El coche n***o avanzaba por la carretera desierta, su motor ronroneando suavemente bajo la noche estrellada. Alicia iba en el asiento trasero, con la mirada fija en la ventana, pero sin ver realmente nada. El cadáver de Oliver aún pesaba en su conciencia. No había sido ella quien jaló el gatillo, pero eso no cambiaba nada. Él estaba muerto. Y Amy... Apretó los puños sobre sus rodillas, recordando su última mirada, miedo, desesperación, traición. —Te ves tensa. —La voz de Leonardo la sacó de sus pensamientos. Alicia no respondió, Leonardo suspiró, recostándose en su asiento con una expresión de falsa preocupación. —Hiciste bien en dejarla vivir. Alicia giró la cabeza lentamente hacia él, con el ceño fruncido. —¿Por qué dices eso? Leonardo sonrió con diversión. —Porque signi

