Ezra
Solo faltaba subir las últimas maletas al auto para que pudieran irse, él miró a una Gema muy estresada y no pudo evitar reír.
-Tienes que calmarte- comentó él -no vas a llegar ni a la esquina si sigues cargando ese estrés.
-Vamos a llegar a la estúpida reunión familiar- afirmó su amiga cerrando por fin la maleta -y saldremos de allí victoriosos, te juro que no puedo soportar nada más.
-Podrías decirle la verdad a tu familia y entonces no te sentirías tan mal- dijo él por enésima vez en esos dos días.
-Ya te dije que no- rechazó Gema con irritación -la sinceridad está fuera de los planes, me niego a ser acosada por eso, así que deja de abandonar y sigue los planes.
-No puedo dejar de intentar que seas un poco sincera con tus padres- comentó él -cuando los conocí en sus visitas se veían como personas agradables, no creo que te dejaran de lado en algo como esto.
-Tú no conoces a mi abuelo, Ezra- afirmó ella con simpleza -pero tranquilo, estos días los pasaras muy cerca del viejo, estoy segura. Cuando notes como es su linda personalidad, me darás toda la razón.
-Si es cierto eso que dices, espero que tu abuelo me evite todo el tiempo que estemos con tu familia- ofreció él subiéndose en el asiento del copiloto -tal vez creas que soy un excelente encantador de familias, pero he tenido mis fallos. Sobre todo, con parientes obstinados y anticuados.
-Entonces empieza a rezar, Michi- se burló su amiga al encender el vehículo -porque esas son dos de las palabras con las que se puede describir al abuelo.
Él gimió con fatalismo y esperó a que Gema los condujera lejos del estacionamiento. Pronto el auto se movía por las calles a una velocidad vertiginosa, tal y como solía conducir su amiga. No esperaba tener el mejor de los recibimientos, porque sabía que la familia Cuñat probablemente no recordara su nombre, mucho menos quien era, así que se conformaría con la cordialidad propia de una persona educada hasta que pudiera convencerlos de que no era una mala persona.
Eso podría resultar complicado, sin embargo, porque sabía que Nerea estaría allí. Gema le había confirmado el día anterior que su mejor amiga estaría presente en esas vacaciones y la emoción había llenado su mente, así como la irritación de tener que cumplir aquel alocado plan porque su amiga no tenía a nadie más que aceptara semejantes locuras. Las horas fueron pasando lentamente hasta que Gema se detuvo en una gasolinera en medio de la carretera.
-Necesito azúcar antes de llegar-le dijo su amiga -los nervios van a poder conmigo y ni siquiera estamos tan cerca.
-No puedo creer que estés asustada de tu propia familia- se burló él para sacar esa personalidad confiada y retadora de Gema.
-No estoy asustada de mi familia, idiota- se defendió ella -estoy molesta porque mi propio abuelo quiere obligarme a hacer algo que no quiero.
-Ya, acéptalo- ofreció él con simpleza -si no vas a hacerle frente a tu abuelo será mejor que sigas adelante sin quejas y te apegues al plan. No pasaré todas mis vacaciones escuchándote quejarte.
-Eres un mal amigo- se quejó Gema haciendo pucheros.
-Soy el mejor amigo que existe- se defendió él con intensidad.
Gema sonrió antes de abrazarlo y se adentraron juntos en la tienda típica de las gasolineras. Tomaron golosinas saladas y dulces hasta que estaba seguro que no podrían pagarlo todo, para luego regresar al auto. La música resonaba en los altavoces del auto con fuerza a medida que su amiga apretaba el acelerador, por lo que restaba de camino lo hicieron en menos tiempo del que tenían pensado originalmente.
Estacionaron frente a una inmensa casa decorada con elegancia, los colores claros contrastaban con los tonos marrones de la madera que enmarcaba la fachada. El lugar lucía hermoso y lujoso, no se sorprendía de que Gema siempre fuera tan libre con el dinero, porque se notaba que sus padres eran personas a las que nunca le habían faltado recursos. Notó que nadie salió a recibirlos de inmediato, el lugar parecía bastante muerto, salvo por las ventanas que mostraban la luz del interior.
-Pensé que tus padres estarían emocionados de verte aquí- comentó él sin pensar.
-Lo están- afirmó ella viéndolo con extrañeza -¿por qué creerías que no?
-Nadie salió a recibirnos- afirmó Ezra con obviedad señalando hacia la puerta.
-Oh, eso es porque Julia vendrá a ayudarnos en unos segundos- explicó su amiga con una sonrisa -tranquilo, ya los conocerás.
-¿Quién es Julia?- preguntó él confundido -¿una hermana de la que no tenía conocimiento?
-Es nuestra mucama-afirmó Gema con simpleza -trabaja con nosotros desde que tengo memoria, así que no seas tan duro con ella, tiene cierta edad.
Sus ojos se abrieron sorprendidos y miraron a su amiga impresionados, aunque ella no lo notara. Vio como Gema se acercaba a la maleta para comenzar a sacar sus bolsos de allí, y fue entonces que la puerta principal de aquella casa se abrió para mostrar a una mujer con canas algo gordita, que se dirigía hacia ellos con una sonrisa. Vestía un uniforme típico de color gris, con un extraño delantal que cubría su falda, era algo que solo había visto en las películas.
La mujer abrazó a su amiga con fuerza y luego él fue presentado, la mujer lo abrazó del mismo modo, para comenzar a ayudarlos con las maletas. Llevaron sus cosas hasta la entrada de la casa, él llevando la mayor cantidad de cosas para cumplir con su papel de novio enamorado y caballeroso, dejaron todo en un closet apartado junto a la sala, para que la mucama los dejara solos en medio de aquel lugar.
-Pensé que llevaríamos las maletas hasta la habitación- comentó él viendo que su amiga se dirigía a otro lugar de la casa.
-No es necesario, Ezra- le dijo Gema riendo -en esta casa hay personas para encargarse de eso. Ven, tenemos que encontrarnos con mis padres.
Él siguió a la castaña hasta lo que parecía un comedor dentro de la zona de la cocina y allí una mujer elegante usaba un delantal mientras horneaba algo.
-Mamá, ya estamos aquí- anunció Gema y la mujer se volteó con una sonrisa.
Se acercó hasta ellos y abrazó a su hija con afecto. Lo observó con amabilidad e interés antes de inclinarse hacia una de las puertas.
-Joel, ya están aquí- gritó la mujer antes de volver a abrazar a su hija.
-Este es Ezra, mamá- lo presentó Gema -mi novio.
Se sintió tan extraño ser presentado de ese modo, pero sonrió tal y como Gema le había pedido para darle la mano a la mujer con delicadeza.
-Es un placer, señora Cuñat- dijo él -desde hace meses que deseaba poder conocerlos, me alegró mucho que Gema me invitara a estas vacaciones.
-Oh cariño, es un placer tenerte aquí- ofreció la mujer con emoción.
Fue entonces que un hombre robusto apareció en el lugar, iba vestido bastante formal para estar en su casa, por lo que al inicio no supo que se trataba del padre de su amiga. Unos segundos más tarde el hombre se acercaba y le ofrecía la mano con educación.
-Yo soy Joel, el padre de tu novia- le dijo el hombre con firmeza -la persona que tienes que ganarte para tener la bendición en esta relación tan nueva.
-¡Papá!- se quejó Gema, pero él la interrumpió.
-Puede estar seguro de que haré lo posible por ganarme su aprobación, señor- aseguró él con seriedad.
Los ojos del hombre lo evaluaron con intensidad hasta que asintió luciendo bastante satisfecho con su respuesta.
-Eres tan tierno, mi vida- le dijo entonces la madre de Gema a su esposo -sabes bien que quien representa un problema no eres tú.
-Es el abuelo- asintió Gema con rapidez -así que espero que puedan apaciguarlo antes de que le presente a Ezra, ¿ya se lo mencionaron?
Los padres se quedaron callados durante unos segundos y esa fue suficiente respuesta.
-Mamá, no puedo solo presentarle a Ezra- se quejó Gema -se lo comerá vivo.
-Se defendió bien frente a tu padre- comentó la mujer regresando a su horno.
-Ambas sabemos que papá es un caramelo en comparación con el abuelo- argumentó Gema siguiendo a su madre -no será lo mismo.
-Pues no será tan complicado si se lo presentas en la cena de esta noche- intentó la mujer -sabemos que al abuelo no le gustan los espectáculos, así que eso lo obligará a comportarse.
-Esa es una terrible idea- comentó Gema luciendo molesta -no comprendo por qué no lo mencionaste en estas veinticuatro horas que te di de anticipación.
-Porque fueron veinticuatro horas, Gema Cuñat- regañó la mujer -no veinticuatro días. Será mejor que vayas a preparar a tu novio para la entrevista que tu abuelo disfrazará de amabilidad.
-Bienvenido a la familia, hijo- ofreció el padre con una sonrisa antes de darle una palmada en la espalda y salir de la habitación.
Gema suspiró molesta, antes de acercarse a él para tomarlo de la mano.
-Ven, tendremos que hacer lo mejor posible en estas circunstancias- le dijo ella con irritación antes de llevárselo casi por obligación.
No comprendía como parecía que todos los integrantes de aquella familia le temían a ese tan llamado abuelo. En su familia, los abuelos eran personas dulces y amables que te consentían todo lo que deseabas, por encima de la autoridad de tus padres. Sin embargo, en aquel lugar no se sentía como una compañía deseada, era más bien como recibías a ese familiar intenso al que nadie desea en las reuniones, pero del que no puedes deshacerte porque sigue siendo un pariente.
No podía esperar a conocer al siguiente personaje.