto de su agarre y salgo del despacho. Cuando salgo de la casa veo a mi padre junto a un capataz de la hacienda y una hermosa yegua blanca con manchas marronas. Su cabello lacio posee una estratégica clineja y un moño rosa en la punta de ella. Me sorprendo por lo hermosa que es, y me hace recordar a Belén mi antigua yegua. Desde que llegue no me había acordado de ella hasta ahora. Me acerco más a ellos y carraspeo mi garganta para que sepan que estoy allí.
Ambos hombres se voltean para verme, el capataz me saluda con un asentimiento de cabeza- buen día señorita.
-Para que me llamabas Maximiliano- me cruzo de brazos.
-Cuando será el día en que me llames papá- dice melancólico, suelto un suspiro, lo veo quitarse el sombrero, pasar sus manos por su lacio y corto cabello n***o, que por los años se le han unido las canas.
Relamo mis labios- creo que esa palabra tendrías que ganártela, hace años dejaste de ser mi…
-No lo digas, una cosa es escucharte llamarme por mi nombre y otra es que me digas esas palabras Camila- responde con el ceño fruncido y aquellos ojos inquisitivos y desesperados- te mande a llamar porque quería disculparme contigo, y como recompensa por mi falta te regalo esta yegua- miro al animal por un buen rato hasta que decido volver a colocar mis ojos en el hombre sentado en la silla de rueda.
-No lo recibo, no quiero nada que provenga de ti, ni siquiera un caballo- murmuro con sorna, aun que mis ganas de tocar aquel pura sangre se me hace tan difícil de controlar.
Mi padre me mira dolido- sé que no debí hablarte así, ni mucho menos haberte hecho daño, pero entiéndeme, soy tu padre a pesar de todo, y…- vuelve a pasar sus manos por su rostro cansado- me gustaría que hiciéramos las pases y que hagamos un trato.
Lo miro con extrañeza- ¿qué trato?
-Propongo que te quedes aquí por un año, cuidando la hacienda, administrándola y encargándote de ella mientras me recupero, si en un año todo va bien entonces yo te dejo marchar a la Francia.
-Un año es mucho- murmuro casi en un hilo de voz, y sin ya poder tolerar mis ganas de tocar aquel ser tan hermoso me acerco a él, y acaricio su melena tejida.
-Lo sé, no te pido mucho Camila, solo encargarte de la hacienda. Ordeñar, arrear las vacas y todo lo que se hace aquí, eso es lo único que te pido.
-Odio ensuciarme- respondo con negatividad.
-Antes no te molestabas por eso, que ha cambiado ahora.
-Se te está olvidando que desde hace tiempo deje de ser la niña que mantuviste bajo tu hala Maximiliano.
-Soy consciente de ello, es por eso que hago esto, no quiero que olvides hija mía que vienes de una tierra humilde, con principios y buena gente, eres demasiado joven para que te comportes de una manera tan grosera y egocentrismo. Te estoy dando las opciones, solo deseo que cambies, y si lo haces, entonces yo te dejare ir.
-Y quien me confirma que no te retractaras.
-Soy hombre de palabra- dice, rio con ironía.
-Tan de palabra que faltaste a tus votos matrimoniales con mi madre, crees que no lo sé. Madre era infeliz a tu lado, simplemente la hiciste infeliz con tu falta de respeto y tú falta de moral.
-Camila…
-Acepto tu propuesta, me encargare de la hacienda, aceptare al animal, pero no pretendas hablarme de respeto cuando tu ni siquiera respetaste a mi madre ni cuando estaba viva ni mucho menos bajo tres metro sobre tierra. Me alejo de él, dándome media vuelta, pero antes de poder desaparecer en la casa, el habla.
-Estarás bajos las órdenes de mi hijo Alessandro, él te enseñara y te guiara hacer cada cosa aquí, por lo que ambos trabajaran juntos- me tenso, un extraño cosquilleo se instala en mi vientre, me volteo hecha una furia para mirar a padre con una sonrisa.
-Eso jamás pasara, no pienso trabajar con ese estúpido idiota- grito con rabia, aunque mi cuerpo no opine lo mismo.
¡Esto será una guerra, y tengo miedo de perderla!