Alicia pasó el resto de la mañana en una mezcla de inquietud y silencio. Después de la conversación con Leonardo, no había vuelto a mencionar el tema, pero sus palabras seguían resonando en su cabeza como una advertencia imposible de ignorar. Cada vez que pensaba en la posibilidad de estar embarazada, una oleada de ansiedad la recorría de pies a cabeza. Ese no era el plan. Ese no era su mundo. Leonardo había salido al mediodía, vistiéndose con la misma calma calculada de siempre. No le dijo a dónde iba ni cuánto tardaría en volver. Solo la besó en la frente antes de marcharse, con una mirada que parecía estar debatiéndose entre el control y algo más profundo, algo que Alicia no terminaba de entender. —Debo resolver algo —fueron sus únicas palabras antes de cerrar la puerta. Alicia se

