Narra Catherine
Estuve encerrada en el baño por casi una hora. Miraba la pantalla de la prueba sintiendo emociones diferentes a las que imaginaba que sentiría, creí que mi corazón saltaría de emoción, pero no entiendo por qué se siente de esta manera. Después que tuve este sueño de ser mamá, anhelando lo que ahora estoy viviendo, nunca me había sentido tan cuestionada y un poco arrepentida o quizás depresiva por algo que había querido con tanta intensidad.
—Estoy embarazada —susurré mirándome en el reflejo del espejo.
Mordí mis labios y volví a repetirlo en mi interior, estoy embarazada.
Una sonrisa se fue dibujando y no pude evitar tocar mi vientre.
—Catherine ¿todo bien? —escucho desde afuera del baño.
Me llené de nervios y abrí una de las gavetas del baño y guardé la prueba, no estoy lista para hablarlo con él, no aún.
—Sí, ya voy…
Tragué sonoramente y tiré de la cadena del baño, luego abrí la puerta.
—Llevo casi media hora esperando para usar el baño.
—Creí que ya estabas dormido —respondí pasando por el frente de él.
—No, solo me recosté un rato.
Christopher me observa y sé que sabe que algo pasa, él me conoce como la palma de su mano.
Empecé a preparar mi lado de la cama para acostarme a dormir, solté el nudo de mi bata y la deslicé por mis brazos hasta quedar solo en un pequeño conjunto que compré para mi esposo.
Me acosté en la cama y lo esperé sin cubrir mi cuerpo, hasta acomodé mi cabello y apliqué un poco de labial para darle un toque ligero de color a mis labios.
Cuando la puerta del baño se abre, me emocioné, pero lo vi rodear mi cama sin dirigirme la mirada.
—¿Cómo te fue hoy? No me has contado por qué te llamó tu asistente.
—Cariño, no quiero hablar de trabajo en este momento.
—Oh, está bien.
Christopher se acuesta en su lado de la cama y se acomoda de tal manera que me da la espalda.
—Cariño, me gustaría hablarte de algo.
—Ajá…
Lo miré de reojo y este no se mostró interesado por lo que yo tenía que decir.
—Es que en la entrevista dijiste que… bueno, cuando nos preguntaron si queríamos tener hijos, yo…
—No lleguemos al mismo tema, Catherine, ya lo hablamos una vez.
—Sí, pero fue hace como un año, quiero que hablemos de nuevo. ¿Podrías verme cuando te hablo?
—Carajo, estoy cansado, no tengo tiempo para esas tonterías.
—Christopher, solo te pido unos minutos.
Él se queja y se da la vuelta para observarme.
—Llevamos cuatro años, cariño. Siento que ya es momento de hacer una familia, siento que necesitamos…
—¿Quieres que te compre un perro? ¿un gato? ¿Qué quieres? —cuestiona restándole importancia a lo que yo quisiera—. Si es porque otra vez sientes que te aburres en casa, entonces dile a tu madre que venga a la ciudad a visitarte. ¿por qué no mejor te vas con ella unos meses? De paso compartes con tu abuelo. Mejor dile a Natalie que te acompañe a viajar ¿A dónde quieres ir?
No era la respuesta que esperaba.
—Lo dices como si todo lo que yo quiero fueran caprichos que se pueden olvidar con darme cosas.
—¿No es lo que quieres?
—No, no es lo que quiero. Creo que eso se escucharía mejor si en vez de pedirme llamar a otros, eres tú quien saca al menos un día para estar conmigo. ¿Sabes desde cuando no celebramos una fecha especial? ¿desde cuándo no estamos a solas al menos para tomarnos un café? ¿desde cuándo no me haces el amor?
—Catherine, yo…
—¡Ha pasado un mes desde la última vez que tú y yo estuvimos juntos! ¡Un mes!
—Cariño, estoy demasiado ocupado en este momento y lo sabes. Tengo tanto en mi cabeza que no puedo con nada más, no puedo con una preocupación más. Tú lo ves de esa manera porque estás todo el día en casa, solo tienes que preocuparte por verte bien, por tener ropa linda y ya. Incluso, tú eres quien tiene el tiempo para atender a un bebé, yo no lo tengo. Es mejor que esperemos.
—Es la tercera vez que me dices eso, me haces ver como una desocupada de tiempo completo. ¿Así de inútil soy en tu vida?
—¿Por qué siempre quieres discutir? Estábamos bien, todo estaba bien hasta que mencionas ese tema. ¿por qué siempre haces lo mismo?
Me crucé de brazos y no dije nada.
—Cuando me pediste matrimonio, sabías cual era mi estilo de vida y si hoy por hoy no trabajo, es porque tú así me lo pediste. También tengo una carrera, también estoy capacitada para hacer cualquier cosa. Estuve en las mejores universidades, lo sabes. Fuiste tú quien me pidió estar aquí al pendiente de nuestra casa.
—Porque fue lo que tu abuelo me pidió, ¿Cómo crees que iba a cambiar tu estilo de vida?
Bajé mi cabeza y mordí mis labios.
Soy una Richardson, mi familia es de Seattle, soy nieta de Gabriel Richardson, un reconocido empresario del país; mi abuelo materno es el CEO de una de las constructoras más importantes; por ende, desde que tengo uso de razón, he tenido una vida rodeada de lujos. Esa no fue una razón para no hacer una carrera profesional, soy especialista y fui aplicada en mis estudios, pero no he tenido la necesidad de trabajar. En mis planes estaba quedarme en la compañía con mi abuelo, pero una vez terminé de especializarme me casé y me mudé de ciudad para vivir con mi esposo en New York.
La familia de Christopher y la mía han sido cercanas desde hace mucho y esa cercanía nos llevó a juntarnos con el tiempo y convertirnos en una de las parejas más influyentes. La familia de mi esposo también tiene una constructora y así mismo están involucrados en temas políticos. Ambas familias fueron de suma importancia para que Chris creara su propia firma, y cuando eso era solo un proyecto creí que trabajaríamos de la mano, pero mi apoyo fue desde casa, mi apoyo fue a través de mis contactos y los de mi familia, mi apoyo fue a través de las inversiones financieras que recibió de mi abuelo, mi dinero también estuvo en juego para que él esté donde esté. No solo los Foster hicieron que esto fuera una realidad, no fue solo su familia, la mía también estuvo, yo siempre he estado.
—Entonces yo no he hecho nada porque mi única preocupación ha sido estar en la casa con las piernas alzadas —repetí lo que dijo antes.
—No fue lo que dije, pero tienes que recordar lo que tu abuelo dijo antes de que tú y yo nos casáramos.
El día que Christopher y yo decidimos casarnos, mi abuelo fue claro en algunas cosas, primero que seguiríamos contando con su apoyo y que ayudaría a mi esposo a crear su propia firma, pero a la vez le recalcó mi forma de vida y esperaba que eso no cambiara una vez que saliera debajo de su techo.
—Ya no quiero seguir con la conversación —dije recostándome por completo en la cama y dándole la espalda a Christopher.
—¿Ahora te enojas? Primero sales con esos temitas para que terminemos así.
—Sí, yo tengo la culpa de todo, no tienes que repetirlo.
Tomé la cobija y la presioné contra mi pecho.
—Mi madre quiere que mañana la acompañes para que la ayudes con los preparativos de su aniversario —dice como si nada.
—Pues no creo que pueda, estaré ocupada en la única cosa que me preocupa, verme bien y tener ropa bonita.
Sentí la mano de Chris en mi brazo.
—Catherine, ya por favor. Lamento lo que dije antes, solo olvidemos eso ¿sí? Detesto levantarme con molestias.
—Eso mismo dijiste la otra vez y tuviste el coraje de repetirlo.
—Ya, no pasará. Prometo que te compraré un perro, ¿Cuál quieres? Dime cuales te gustan y mañana lo tendrás.
—¡No quiero un maldito perro! —grité.
—¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Qué sucede?
Mordí mis labios reteniendo eso que solo yo sé.
—Quiero dormir, mejor hablemos mañana.
Al día siguiente me desperté y no le di los buenos días, bajé directo al jardín para tomarme mi café sola, como siempre lo he hecho.
Miraba hacia el horizonte pensando en cómo le diría aquello que apenas había descubierto, ¿desde cuándo se siente así de feo compartir una noticia que se supone debe ser una alegría absoluta para una pareja?
Solté un suspiro y sentí como unas manos se posaron en mis hombros.
—¿Aún sigues molesta? —escucho la voz de Chris.
—No.
—Claro que sí lo estás, en la mañana no me diste los buenos días.
Me levanté de mi lugar y quise volver al interior de la mansión, no quería hablar con él.
—Lamento lo que pasó ayer, no te molestes por eso. Para compensarlo, te invitaré a cenar esta noche ¿Qué dices?
Una sonrisa se fue dibujando en mi rostro.
—¿De verdad?
—Sí, así que ya no estés molestas. Por favor, cuando te reúnas con mi madre no le cuentes lo que pasó, no quiero una de sus cátedras.
—Está bien.
Él me da un abrazo y seguido a eso me da un beso, se sentía tan bien estar en sus brazos, se sentía bien la manera en la que tomaba mi cintura y me presiona contra él. Ha pasado mucho desde que me sostuvo de esta manera, ha pasado mucho desde que él tuvo la iniciativa de tocarme de esta forma.
Rodeé su nuca y lo abracé, lo deseaba tanto que estaba dispuesta a desnudarme aquí sin importar que los empleados estuvieran por ahí. Deslicé mis manos por su cuello y traté de desbrochar los primeros botones de su camisa, pero él sujeta mis manos y evita que lo haga.
—Ya es suficiente —dijo soltando mis labios.
—Cariño, espera… solo unos minutos más.
Chris aleja mis manos de él y da un paso atrás.
—Tengo que irme.
Acomodé mi bata y asentí, no quiero mostrarme insistente, no quiero terminar discutiendo.
Él se va de casa y a los pocos minutos llega la revista a la que fuimos invitados ayer.
—“Son la pareja perfecta” —decía el titular—. Estamos alejados de ser perfectos —susurré y lancé la revista a un lado.