Alicia es lanzada bruscamente contra la silla frente al escritorio, se encoge en su lugar y mantiene la mirada baja, retorciendo la tela de su camisa entre sus dedos. Leonardo coloca con fuerza un vaso de whisky sobre un montón de papeles regados y este se agrieta un poco, ni siquiera lo mira, está impasible pero puede sentir la molestia hasta su lugar. —¿N...necesita algo, Leonardo? —pregunta, mirando sus zapatos evitando a toda costa la mirada de él. Leonardo está de espaldas, con las manos apoyadas en el escritorio. —¿A dónde te llevo ese imbécil? —A...a al jardín. Quiere golpearse a sí misma por haberle contestado tan fácilmente y es que aquel hombre tenía un dominio increíble sobre ella. Alicia no lo permitiría nunca más, aquella debilidad no sería más eso, lo enterraría en

