CAPITULO 7

1010 Words
Alessandro. Camino hacia padre quien mira el cielo en el porche de la casa. Me siento a su lado y también miro el cielo azulado, pero al fondo más halla se avecina una lluvia segura. Estamos en meses de invierno, pronto vendrá el aguacero y será mucho más difícil todo con tanta agua en el monte. -Que tal te fue con la salvaje- pregunto con burla. Él se ríe. -Sí que es una potra salvaje, aunque diría que esa muchacha tiene más parecido a una cobra, solo ataca cuando quiere, pero le gusta pasearse presumidamente. Sonrió- solo tiene que darle tiempo, ella cambiara- el niega. -Me odia, y tiene razones para hacerlo- murmura casi en un hilo de voz. La melancolía recorre sus fracciones arrugadas, es como si se hiciera cada vez mas viejo, cada vez que piensa en ello. -A mí también me odia, y no disimula su disgusto por mí- me encojo de hombros- no quiero ni pensar en lo que pasara cuando empecemos a trabajar juntos. -Lo que hay entre ustedes dos va mucho más allá del odio, creo que serían muy linda pareja. -Aún sigue insistiendo en que sea algo de su hija- niega. -No insisto, solo pasara, ya lo veras, me dejo de llamar Maximiliano Vidal si no es así- suelto un suspiro pesado. -Dudo mucho que esa mujer se fije en mi- murmuro muy seguro de ello, y menos sabiendo que quizás hay alguien más en su vida. *** Estoy tomándome un guarapo (café recolado) en el porche junto con padre cuando vemos llegar la camioneta. Frunzo el ceño al ver como una chica de cabello rubio se baja de ella. Lleva puesto un muy fino vestido acampanado junto con esas cosas mortales que ellas llaman “tacones”, un enorme sombrero y lentes. Gonzalo baja las maletas de la cabina trasera y comienza a acercarse a nosotros junto con la mujer plástica. Parece una muñeca de esas que juegan las niñas. -¡OH POR DIOS!- grita Camila, que esta parada con una sonrisa histérica en el umbral de la puerta. Frunzo aún más el ceño cuando ella se acerca a la mujer y besa sus mejillas de una manera bastante extraña. Una risa ronca se hace escuchar a mi lado. -¿Tienes idea de quién es esa mujer?- pregunto. -Esa chica es la mejor amiga de Camila halla en la Francia. Felicia me había informado que ella vendría con ellas. Pero que llegaría después ya que la joven es una diseñadora de interiores. -Ah ya, y que viene hacer aquí- él se encoje de hombros. -Viene hacerle compañía a Camila, no sé cuánto tiempo se quedara solo sé que ambas- las señala- podrán esta casa de cabeza- concuerdo con él. Ambas mujeres sonríen y hablan, y hablan, y hablan, Dios no dejan de hablar. De zapatos, de ropa, de la última moda de Gucci y todas esas cosas. *** Estábamos todos sentados en la mesa para cenar, padre y yo solo nos mantuvimos neutrales, mientras las mujeres siguen hablando de la moda y el modelaje. -No, y si hubieras visto Cami, Alba se calló en la pasarela, se le torció el topillo por lo alto que eran sus tacones y callo de bruces- ambas ríen. -Eso le pasa por creída, la última que la vi, casi la agarro por los moños, pero ya me conoces Santi, soy una mujer controlada y primero pienso antes de actuar. Pincho mis huevos- si sobre todo eso- murmuro bajo. -¿Qué dijiste?- levanto la mirada desafiante. Vamos a probar cual controlada eres Camila Vidal. -Que sí, sobre todo eres tan controlada- repito esta vez en voz alta. -Acaso estamos pidiendo tu opinión peón- responde furiosa, sonrió. -Yo opino lo que me dé la gana potra salvaje- ella se levanta de la silla haciéndola caer, se me acerca a mí, y me señala con su dedo índice. Su rostro esta tan cerca que incluso puedo oler su perfume a rosas. -Mira campesino, creo que no te he dado el derecho de tutearme ni mucho menos de ponerme apoditos estúpidos- ese acento hace parecer aún más tierna. -Campesino o no, tengo mucho más modales que tú, princesita de castillo- ella va a cachetearme pero soy más rápido y lo evito. Me levanto y la acero más a mí- vez lo rápido que sales de tus cabales potrilla salvaje, no eres tan controlada ahora muñeca. -Aquí el único que se comporta como un salvaje eres tú, ahora ¡suéltame!- no lo hago, la aferro más a mi cuerpo. -Ustedes terminaran casado, eso lo tengo seguro- Camila me empuja y yo la suelto, ella mira a su padre con rabia. -Primero muerta antes de casarme con un Salvaje como él. -Además ya Cami está comprometida- padre y yo miramos a la mujer- ¡acaso no le has dicho Cami!- miro a Camila, ella solo mira neutral a su padre, quien tiene un rostro serio. Pero ella se da media vuelta después de un rato de silencio y sale de la casa. Yo la sigo enojado, ella no puede ser de nadie, ella solo puede ser mía. La encuentro en el corredor de la entrada, ella está de espalda hacia mí. Me acerco más a ella- así que el tal Frangelo es tu prometido- se tensa, se voltea hacia mí con el ceño fruncido. -¿Cómo sabes su nombre?- no respondo- te has atrevido a revisar mi teléfono, eres peor alimaña de lo que pensé- murmura con sorna- no quiero que te entrometas en mis asuntos, ni mucho menos que te metas en mi camino, tu solo eres un recién llegado con poderíos de patrón. La rabia, los celos me carcomen, he pasado toda mi vida sabiendo de su existencia y ahora que la tengo frente a mí no pienso dejarla escapar, me acerco a ella. Camila retrocede unos pasos pero soy más rápido y la tomo de la cintura nuevamente. Ella no se mueve, solo se queda inmóvil entre mi cuerpo, sus labios entre abiertos sus ojos fijos en los míos. Tomo su barbilla y acerco más ese angelical y gélido rostro al mio. -Tan malditamente salvaje- murmuro con enojo- jodidamente perfecta para mí- ella va a protestar pero sin poder controlar más este fuego ardiente le beso. Beso esos carnosos labios rosados y provocadores.  
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