Estefano sostuvo la mirada de Rudá. —Rudá —Tío… él —Escuché, escuché. Estefano sentía ganas de matar al hombre allí mismo, pero sorprendentemente logró razonar. Abrazó a Rudá para evitar que atacara a Estênio allí, porque eso también era lo que él quería. —No aquí. Tenemos que dejar a nuestras chicas en casa y seguras, respira. Si comenzamos aquí, no lo detendremos y les salpicará a ellas. Tu tía y Rayra nos están esperando. Estenio estaba apoyado en la pared, no escuchó, pensaba que el dinero lo pagaba todo. Vio a una joven pareja y quiso aprovechar, ya había hecho acuerdos similares y funcionó, la juventud y belleza de Rayra era tentadora, dulce, sexy y delicada. Rudá y Estefano salieron del baño sin mirar atrás, porque si lo hacían, el azulejo blanco se teñiría de rojo sangre.

