Resiste un poco más

1310 Words
POV VALERIA —¡Ethan! —grité con desesperación. Él yacía en el suelo, con sangre saliendo de su boca. Una herida de bala lo había alcanzado en el estómago, y la palidez en su rostro me heló la sangre. Cerré rápidamente la puerta y me arrodillé a su lado. Lo sostuve en mis brazos y presioné la herida con ambas manos, tratando de contener la hemorragia. —¿Quién ha sido? —pregunté, tratando de mantener la calma. Pero mi voz se quebró al continuar—. ¡Maldita sea, Ethan! ¿Qué está pasando aquí? —Enemigos... —murmuró con apenas un hilo de voz. —¿Es Leo? —pregunté, mi corazón palpitando a mil por hora. —N-no... no... otros... enemigos... Pude ver cómo la vida se le escapaba poco a poco. Su rostro estaba terriblemente pálido, y mi pánico crecía con cada segundo. Cogí una manta que estaba tirada en el sofá y la utilicé para seguir presionando la herida, haciendo presión con todas mis fuerzas. Levanté la mirada hacia la ventana. La mansión estaba rodeada. Si lo sacaba ahora, ambos moriríamos. Pero si no hacía algo, Ethan no sobreviviría. Mis manos temblaban, empapadas de su sangre. El miedo me paralizaba. —Valeria... —susurró con voz débil mientras ponía su mano sobre mi mejilla—. Vete... tienes que irte... te atraparán... —¿Qué? ¡No! ¡No voy a dejarte, Ethan! Podemos salir de esto juntos, ¿me escuchas? —le respondí, interrumpiéndolo de inmediato. Ethan tosió, y la angustia me apretó el pecho. —No quiero... que te pase nada... Sus palabras hicieron que las lágrimas llenaran mis ojos, pero no podía permitirme flaquear. Respiré hondo, intentando calmar el temblor en mi cuerpo. Me armé de valor, cogí mi pistola y me levanté lentamente. —Saldremos de aquí juntos, Ethan. Te lo prometo. Lo ayudé a incorporarse y lo dejé apoyado contra el sofá. Tomé un paño y lo presioné contra su herida. —¿Qué... qué vas a hacer? —preguntó con voz apenas audible mientras sujetaba mi mano. —Mantén el paño firme en la herida. Voy a asegurar la zona —le dije, aunque sabía que él no estaba en condiciones de resistir mucho más. Me levanté rápidamente y fui hacia la puerta. Disparos resonaban desde todas direcciones. Abrí la puerta con cautela y asomé la cabeza lo justo para evaluar la situación. Frente a mí, un enemigo apuntaba su arma. No dudé: apreté el gatillo y lo derribé. En ese momento, vi a papá corriendo hacia nosotros. Le abrí la puerta y lo dejé entrar. —Ethan, ¿qué ha pasado? —preguntó papá mientras se arrodillaba frente a él. —¡Papá! Está claro que fue un enemigo. Pero ahora no hay tiempo para preguntas, ¿qué hacemos? —lo interrumpí, tratando de mantener el control. —No podemos dejarlo aquí, Valeria —dijo papá tras una breve pausa. —Lo sé. Me acerqué a la ventana, aparté con cuidado la cortina y observé el exterior. Estaba lleno de enemigos. Cada movimiento que hiciera debía ser calculado. —¿Dónde está Camila? —pregunté sin apartar la vista de la ventana. —¿Camila? No lo sé —respondió papá con el ceño fruncido. —Bien, tenemos que salir de aquí. Tengo un plan. Papá no lo pensó dos veces. Apoyó a Ethan y lo levantó con esfuerzo. Los tres nos dirigimos hacia la puerta. Yo iba adelante, cubriéndolos con mi pistola. Salimos de la habitación, y derribé a varios enemigos en el camino. —¿Por dónde? —preguntó papá mientras avanzábamos. —Ve hacia la salida trasera. Yo los cubriré desde aquí —le indiqué. —¡Valeria, no puedes ir sola! —protestó papá, pero ya era demasiado tarde. Corrí en dirección opuesta, con el corazón en un puño, lista para enfrentar lo que fuera necesario con tal de protegerlos. * Papá corrió con Ethan hacia la salida trasera mientras yo tomé otra dirección. El gran pasillo estaba vacío... y demasiado silencioso. La tensión se apoderó de mí mientras miraba a mi alrededor, esperando lo peor. De repente, un enemigo apareció frente a mí. Sin dudarlo, disparé. Pero cuando intenté disparar de nuevo, me di cuenta de que mi arma ya no tenía munición. —¡Genial! —murmuré con fastidio, mientras apretaba los dientes. Corrí rápidamente hacia otra habitación donde papá guardaba armas. En cuestión de segundos encontré una pistola grande, la cargué y salí de nuevo al pasillo. —¡Eh, malditos! —grité con rabia—. Esto... esto es por mi marido. Me congelé un instante al darme cuenta de lo que acababa de decir. ¿Mi marido? ¿Por qué había dicho eso? No tuve tiempo para procesarlo. Tres hombres armados aparecieron de la nada y abrieron fuego contra mí. Me lancé detrás de un gran pilar mientras los disparos resonaban por todo el pasillo. Apunté rápidamente y disparé, acertando a uno de ellos, quien cayó al suelo sin emitir sonido alguno. Los otros dos comenzaron a avanzar hacia mi posición. Me agaché, cerré los ojos un momento y agudicé el oído. Los pasos se acercaban... cada vez más cerca. Cuando estuvieron a poca distancia, reaccioné con rapidez: agarré al primero, lo empujé con fuerza al suelo, y mientras caía, apuñalé al segundo con mi cuchillo, directo al costado. El hombre en el suelo intentó golpearme, pero lo inmovilicé, presionando mi rodilla contra su pecho. —Zorra... —siseó entre dientes, mirándome con furia. Sonreí, sin dejar que su odio me intimidara. —Ahora me lo vas a contar todo. Le sujeté por la nuca y lo levanté conmigo. Su nariz sangraba, y yo apenas había comenzado. Lo arrastré hacia una habitación cercana, ignorando sus débiles intentos de resistirse. Una vez dentro, cogí una silla y lo forcé a sentarse. Lo até con fuerza, asegurándome de que no pudiera escapar. Me puse en cuclillas frente a él, observándolo con frialdad. —¿Quién eres? —pregunté con calma, aunque mi voz llevaba una amenaza implícita. —¡No es asunto tuyo! —gritó con desafío. Suspiré, fingiendo cansancio. —Vale, entonces... Sin titubear, le clavé el cuchillo en el muslo. Su grito desgarrador llenó la habitación. —Tengo otro cuchillo —dije, aumentando el tono de mi voz—. Si quieres conservar tus pelotas, responderás a todas mis preguntas. —¡Está bien! —gimoteó, con lágrimas en los ojos. —M-mi nombre... soy... Gio. Giovany Miller. —Bien, Giovany. ¿Quién es el líder de tu grupo? —continué con la misma calma. —E-Esteban. Nuestro líder es Esteban Wilson... Un enemigo más, pensé. Esto nunca termina. —¿Por qué estás aquí? ¿Cuál es tu objetivo? —exigí saber, tratando de contener mi ira. —D-Diego envió a un guardaespaldas... para matar a uno de nuestros hombres... —tartamudeó, evitando mirarme a los ojos. —Seguro que mi padre tiene sus razones —respondí con desdén, poniéndome de pie. Me acerqué a él, inclinándome para que pudiera verme de cerca. —Y le has dado un buen golpe en el estómago a mi marido. —¿Lo hemos hecho? —tartamudeó Giovany, tosiendo. —Sí. Y por eso te voy a dejar aquí. A ver si te desangras... o si alguien tiene suficiente compasión para salvarte. Sin decir más, retiré el cuchillo de su pierna. Su grito resonó una vez más, pero no me detuve. Salí rápidamente de la habitación y cerré la puerta de un portazo, dejándolo atrás con su destino incierto. Corrí escaleras abajo, mi corazón acelerado. Finalmente, llegué a la salida trasera, donde papá y Ethan me esperaban. —¡Papá, tenemos que llevarlo a la enfermería! —grité, casi sin aliento. —¡Ahora mismo! —respondió papá, sin dudar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD