El frío metal de la Beretta 92FS pesaba en sus manos más de lo que Alicia esperaba. Sus dedos se tensaron alrededor de la empuñadura mientras la sacaba del paquete y la examinaba bajo la tenue luz de su apartamento. Se sentía ajena a esa arma, como si el simple hecho de tocarla la transformara en otra persona. Respiró hondo. Solo un trabajo, solo una bala. Dejó el arma sobre la mesa y se dirigió al armario. Se cambió con rapidez: jeans oscuros, una camiseta negra ajustada y una chaqueta de cuero. Lo último que necesitaba era llamar la atención. Revisó sus llaves, su teléfono y el mensaje que había enviado a Oliver minutos antes. —Te extraño. Estoy en la ciudad. Quiero verte. Él había respondido casi de inmediato. — Dime dónde. Como si nada hubiera cambiado, como si todavía fu

