Capítulo 6

1387 Words
Estuve un rato leyendo y dando vueltas en la cama, no lograba conciliar el sueño, vi el reloj y eran apenas las nueve de la noche, tomé mi celular con la intención de revisar mis r************* , ¡Uff ! olvidé que aquí no tengo señal de internet, estaba haciendo un calor espantoso, abrí la ventana, ni siquiera «Maxi» había venido a hacerme compañía, salí a la terraza y vi un extraño reflejo a lo lejos, sobre el mar, era como la luz de un gran faro, de pronto unos guardias bajaron cuesta abajo a toda la velocidad que el carrito de golf lo permitía, raídamente me vestí con un pants y zapatos deportivos y salí corriendo rumbo a la playa, algo estaba sucediendo así que decidí ir a investigar, tal vez podría ayudar en algo. Cuando al fin llegué a la playa, me sorprendí mucho al ver que los guardias a bordo de las motos acuáticas repelían el ataque de unos hombres a bordo de una lancha que intentaban llegar a la propiedad, uno de los guardias que estaban en tierra me miró e inmediatamente me ordenó regresar a la cabaña. —    ¡Regrese a la cabaña señorita y no salga, tenemos todo bajo control! —    ¿Qué es lo que está pasando? —    Nada de qué preocuparse, sólo son unos vándalos tratando de entrar en la propiedad por pura diversión, ¡Váyase por favor y trate de descansar aquí no pasa nada importante! Me di la vuelta para regresar a mi cabaña cuando los estruendos de un arma de fuego me indicaron que lo que estaba pasando era más grave de lo que decían, de pronto una lanza ardiente entró por mi espalda, haciéndome caer de bruces sobre la arena, el dolor no me dejaba respirar, lo último que escuché fue mi nombre en esa hermosa voz que había soñado antes. Cuando abrí los ojos, estaba caminando sobre nubes de algodón, una extraña luz no me permitía ver que había más allá de mi nariz, me sentía confundida, no sabía en qué extraño lugar me encontraba, pero no tenía miedo, algo en mi interior me decía que no había nada que temer. Un extraño hombre mayor con una larga barba blanca vino a mi encuentro, —    Miriam, hija mía, aun no es tiempo de que estés aquí; debes regresar y cumplir tu destino, anda ve de nuevo al mundo, y conoce el amor — Cuando abrí los ojos, me di cuenta que estaba en el hospital, Lol estaba a mi lado, no sabía cuánto tiempo había pasado. —    ¿Qué me paso? — Pregunté —    Unos delincuentes intentaron entrar a robar a la casa de Maximiliano, se liaron a tiros con los guardias y tú estabas allí de curiosa. — Dijo Lol en tono de regaño. —    ¿Me … dispararon? —    Sí, afortunadamente Maximiliano estaba allí y te trajo inmediatamente al hospital, te tuvo que practicar una cirugía de emergencia para sacar la bala que afortunadamente solo rozó un poco el pulmón derecho, pero no logró perforarlo. —    ¿Maximiliano me opero? —    Y no sólo eso Licenciada, también ha pasado las últimas tres noches pendiente de usted, ha velado su sueño sentado en esa silla cada noche que ha estado inconsciente — contestó una enfermera, mostrándome una silla junto a mi cama, donde se encontraba una bata de médico colgada en el respaldo y un libro que no alcanzaba a ver de que trataba. —    ¿He estado aquí tres noches? —    Así es nena — Contestó Lol — Tu vida realmente estuvo en peligro, pero afortunadamente Max es muy bueno en su profesión. —    Es sin duda el mejor cirujano del país — Dijo la enfermera dejando ver su admiración por Maximiliano, lo cual hizo que se sonrojara. —    Quisiera agradecerle — Le dije a Lol — Ha sido muy amable conmigo, me ha dejado usar su auto, me presta su oficina, me salva la vida y hasta su perro me hace compañía en mi casa, quisiera darle las gracias personalmente. —    Ya habrá tiempo para eso — sonrió Lol — No te preocupes lo importante ahora es que te repongas. Ahora descansa, ya has hablado demasiado, no debes hacer mucho esfuerzo, si maña logras ponerte de pie, te llevaremos a que te repongas en casa, para que no tengas que estar  mas tiempo en este frío hospital. La enfermera colocó en mi solución un sedante, demasiado fuerte porque desperté hasta el siguiente día, me sentía mucho mejor y pude moverme, miré hacia la silla, la bata de médico ya no estaba allí, pero ese maravilloso olor a almizcle aún estaba en el ambiente, seguramente Maximiliano se acababa de ir. Lamenté no haber despertado antes, realmente tenía mucha curiosidad por conocerlo, no había podido ni siquiera verlo en una fotografía y al parecer todas las mujeres del hospital suspiraban sólo con escuchar su nombre y me envidiaban por las atenciones que él tenía conmigo y yo que ni siquiera lo había visto una sola vez. Me trajeron un delicioso y sano desayuno, no parecía comida del hospital, incluso llegué a pensar que Zazil lo había preparado para mí, después una enfermera jovencita acompañada de un camillero vino a ayudarme para darme una ducha. —    Muy bien señorita, si logra ducharse sin marearse podrá irse hoy a casa. —    Me siento muy bien dije, podré hacerlo. Todo salió muy bien y Lol vino a buscarme, me llevaron en una silla de ruedas hasta la ambulancia que me llevaría a casa, yo pensé que era una exageración, ya que yo me sentía bien como para ir en un auto normal, pero parecía que Lol no quería que hiciera el más mínimo esfuerzo. Cuando llegamos a casa, me bajaron de la ambulancia en una camilla, los guardias no permitieron que los paramédicos ingresaran en la propiedad, y ellos mismos me llevaron hasta mi cama, no paraban de pedirme disculpas por no haber podido evitar que me tocara la bala, se sentían culpables, cuando la culpable era yo por no haber contenido mi curiosidad. En cuanto me instalaron en mi cama Zazil y una jovencita que al parecer era su sobrina, me ayudaron a cambiarme de ropa, me quitaron la bata del hospital y me colocaron mi hermoso camisón blanco Alitzel, la sobrina de Zazil, trajo un cepillo y se puso a peinar mi cabello y colocó sobre mi oreja una delicada flor de jazmín, «Itzia» me dijo, después Zazil me dijo que significaba princesa. Me sentí muy bien, todas estas personas que apenas me conocían, me cuidaban como si fuera su tesoro más preciado, parecía que temieran perderme por alguna extraña razón. Lol me preparó uno de sus fabulosos tés, esta vez era uno relajante, para que pudiera dormir sin necesidad de sedante y que no sintiera dolor. Yo llevaba varios días sedada y no había logrado repetir ese maravilloso sueño que tuve antes, tal vez ahora que estaba en casa y sin medicamentos el sueño volvería. Una voz conocida me despertó, era mi amiga la lechuza. —    ¡Despierta! ¡Ven aquí! — me dijo — Él te está esperando. Salí a la terraza y miré hacia el jardín, una hermosa luna llena iluminaba el estanque y allí, en una banca estaba un hombre sentado, ¡Era él!, había vuelto, bajé las escaleras casi corriendo, no me sentía débil, al contrario, me sentía llena de energía, salí al jardín y corrí a su encuentro. Él se puso de pie y en cuanto llegué me tomó en sus brazos como si fuera una niña pequeña, su risa embriagaba mis oídos. —    Estás bien — me dijo — Temí perderte —    Han sido días difíciles, también tuve miedo de no volver a verte. —    No me perderás, estaré aquí, cada noche para ti. Tomó mi rostro con sus manos, sus hermosos ojos castaños me miraron fijamente, mi corazón se detuvo por un instante y mi cuerpo se envolvió en una corriente eléctrica desde el pelo, hasta los pies. Depositó suavemente un beso en mis labios, apenas un roce, pero me hizo sentir como si pudiera tocar el cielo con las manos. Abrí los ojos y el olor a almizcle se sentía en el ambiente, un libro conocido estaba en mi mesita de noche, Maximiliano había estado aquí y se había ido nuevamente antes de que yo despertara. Sentí un poco de vergüenza, ¿Se habrá dado cuenta de que estaba soñando? Espero no haber emitido ningún sonido extraño “Qué pena” pensé y «Maxi» Entró corriendo a saludarme subiéndose a mi cama y lengüeteando mi cara.
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