Narra Catherine
Me sentía sentimental, estaba triste, tenía en mi pecho un vacío gigantesco, como si algo me faltara. ¿Por qué me siento así? Un nudo se hacía en mi garganta, mis ojos se nublaban y quería llorar, pero a la vez no podía arruinar mi maquillaje.
Me estaba preparando para salir a cenar con Chris, me miraba en el espejo y trataba de verme bien a pesar de que mi corazón no estaba de ánimos. Tomé suficiente aire y me forcé a mí misma a sonreír fingiendo estar bien.
Esta noche se lo diré, le diré que esperamos un bebé, creo que enfrentándonos a lo que ahora será nuestra nueva realidad, no tendremos más que hacerle frente. Entiendo que lo vea de esa manera, que tienes muchos proyectos y trabajo que necesitan de toda su disponibilidad, pero sé que podemos con esto. Que él haya tenido la iniciativa de salir a cenar y de tener un momento a solas, es el inicio de algo. Creo que la conversación que tuvimos sirvió de algo.
—Estoy en casa —escuché.
Terminé de aplicar el labial y lo esparcí con cuidado por mis labios.
—Ya estoy lista, cariño. Si quieres puedo esperarte mientras que…
Salí del baño acomodando mi cabello, pero por la expresión extrañada que tenía, sabía lo que pasaba.
—¿Esperarme? ¿Para qué? ¿Me olvidé de algo? —cuestiona él mirando el vestido que llevaba puesto.
—Sabía que era muy bueno para ser verdad.
—¿Es el cumpleaños de alguien? ¿es nuestro aniversario?
Negué con mi cabeza y me regresé al baño.
—¿Qué celebramos hoy? Juro que compré un detalle, pero en la floristería me quedaron mal.
—No celebramos nada, era la cena. Solo tendríamos una cena, Chris.
—¡Oh! Cariño, sí, la cena. Perdón, me olvide de eso. Es que tuve una reunión a ultima hora y se me olvidó por completo. Todo el día estuve de un lado para el otro y lo olvidé por completo. Pero si quieres podemos ir mañana ¿sí?
—No, ya no quiero ir a ningún lado.
Empecé a desmaquillarme en frente del espejo, mis ojos estaban rojos, las lágrimas estaban en el borde de mi lagrimal.
—Si quieres puedo pedir algo de comer para compensarlo ¿sí? ¿Qué quieres que pida? ¿Qué quieres comer?
Solté el paño que tenía en mis manos y me giré hacia él para verlo a los ojos.
—Estoy embaraza, Christopher —lo solté sin tanto rodeo.
La cara de él fue de completo asombro, no volvió a pronunciar una sola palabra.
—¿No dirás nada?
—Yo no… ¿estás… estás embarazada?
Me incliné un poco y abrí la gaveta, saqué la prueba y dejé sobre el lavabo.
—Estoy embaraza de Christopher —rectifiqué.
Sabía que su expresión sería de asombro, pero al mismo tiempo, muy dentro de mí, tuve la ilusión de que al menos se mostraría feliz, de que me daría un mensaje de aliento.
—¿Desde cuándo lo sabes? —fue lo que cuestionó.
Sonreí con tristeza y bajé mi cabeza, parece que esto es una mala noticia para él.
La verdad si sentía dentro de mí ser que estaba embarazada, llevo más de un par de días de retraso, pero yo misma me estaba dejando en espera para confirmarlo porque justo esto era lo que temía.
—Hace poco lo supe ¿Acaso no estás feliz?
Él afloja su corbata y se desprende de algunos de sus botones, era como si se empezara a ahogar con su propia ropa.
—Lo estoy, es solo que… Mierd*, esto no lo esperaba.
Chris desliza sus manos por su barba, cada que hace eso es porque algo le preocupe. El hombre sale del baño y se dirige a la habitación. Camina de un lado a otro mostrando su “emoción” por la noticia que le acabo de dar.
—Catherine, no sé si este haya sido el mejor momento para eso. ¿No te estabas cuidando?
—No, dejé de hacerlo hace unos meses.
—Pues no debiste hacerlo sin consultarme.
Esas palabras me hacían sentir culpable, era como si hubiese hecho algo muy grave, incluso más grave que haber matado a alguien. Siendo sincera, creo que él prefiere escuchar eso ultimo antes de saber que espero un bebé.
—Sabes que estoy en mis proyectos de la política, no creo que… Sabes que no era el momento, te lo había dicho. Mierd* ¡Lo sabias!
Su grito me removió, fue lo que faltaba para que aquella lágrima amenazante saliera de mis ojos.
—Creo que necesito salir un rato —es lo último que menciona.
—Christ…
Él sale de la habitación y le da un portazo a la puerta.
Sentí como mi propio cuerpo se descompensó ante esa reacción, ¿de verdad es muy malo para él? ¿de verdad he cometido el peor de los pecados por esto?
Aquella reacción me hizo sentir terrible, tenía dudas de mi misma, de lo había hecho. Me sentía culpable, me sentía como una irresponsable y egoísta con mi propio esposo.
No quería que esto fuera una razón para pelearnos, mi intención era todo lo contrario, yo creí que era lo que nos hacía falta para fortalecer nuestra unión.
Me senté en el borde de la cama y traté de tranquilizarme, pero fue imposible, rompí en un llanto inconsolable, me sentía como una niña pequeña, vulnerable y desprotegida.
Quería esperarlo, debía esperarlo, quizás necesitaba un poco de tiempo para asimilar las cosas y procesarlo. Se dará cuenta que no es tan grave, es solo un bebé.
Me recosté en la cama y de tanto esperarlo, me quedé dormida. No sé cuánto tiempo pasó, pero algo me hizo despertar. Abrí mis ojos y miré a un lado de mí, tanteé el lugar vacío de Christopher.
Me puse de pie y al asomarme al balcón, me di cuenta que el auto de Christopher estaba entrando. Algunas puertas se escucharon, se iba acercando. Miré la hora y eran las tres de la mañana, ¿Dónde estuvo todo este tiempo? Me imaginé que estaba tomando alcohol con algún amigo o conocido, era la única forma de justificar la hora de su regreso.
—Christopher —susurré al verlo entrar.
Me puse de pie y traté de acercarme.
—¿Por qué sigues despierta?
—Te estaba esperando, ¿Dónde estabas?
—Salí un rato.
No sentí el olor del alcohol, pero no sabía sin seguir insistiendo por la actitud que tenía hacia mí.
—Tenemos que hablar —fue todo lo que pude decirle.
Chris no se voltea a verme, lo único que hace es quitarse del todo la corbata y su saco.
—No quiero hablar en este momento, estoy cansado.
—Estaba preocupa, yo... no tenía intención de que…
—Tomaré una ducha, me siento cansado —dice Christopher quitándose una parte de su ropa lanzando el saco y corbata a la cama para luego ir hacia el baño.
—Está bien.
No había mucho por hacer, perdería mi tiempo si sigo insistiendo. Lo último que quiero es tener más problemas con en mi matrimonio. Opté por irme a dormir, así que tomé su ropa para llevarla al cesto de la ropa sucia, pero en el momento que la tomé y la apoyé contra mi pecho, sentí un ligero olor que me obligó a inhalarla de cerca.
Fruncí mi ceño ante ese extraño aroma, un olor a perfume de mujer.
—¿Por qué huele así? —me cuestioné a mí misma.
En ese momento todas mis alarmas se encendieron, comencé a esculcar cada rincón de su saco color gris y lo solté al darme cuenta de lo que había. Tapé mi boca asombrada y di un par de pasos hacia atrás. No lo podía creer, no podía ser posible.
Volví a tomar el saco y rectifiqué lo que vi hace un momento, me negaba a creer lo que tenía ante mis ojos. Era un rastro de labial, se marcaban los labios de una mujer, era una marca precisa, casi que perfecta.
—No puede estar pasando.
La impresión fue tanta que me sentía petrificada, no sabía cómo reaccionar.
—Christopher me…
Sin pensarlo corrí al baño y me dirigí hasta la ducha, me detuve en frente de la puerta cristal y la sujeté con fuerza, en el momento que la deslicé y lo vi desnudo de espaldas a mí, lo confirmé. Mi esposo tenía su espalda completamente arañada.