Rudá y Rayra dormían uno junto al otro. El teléfono sonó. Rudá contestó medio adormilado, pero sabía quién era. —Tío... ¿Está todo bien? —Está, pero tenemos que estar en la oficina de la boate nueva a las 13:00, y son mediodía. Rudá se sentó en la cama, Rayra dormía desnuda a su lado. —Ya voy, tío. —Bien, chico. Tenían reglas que cumplir, y las seguían a rajatabla, ni siquiera Lua escapaba de sus obligaciones, ella podía negociar con su papá, pero no con el jefe, y con Rudá no sería diferente. Besó la espalda de Rayra. —Necesito ir a trabajar. —Voy a dormir un poco más. Ella gimió —Duerme. No tardaré. Te amo. Ella volvía a dormir —Princesa... ¿no te duele? Si ella estuviera herida no saldría, incluso si recibiera un castigo —Estoy bien, solo tengo sueño. Él se duchó y cor

