La fiesta pasó rápida y sin novedades. Elena, que se había encargado de la recepción en general para permitir que Mariana estuviera tranquila y relajada todo lo posible, se hizo cargo de las personas que habían intentado colarse. —¿Quiénes eran?. Preguntó Carlos con curiosidad. —Nada grave. No los conozco mucho, pero no son malas personas. Tal vez se confundieron y ya que estaban vestidos para la ocasión, los dejé entrar. —¿Es seguro? No quiero problemas. Elena le quitó importancia al asunto—. ¿Dónde está Jordanys? –preguntó. —Ha de estar cerca del trago. Dijo Alberto y Carlos negó. —Dejó la bebida. El otro día fui por botella de alcohol a su casa y no tenía. —¿Qué!. Exclamó Alberto, incrédulo. Sin embargo, miró en derredor. Al no hallar a su amigo, se fue a buscarlo. Elena so

