Ya faltaban escasas semanas sólo para la boda cuando Ricardo San Clemente entró a la Mansión buscando a su hermana. Mariana había estado preparándose para la noche, pues tenía una reunión con Carlos y algunos socios del Grupo Empresarial Global San Clemente, donde querían verlos tomarse de las manos, y sonreír como si se amaran mucho. Había visto con anterioridad cómo se comportaban los novios de matrimonios concertados, y nunca vio que tuvieran que fingir tanto. El papel que los comprometía debía tranquilizarlos más que sus actitudes, pero no era así. Al escuchar el grito de Ricardo llamándola, se sorprendió y enfadó a partes iguales. Él no había venido al funeral de su padre, y había desaparecido de nuevo luego de la lectura del testamento. —¿Vas a tener que explicarme eso que an

