El sonido de sus pasos se perdió en el aire frío de la noche cuando Alicia salió de la mansión. Se envolvió mejor en su abrigo, disfrutando por un instante el alivio de haber terminado con su trabajo. Había entregado cada documento a Valeria sin errores ni retrasos. No había recibido miradas de desaprobación ni comentarios tajantes, lo que significaba que todo estaba en orden. Ahora, lo único que deseaba era llegar a su apartamento, darse una ducha caliente y dormir. O al menos eso pensó hasta que la sensación llegó de golpe. Un antojo. Dulce. Algo azucarado, suave y empalagoso. Frunció el ceño, extrañada por la intensidad del deseo que la invadió de repente. No era común que se le antojaran cosas con tanta desesperación, pero ahora mismo sentía que necesitaba algo dulce o enloqu

