Capítulo 8: Es solo el inicio

1662 Words
Narra Catherine Hace tres años llegamos a Toronto, en este lugar vi mi vientre crecer y sentí las primeras patadas de mi bebé. Aquí llegué con el corazón en dos, con dolor, sufrimiento en mi alma y un odio que me carcomía, pero también, conocí al ser que me ha hecho conservar un poco de amor dentro de un alma que se hace oscura. Victoria nació en medio de pocos lujos, pero si donde abundaba el amor de una madre y una abuela que la aman. Aquí, se ha convertido en nuestra nueva casa, aquí volvimos a hacer una vida muy diferente a la que teníamos. Yo, por mi parte dejé de ser la misma; Catherine, la mujer adorable de cabello rubio que todos vieron como la niña caprichosa, esa dejó de existir. Aquella versión de mí, la dejé sepultada en New York. Me tomé enserio lo del nuevo comienzo, por lo qué, lo primero que hice, fue tinturar mi cabello. El rubio si quedó en el pasado y tengo razones para hacerlo. Cambié las carteras de lujo, los tacones, los autos ultimo modelos, por una vida más simple. —Tengo un pedido para esta tarde, quizás puedas ayudarme. —Sí, dejo a Victoria en su habitación y voy contigo. Me levanté con mi hija en brazos y la llevé a la habitación, al recostarla, acaricio su cabello y dejo un beso en su frente. No me canso de ver lo hermosa que es, su piel clara, su cabello rubio y sus ojos… sus ojos azules son como los de… Aparté mis ojos de ella y volví con mi madre. Mamá ama las flores, razón por la que decidió abrir una pequeña floristería aquí mismo en la casa donde vivimos; admiro el coraje y la valentía que ha tenido para iniciar de cero. Ella me ha apoyado en todos los sentidos, no sé qué hubiese sido de mí sin ella. —Es un arreglo para un chico, creo que quiere sorprender a su novia —dice mi madre cortando unas rosas. —Lo peor es que la muy tonta creerá que es el mejor hombre del mundo porque le regalará unas flores que se pudrirá ante sus ojos. —Catherine, que feo se ha escuchado tu comentario. El amor dejó de existir para mí, tengo una lista larga de razones para creerlo. Mi móvil suena y al ver la notificación de la noticia, tomo mi teléfono y le doy la vuelta. —¿Qué sucede? —Nada, solo noticias. He seguido de cerca la vida de Christopher, en los últimos tres años ha seguido ganando el reconocimiento al mejor CEO, también su compañía ha recibido premios por ser una de las mejores. Para él todo ha ido de viento en popa, a solo seis meses de haber arruinado nuestro matrimonio, anunció públicamente su nueva relación con Isabella Rico de León. Ella actualmente tiene un cargo dentro de su compañía, la presume como si fuera un gran trofeo. La noticia que actualmente se difunde, es el inicio de su maldita campaña política. Lo terminó haciendo el muy hijo de put*. Lo peor, es que, en sus fotografías, no solo aparece su nueva pareja, sino que sus padres también los acompañan. Tanto joderme en caerle bien a mis ex suegros para que al final terminaran recibiendo a la moza con la misma atención que lo hacían conmigo. Estoy segura que ellos también lo sabían. —Se siente bien llegar a un lugar tranquilo —dice mi madre armando el ramo—. En algún momento de mi vida me imaginé haciendo esto, no sé por qué las flores me resultan tan relajantes. Me da mucha paz estar aquí, no necesito más que a mi hija, mi nieta y las flores. ¿no crees que se siente bien haber dejado tantos problemas en el pasado? ¿Soltar esas cargas de nuestros hombros y avanzar a una nueva vida? —Sí, claro. Mi madre no es una mujer de conflictos, pero yo, yo no soy la misma de antes. Yo no olvido así de fácil. Aún tengo la esperanza de volver, no sé cómo, pero no saco esa idea de mi mente. Mi móvil vuelve a sonar, seco un poco mis manos en el delantal y lo tomo. —Es el abogado Turbay —digo extrañada, hace mucho no sé de él. —¿Hola? —Catherine, que gusto me da escucharte, cuanto tiempo. —Señor Turbay, el gusto es mío. Estaba rezando para que no me diera malas noticias, en el pasado las veces que lo vi o me llamó fue para atormentarme. —Catherine, hay una persona interesada en comprar la compañía de tu abuelo. —¿Qué? —Como lo oyes, hay alguien, tenemos un comprador. Eso llegó de sorpresa, luego de tres años, pensé que nunca podría aparecer alguien. —Es el señor Gabriel McKnight, es un empresario reconocido, está interesado en comprar la compañía. —¡Vaya! eso no lo esperaba, Dios… Estaba muy feliz por eso, en esto tiempos ese dinero nos vendría bien. Mi madre me observa sin entender que pasa y hace señas con sus manos para que le diga. —Creo que este es el momento para que ustedes saquen algo de provecho. No cualquiera está dispuesto a comprar una compañía en ese estado y manos con los pleitos legales que tiene. Ese dinero les puede servir para comprar una nueva casa e incluso pensar en un pequeño negocio que les ayude —dice el abogado—. Claro, si estás interesada en vender. —Sí, claro que sí. Cuando me puedo reunir con esa persona. —Mañana a primera hora estaré en Toronto con ustedes, luego te enviaré la dirección del punto de encuentro con el señor McKnight y su abogado. —Gracias, señor Turbay, muchas gracias. Estaba emocionada, sabía que por fin algo bueno debía pasarnos. La mañana siguiente quedé de encontrarme con el abogado y el señor McKnight en un restaurante de la ciudad, estaba muy nerviosa. —Que gusto verte —dice el señor Turbay extendiéndome su mano—. Espero que tu madre esté bien. —Sí, lo está. Mi atuendo no era el más elegante para el lugar, pero tengo aún un par de prendas de mi antiguo closet que me han sacado de apuro. No sé por qué en mi cabeza tenía la imagen de un hombre mayor, creí que aquel empresario sería un hombre de cabellos blancos y piel arrugada, pero no, por el contrario, me encuentro con un hombre bastante joven y elegante. —Ella es Catherine Henderson Richardson. El hombre se la vuelta y me mira de pies a cabeza, tiene ojos claros y cejas espesas lo que le da profundidad a su mirada. —Es un placer conocerte —dice él con una sonrisa. El hombre toma mi mano y la lleva hasta su boca para dejar un beso en ella. —Soy Gabriel McKnihgt. El hombre tiene un tono de voz grave, bastante varonil. Nos sentamos en la mesa que tiene la vista más hermosa de la ciudad, hace mucho no me sentaba en un lugar así. —Pidan lo que quieran, yo los invito —dice el hombre de traje costoso, de joyería fina y reloj de edición limitada. De toda una vida tengo ojo para esto y él tiene mucho dinero. —Estoy interesado en la compañía de tu abuelo, he estado investigando al respecto y creo que es interesante. Tenemos hasta el mismo nombre, Gabriel, no creo que sea una casualidad. —¿Puedo saber por qué? ¿por qué quiere comprar la compañía? Sentí que el señor Turbay me da una ligera patada por debajo de la mesa, sé que no debo preguntar, que solo debo interesarme en que la compre, pero quiero saber; ese lugar es especial. —Quiero entrar a un nuevo mercado, tengo negocios de todo tipo, pero quiero hacer algo diferente; he estado investigando sobre la industria constructora, de bienes raíces y tengo un proyecto en el que he venido trabajando. Que mejor lugar y que mejor referencia que la antigua compañía Richardson. —Oh, entiendo… —Quiero comprar la antigua compañía de su abuelo porque quiero apostarlo todo, Catherine. Soy un hombre bastante ambicioso y me gustan los retos. No estoy tranquilo hasta lograr lo que quiero. —¿Y qué es lo que quiere? —Quiero ser el número uno, quiero que mi nueva compañía, sea la mejor. Soy el mejor en lo que hago o mejor no hago el intento y la segunda opción, no es una opción para mí. Sus palabras me hicieron sentir algo en mi pecho, hasta mis ojos se iluminaron. —Justo como debe ser —respondí devolviendo esa sonrisa. El hombre no solo tiene presencia, tiene una gran visión y, sobre todo, tiene el dinero para hacerlo. —Mi abuelo ha de estar feliz por saber que su compañía llegará a manos de un hombre como usted —dije rozando sutilmente la mano del hombre—. Gracias, señor McKnight. —No tienes que agradecer. El hombre toma mi mano y desde ese momento supe que algo se podía dar. Los abogados estaban en lo suyo, resolviendo todo para la venta de la compañía. Mientras, los ojos del señor Gabriel no se alejaban de mí. Al final de la reunión, todo había quedado resuelto, de ese punto en adelante, el señor Turbay se haría cargo. —Señor McKnight, fue un gusto conocerlo. Es una lástima que deba volver a su ciudad. —Realmente volveré en unos días, la verdad, tengo que resolver algunos asuntos aquí. —¿No se regresa conmigo hoy? —pregunta su abogado. —No, tengo que… tengo que hacer cosas personales. Pero puedes adelantarte. El hombre me da una vez más esa sonrisa y esos pensamientos regresaron a mi cabeza. ¿Es posible que esta sea mi oportunidad? Me preguntaba mientras veía al señor Gabriel.
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