Dos semanas después Rayra abrazó a su madre. —¿Por qué papá está de mal humor? —No es asunto tuyo, Rayra. La niña abrió la boca. —No puedo creerlo... Mamá, eres mala, estás castigando a papá, ¿verdad? Helena se estaba untando aceite en el vientre. —Stefan y yo vamos a proteger a papá. —Como si él lo necesitara. —Pero no están peleados, ¿verdad, mamá? —No. Solo necesito algunas informaciones y estoy utilizando las armas que tengo para conseguirlo. —¿Informaciones? —Sí, y no te voy a decir más nada. (..) Estefano estaba en el gimnasio, los soldados lejos de él porque veían su mal humor y sabían que eso era problema. Casi dos semanas sin que ella le permitiera tocarla. Cuando sonó su teléfono, él juró y vio que era uno de los números extraños de Henrique. Subió las escaleras.

