Karla

2650 Words
  Santiago, Chile. Los colores del prejuicio. Karla. La historia de Karla comienza cuando solo era una niña, dibujando siempre una familia feliz, con el príncipe azul que su madre le hablaba todas las noches y con el que le aseguraba, sería una esposa dichosa. Con sus amiguitas del colegio hablaba de esas historias y tan pronto como fue creciendo, esa idea no abandonaba su cabeza. Su hogar era convencional y también muy estricto, al punto de tener reglas que llevaran su vida por un camino de rectitud moral y con valores que no la hicieran flaquear en un momento de debilidad. Efectivamente, cuando se trataba de flaquear, era a fornicar sin tan siquiera casarse. Estas y otras restricciones giraba en torno a esta familia y mas en la crianza de su única hija. Los padres de Karla velaban por su seguridad, bienestar y lo mas importante, la doctrina que se implantaba en casa.  En la adolescencia miraba a los chicos pasar y notaba a sus amigas ir con ellos, pero ella no lo tenía permitido. Sus padres eran muy rectos para ceder a esas escapadas y citas que los chicos a esa edad tenían. Su Karla, no estaría por allí haciendo quien sabe que, no podían existir críticas negativas hacia su hija y menos siendo ella quien las propiciase, así decían. Karla sufría en silencio por todo lo que no tenía permitido hacer y que sus amigos con ciertas libertades hacían y disfrutaban. Muchos de ellos criticaban esa forma tan recta en la cual sus padres la educaban y eso le produjo una incesante curiosidad frente a lo que era bueno y malo. Sintió que sus padres no la dejaban respirar y creyó que no debía ser así. En su interior se escondía un deseo reprimido de aventurarse y ser rebelde una vez en su vida. Terminó la preparatoria y ya elegía universidades a las que asistir. Gozaba de unas excelentes calificaciones y eso le daba el poder de ser ella quien tomara una decisión. De compras un día con su madre, en el centro comercial observó dos chicas tomadas de las manos y mirándose con ternura. Su madre la sorprendió mirando y la regañó muy fuerte prohibiéndole volver a hacerlo. Ella preguntó por qué, y solo escuchó lo que ella denominó por primera vez cómo prejuicio y falta de conocimiento a la modernidad. Con tan solo 17 años, reconocía que el poder del amor no veía de sexo, r**a, color o posición económica. Era amor y ya, pero su madre fue dura, alegando que eran personas sin escrúpulos, sin educación y con el infierno ganado. Habló muy mal también de la transexualidad y todo lo que venía con ello. Intentó convencer a Karla de que eran personas confundidas y con problemas de drogas, alcohol y sentimientos suicidas. Ella por su parte asentía, dejando en su interior el poder de decidir más tarde y con más madurez sobre ello. En las noches, en el calor de su habitación pensaba en vivir sola, tener un perro, tener amigos, salir al cine o leer algún libro con contenido erótico. Algo que rondaba su mente, era el tener acceso a internet ilimitado y sin supervisión, así como también, un celular y algún chat con un chico que le gustase, lloraba por eso cada vez que los sentimientos la arropaban y la hacían ver débil por no poder dar su punto de visto o elegir que querer hacer. De repente, algo llegó a su mente sin previo aviso. Las chicas en el centro comercial. Esa noche, esperó que sus padres se durmieran para ir a la computadora e investigar más de ello. Su curiosidad no tenía límites, deseaba conocer más, pero ya cuando en el buscador colocó 'chicas besándose' la luz de la cocina se encendió y su madre observó de lo que se trataba. A continuación, la tomó por el brazo y la llevó a su dormitorio. Le propinó una paliza, que su padre tuvo que intervenir. A partir de ese momento, rogaba cumplir la mayoría de edad y de esa forma marcharse. La palabra dolor, con prejuicio, le causaba ira y frustración. Desde ese momento, nunca más la tuvo en mente. Su madre no le ofreció disculpas por lo sucedido y todo quedó allí. De haberlo hecho, el rencor habría sido menor, pero ese sentimiento le dio la fuerza que necesitaba para dar por hecho el abandono de su hogar a sus 19 años. Sus padres rogaron para que se quedara, pero una Karla muy decidida, tomó sus pertenencias ya cansada de los atropellos y se marchó. No tenía a nadie más que a ella misma y decidió ir a otra ciudad sin tener comunicación tan seguida con ellos.  Sus padres luego de un tiempo renegaron de ella y alegaron rebeldía excusándose del control que ejercían con su propia hija. Karla se sintió muy mal por mucho tiempo, pero decidió enfocarse en lo que tanto deseaba conseguir. Un trabajo le dio la oportunidad de tener amigos, de tener ese celular deseado incluyendo el chat romántico con un chico llamado Lucas. Se enamoró muchas veces y le rompieron el corazón cada una de ellas, pero aun así, continuaba disfrutando de una vida sin restricciones y no con una familia que no le permitiera ser libre como tanto quería. Cuando faltaba un año para graduarse de la universidad, conoció a Manuel, él con su carisma la enamoró de inmediato y él también cayó rendido a la ternura que ella ofrecía. Karla no era esa chica vanidosa que alardeaba de sus curvas, al contrario, le gustaba mantenerse bajo perfil. Gozaba de una belleza sin igual pero con sencillez y humildad. Muchos chicos caían rendidos pero nunca encontró la estabilidad emocional o el compromiso con el otro como con Manuel. Dos años bastaron para que Karla, sintiera que algo más faltaba en su relación y el fuego que antes había, ya parecía extinguirse. Manuel no lo veía, estaba concentrado en esas pequeñas noches de amor y momentos cálidos, que no se percató que su novia no se sentía cómoda producto de su propia ignorancia. Disfrutó de una relación sana pero monótona y sin nada de emoción. Ya no existían noches para ir al cine, al parque o un simple mensaje por lo linda que se veía. Karla había cambiado, ya no era la misma. No quería pasar por lo mismo de sus padres. En ellos nunca vio un beso o un 'me encantó la cena'. Eran personas que demostraban que el amor eran solo esas cuatro letras y no el sentimiento sublime, el círculo vicioso más peligroso del mundo, la complicidad y la entrega de dos personas. Fue muy triste ver eso durante todo ese tiempo. Una noche, luego de decirle a Manuel que no se verían, comenzó a navegar por la red. f*******: específicamente. Allí encontró publicaciones y noticias que la entretuvieron muchísimo, pero un grupo llamó su atención sin reparo. Un grupo lésbico con un post muy llamativo la hizo recordar aquel momento cuando en el centro comercial, acompañada de su madre, vio a esas dos chicas tomarse de las manos. Cliqueó sobre ese perfil y se adentró a un mundo para el que después de 10 imágenes, no se sintió preparada. Aquel regaño que su madre le propinó, tomó su mente recordándole lo que ella y la sociedad pensaba de las personas con una identidad de género diferente a la heterosexualidad. Intentó salir de allí y cuando lo logró, que cantó victoria, lo hizo antes de tiempo. Un mensaje privado adornaba su bandeja de entrada. Un 'Hola' femenino aceleró su corazón permitiéndole pensar en que nunca un chico había causado ese efecto. Titubeó muchísimo para responder pero la curiosidad y el sentimiento pudieron más y respondió. De forma muy respetuosa, la otra chica la trató y pasaron horas conversando de todo y de nada. Cada cosa que escribía Karla, le gustaba a Emily y viceversa, pero era muy pronto para sentir algo más que un simple click. Cada día, hablaban por la red social y creaban lazos. Una amistad muy fuerte se formó después de seis semanas de conversación, dos citas para un café, tres vídeo llamadas por w******p y suspiros interminables en cada finalización de las mismas. En el transcurso de sus conversaciones, ambas notaban la similitud de sus pensamientos, gustos, intereses y proyectos a futuro que cada una por su lado deseaba realizar. Karla se sentía ensimismada en la forma tan peculiar con que Emily hablaba de sus preferencias y relaciones. Ella no poseía la misma naturalidad. Sin embargo, Emily reconocía la fuerza que Karla había tenido al abandonar el nido y tener una vida marcada por sus propias reglas sin omitir sus sentimientos. Ese 'click' o conexión que todos piensan qué simplemente es una capacidad del ser humano para sufrir, se convertía en algo más poderoso e irrompible que jamás ellas habían sentido. Por otro lado, Manuel demandaba una atención que su novia le ofrecía a alguien más pero que él desconocía totalmente. Los celos de Manuel, llevaron por agotar a Karla y en un momento de estrés, terminó la relación por la cual estuvieron juntos un par de años. Ya había un rostro en el que Karla pensaba antes de dormir y aunque se negaba toda posibilidad y aseguraba que solo era una amistad, no podía con el fuego en su pecho. Sin embargo, Emily, estaba completamente segura de los sentimientos que Karla había despertado en ella, pero esas confesiones sobre su familia convencional, la asustaban un poco. Era evidente que ambas en una tarde de café habían conversado sobre la familia y ese fuerte rechazo que sienten algunas por la homosexualidad y el lesbianismo. Nunca fue directamente para ser abiertas sobre esos posibles sentimientos pero si buscando una manera de saber que sucedería si, por lo menos por parte de Emily. Ella era más abierta sobre el tema debido a que se consideraba lesbiana. Había una diferencia muy grande entre ellas. La familia de Emily la apoyaba al cien con sus gustos y preferencias, mientras que a Karla, el prejuicio, el desdén por los errores y pecados, reinaban en el vocabulario de sus padres. Quienes aun viendo que su hija se había marchado por la represión y el hostigamiento, permitieron que continuara así, causándole más dolor. Una tarde, quedaron en verse cerca de un parque. Emily había decidido confesarle esos sentimientos que aguardan en su corazón y que de solo pensar en ella, revivía su alma. Se había enamorado perdidamente de la chica de sus sueños y estaba dispuesta a confesar todo es que no quería callar más. Ahora bien, Karla llegó temprano y ese tiempo le sirvió para pensar en eso que anoche la había desvelado. Besar a Emily. Reconocía que en su interior había algo pero tenía mucho miedo de ponerle un nombre, así que decidió besarla y así saber qué era lo que realmente sentía. Todo de ella le parecía hermoso. Desde su rostro hasta esos tatuajes que adornaban su blanca piel. Fue difícil para ella darse cuenta de esos sentimientos cuando 25 años adornaban su vida, pero no dejaría escapar esas ganas, esa emoción, ese poder y fuego en su interior, por una sociedad marchita o por lo estricto y convencional. Mientras esperaba, apareció Manuel de la nada, buscando una segunda oportunidad a la que Karla se negó muy rápido y rotundamente. Ella no entendía el porque él continuaba apostando a algo que ya sabía que no estaba nada bien.  Al pasar unos minutos y luego intentar tomarla para que lo mirase, Manuel la besó. Ella intentaba zafarse pero era muy incómodo y fuerte. Emily los vio, y sin más, echó a correr. Se había decepcionado. Karla al verla, comenzó a andar gritándole a Manuel que la dejara en paz. Pronunció el nombre de Emily con más fuerza de la habitual varias veces hasta que por fin se detuvo y lograron verse frente a frente. Un 'te amo' de Emily salió de lo más profundo de su ser y Karla sintió derretir su corazón. Un beso selló ese amor que era necesitado por ambas pero más que nada, la fuerza de una pasión que tomaba forma, forma de mujer. Otras semanas pasaron y aunque ambas eran chicas veinteañeras y sexualmente activas, el temor de Karla no tenía precedentes. Estaban comenzando y aunque ya había conocido mucho de Emily tenía miedo de fallarle por no ser experimentada en el tema. Karla reconocía que en algún momento pasaría y no tenía la fuerza para negarse con eso. Pensaba todo el tiempo en la posibilidad de disfrutar de las suaves manos de su ahora, novia. Muchas noches de películas, se besaban sin parar en el sofá y tocaban sus senos de igual forma. Nunca cruzaban los límites que en conversaciones atrás, pautó Karla y que Emily respetó cada una de las veces, pero la pasión incrementaba y la humedad en la entrepierna de Karla la tenía desorbitada. Una noche en la que el calor recorrió todo su cuerpo y los besos eran mojados, su ropa comenzó a salir deliberadamente de su cuerpo. Deseaba que Emily tocara su cuerpo como muchas noches lo imaginó. Emily preguntó varias veces sobre la seguridad de esas acciones y ella asintió dejándose llevar por las sensaciones de su cuerpo. Era la primera vez que se sentía de esa forma y con una mujer. Y aunque eso último se mantuvo en su mente, Karla quedó desnuda ante a la que ahora es su novia y ama tanto, reconociendo que estaba dispuesta a dejarse llevar por una boca que le propiciaba un deseo incalculable y que ya no podía aguantar.   Gemidos inalcanzables, sudor, entrega, pasión y deseo fueron los protagonistas de esa noche entre la dos. El cuerpo arqueado de Karla recibiendo placer fue el momento más especial de Emily. Ella veía como Karla entrecerraba sus ojos y tomando las manos de Emily, acariciaba su cuerpo con ellas, gimiendo con todas sus fuerzas. Unos pezones erectos demostraban el calor de sus cuerpos. Sus sexos húmedos y rozándose avivaban la pasión que se estaba desbordando entre las dos. Emily podía sentir como su centro quería convulsionar por los movimientos de Karla,  cayendo literalmente exhaustas luego de que el orgasmo las arropara  a ambas,  dejándolas con la respiración entrecortada. La mañana llegó y las dos yacían en esa cama que fue testigo de todo lo que unos besos llenos de fuego, desataron. Emily aún dormía pero Karla despertó y solo observó medio cuerpo desnudo y un rostro que tanto le gustaba. Pensó en todo lo que de ahora en adelante vendría, sintió como su cuerpo había reaccionado al de Emily, recordó muchas situaciones que vivió en su casa por rebelarse y ahora estaba allí, desnuda, amando locamente a Emily y queriéndolo hacer por un tiempo indefinido. Emily por su parte, reconocía que había encontrado ese amor que soñó por mucho tiempo después de pasar por un proceso de toxicidad. Con Karla encontraba esa tranquilidad y no quería perderla.  Entendió que el prejuicio y la sociedad discriminan sintiendo más poder que cualquier otro, pero cada quien es libre de sentir, de pensar, de ser quien desea ser y de disfrutar su vida de manera sana. Allí estaba ella, deleitándose de un amor que la consumía y la hacía sentir libre. No dañaba a nadie por amar a una mujer, solo era quien quería ser. Se identificó como bisexual a partir de allí y no ha existido nadie ahora en el presente, quién pueda agredirla verbalmente por sus acciones sin que responda con seguridad lo bien que se siente con ello. Concluyó que cuando no se le da fuerza a lo que una sociedad opina sin pensar en tu propio amor, tu identidad y tú individualismo, se podrá ser completamente felices y capaces de hacer feliz al resto. El amor es amor. Nadie puede cambiar tu destino.
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