José separó su boca de mi pezón y me miró a los ojos, creo que no pude disimular la lujuria que me embargaba. Luego miro a mí sexo, yo seguía tirando de mis bragas para apartarlas todo lo posible dejando totalmente expuesto mi sexo con la piernas completamente abiertas. Por fin me la empezó a introducir sin dejar de masajear mi clítoris y mis senos. Aunque me la metía despacio, hacia que todo mi cuerpo sintiese descargas de placer. Fue increíble la sensación, fue metiéndola poco a poco con un suave vaivén, notaba como se iban abriendo mis entrañas, sentía cada centímetro que avanzaba, José no dejaba de mirar como iba introduciéndola en mi interior mientras yo abría mis piernas todo lo posible, apartaba mis bragas para facilitarle la operación y gemía con cada penetración. BEA- Reviéntala,

