Silencioso escape

1707 Words
Nerea Unos toques en la puerta la sacaron de sus ensoñaciones. -Escapaste como un ninja de la cena- comentó su hermano entrando en su habitación -supongo que no querías salpicarte con la emoción de las parejas. -No hay forma de que me salpique- se defendió ella con una sonrisa -porque yo no tengo pareja que venga a acompañarme. Me sorprende bastante que tu sí, la verdad. -Supongo que me gusta lo suficiente Rachel, como para presentársela a nuestros padres- comentó él -es una mujer increíble, me gusta mucho pasar tiempo a su lado. Nerea sonrió emocionada por primera vez. -Eso es muy bonito y me emociona mucho- ofreció ella -supongo que solo estoy algo celosa, ya sabes, celos de hermana. Su hermano reía mientras se sentaba en la cama a su lado. -Y un poco envidiosa, ¿no?- la molestó él. -Por un lado, un tanto egoísta, un poco sí- admitió ella -pero no envidio la atención que tendrás de nuestros padres por todo esto, sé que será intenso. -Estoy seguro de que mamá cansará a Rachel con sus atenciones- admitió él con una mueca -espero que no sea demasiado para ella. -Si aceptó venir por su propia voluntad, estoy segura de que no lo será- se burló ella -solo lamento que Gema te haya quitado un poco de protagonismo con este nuevo novio sorpresa. Su hermano asintió y luego le dio una media sonrisa. El silencio llenó el espacio por varios segundos. -¿De verdad no sabes nada de este novio?- preguntó su hermano con duda en la voz. -Estaba siendo sincera cuando dije que era la primera vez que escuchaba sobre un novio- afirmó ella por segunda vez -no lo conozco, no sé nada sobre él. Es extraño, pero lo único que me comentó Gema cuando me llamó ayer, fue cuál sería el itinerario para estas vacaciones, solo eso. -Tienes razón, es extraño- convino su hermano -Gema siempre te ha contado todo. Ella sintió. El silencio volvió a llenar el espacio. -Supongo que tendremos que esperar para conocerlo- comentó ella con un suspiro -luego podré quejarme toda la eternidad por el secreto. Alfonso sonrió, aunque sus ojos se llenaron de una extraña incomodidad que conocía muy bien. -Sabes, siempre tuve la esperanza de que ustedes dos terminaran juntos- comentó ella con una sonrisa. -¿Gema y yo?- preguntó su hermano luciendo sorprendido por sus palabras. -Sí, claro que ustedes dos- afirmó ella con una sonrisa -siempre noté lo unidos que eran desde que éramos niños, eso me molestaba a veces, porque estabas todo el tiempo a nuestro alrededor. -Solo quería cuidarlas- ofreció su hermano con una mueca. -Tal vez cuando éramos infantes- argumentó ella con picardía -pero sé que luego hubo más. Recuerdo un verano que estuvimos juntos de vacaciones, igual que todos los años, y justo cuando buscaba a Gema los vi a ustedes dos. Se estaban besando en la orilla de la playa cuando pensaban que nadie los veía. -¿Tú… nos viste?- inquirió su hermano a media voz. -Sí, me emocionó mucho verlos juntos, a pesar de que era mi mejor amiga besando a mi insoportable hermano- se burló ella -imaginé, al verlos juntos todo el tiempo luego de eso, que se desarrollaría una relación entre ustedes, algo que se volvería formal con el tiempo, pero eso nunca sucedió. -Éramos solo unos niños- comentó su hermano, aunque su voz estaba llena de algo parecido al arrepentimiento -era tonto pensar que duraríamos mucho tiempo juntos. -De todas formas, hubiera sido lindo- afirmó ella -sé que Gema te gustaba bastante. Siempre la veías, hacías cosas por ella, eras bastante aceptable. -No pudo ser- comentó él y luego se quedó callado. Nerea observó esa incomodidad una vez más antes de que los ojos de Alfonso se llenaran de astucia, por lo que esperó a ver con que la molestaría en ese instante. -Pero lo que sí pude notar fue ese rubor en la mesa de la cocina, nenita- siguió su hermano viéndola con intensidad -creo que es momento de que tú también sueltes unas cuantas explicaciones. -No hubo ningún rubor- negó ella de inmediato -creo que estás imaginando cosas, hermanito. -No estoy imaginando nada, Nerea- insistió él con severidad fingida -tal vez no traigas un novio a esta casa, pero sé que hay una historia detrás de ese rubor. Será mejor que tengas cuidado, porque no quiero tener que ir hasta tu universidad solo para golpear a un imbécil, eso me molestaría mucho. -Serás cavernícola, Alfonso- ofreció ella con una mueca -no tienes que golpear a nadie, despreocúpate. Y, sinceramente tampoco te lo diría luego de esas amenazas. -Voy a proteger a mi hermanita de los idiotas- afirmó él con firmeza -te guste o no. -Pues no me gusta- dijo ella con simpleza levantándose de la cama. Su hermano sonrió con cariño antes de besarla en la frente para dejarla sola una vez más. Terminó de arreglar su ropa con rapidez y luego se quedó haciendo nada el resto del tiempo, estaba algo aburrida cuando su madre entró en la habitación para decirle que ya todos se iban a acostar. Ella se despidió con una sonrisa, les dio las buenas noches y el tiempo libre hizo estragos con su mente, por lo que se levantó sin pensar, para vestirse con algo ligero de deporte. Salió sin hacer ruido para evitar molestar a su familia que ya dormía, se dirigió a la puerta de la casa y cerró detrás de ella. Caminó por la entrada pasando por la casa de los vecinos, en tiempos anteriores habría ido hasta la ventana de Gema para llamarla y así podrían salir juntas, pero en esa ocasión la luz de la habitación de su amiga permanecía apagada. Siguió caminando hasta que solo pudo ver la oficina del señor Joel, mientras el hombre se quedaba trabajando como todas las noches. Corrió hasta que llegó a la mitad de la calle y de allí agarró velocidad para dar las vueltas necesarias hasta que el escondite preferido de su mejor amiga quedó a la vista. El mirador medio abandonado la hizo recordar viejos tiempos, en los que iban a ese lugar a beber el licor robado de sus padres mientras se contaban todas las historias de los chicos con los que se habían besado en las fiestas o habían intentado algo más. Ahora, todo parecía tan lejano y le molestó que su mejor amiga no le hubiera mencionado ni una sola vez sobre ese dichoso novio. Tomó su celular con irritación y luego de sentarse en los bancos de madera que se caían por el descuido, escribió un mensaje. Nerea: ¿Un novio? ¿Cómo es que traes un novio del que no tengo ni idea? Juro que te mataré cuando te vea mañana. Unos minutos más tarde la notificación llegó. Gema: Supongo que mi madre fue a darle las noticias. No puedo creer que ya lo sepan, debe ser bastante impresionante para ellos. Nerea: Para mí también lo fue, porque no tenía la menor idea de lo que sucedía. Gema: Calma, leona. Sé que me amas, pero no tienes que ponerte celosa, siempre seremos las mismas. Nerea: No se trata del amor, se trata de la confianza. No me mencionaste nunca a tu nuevo novio, no lo conozco, ni siquiera sé cómo se ve. Gema: Y yo no creo que tú me cuentes todos tus secretos, incluso aunque seamos las mejores amigas. Siempre hay algo que no podemos mencionar, ¿cierto? Ella no pudo responder de inmediato, porque sabía que su amiga tenía mucha razón. Jamás le había dicho a nadie, ni siquiera a Gema, que había pasado la noche con Ezra en esa visita universitaria a su mejor amiga. Era la primera vez que hacía algo así y se sentía demasiado personal como para mencionarlo, sabía que eso también habría provocado el alejamiento entre ella y Ezra, que luego no había dejado de lamentar, pero no se sintió con la confianza para contarlo en ese momento. Suspiró y dejó ir el tema para poder ser conciliadora. Nerea: ¿Me dirás al menos su nombre? ¿Lo conocí cuando estuve allá? Gema: Lo conociste, pero no te diré su nombre. Ya lo verás mañana y podrás hablar con él, sé que te caerá muy bien. Lo prometo. Nerea: De acuerdo, nos vemos mañana, joyita. Espero que no nos metas en problemas como en todas las vacaciones anteriores, estoy cansada de los sermones del abuelo, lo juro. Gema: Tú y yo, leona. Si vuelvo a escuchar el típico discurso de la reputación de una dama y el buen comportamiento, haré un desfile nudista en el frente de la casa por una semana. Sabes que soy capaz. Nerea: Lo sé muy bien, por favor no hagas que el abuelo te desherede. Gema: No es mi culpa, es él por ser tan estrecho y tradicional. Nerea: Te quiero, joyita. Nos vemos mañana, debo regresar ahora. Gema: ¿En dónde estás? Nerea: En nuestro escondite, dónde más. Y ya debo regresar, estar sola en este lugar no se siente tan seguro. Gema: Y luego dices que yo nos meto en problemas, tú sabes hacerlo muy bien solita. Por favor avísame cuando llegues a casa. Nerea: Está bien, mamá. Ella sonrió sabiendo que Gema odiaría esa burla, guardó su celular y corrió de regreso a su casa sin mirar en otra dirección. Estaba sin aliento cuando estuvo de nuevo frente a la puerta de entrada, se dirigió a la cocina para tomar un poco de agua fría y luego revisó su celular esperando la respuesta de su amiga con una sonrisa. Gema: Eres una idiota, no sé para qué me preocupo por ti, de verdad. Espero que te coma un lobo mientras sales del parque. Nerea: Objetivo fallido, joyita. Acabo de llegar sana y salva, gracias por tus lindos deseos. Gema: Es lo mínimo que te merecías. Buenas noches, leona. Con ánimo renovado regresó a su habitación para poder ducharse con rapidez y colocarse el pijama. Estaba segura de que el día siguiente sería interesante hasta lo imposible, por lo que quería estar descansada cuando el drama golpeara a todos los visitantes de la cena. Esperaba que las nuevas relaciones pudieran soportar el drama.
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