Traidor

1243 Words
POV VALERIA Ethan y yo nos besamos... apasionadamente. Él no se inmutó, me correspondió. —Estás completamente borracha —susurró entre beso y beso. Me separé lentamente. —Tú también —murmuré. —Pero no como tú —contestó. Y volvimos a besarnos. Sentí sus manos en mi cintura, firmes, seguras. Ethan me guió hacia la cama, su peso sobre el mío. Noté sus labios recorrer mi cuello, y de inmediato mi piel se erizó. Un leve mordisco suyo arrancó una risa de mis labios. —Ethan... —susurré mientras enterraba las manos en su cabello, jugando con sus mechones. —¿Qué? —sonrió contra mi piel. —Duele un poco. Espero que te des cuenta —bromeé, mirándolo a los ojos. Él rió suavemente, su aliento cálido chocando contra mi piel. En un abrir y cerrar de ojos, mi vestido cayó al suelo. Ethan, con delicadeza, separó mis piernas y clavó su mirada en la mía. —¿Te parece bien? —preguntó en un tono suave, casi como un susurro. Asentí, sintiendo mi corazón latiendo frenéticamente. —Sí —murmuré. Sí, estábamos casados. Pero eso no significaba que no pudiera preguntar. Su atención, su cuidado, me desarmaban. Poco después, Ethan se hundió en mí. Mi cuerpo se tensó de inmediato, pero él tomó mi mano entre las suyas, entrelazando nuestros dedos. —¿Estás bien? —preguntó con preocupación. Respiré hondo y asentí. —Sí... sí, estoy bien. Poco a poco mi cuerpo se fue acostumbrando. Él se movía con una delicadeza que no esperaba, como si cada uno de sus movimientos estuviera diseñado para no lastimarme. Me aferré a él, sintiendo su calor, su fuerza. Mi corazón latía desenfrenado, y lo que al principio fue un leve dolor se desvaneció por completo. Cerré los ojos y, por un instante, sentí algo más. ¿Era amor? ¿Realmente sentía eso por Ethan? ¿Y él...? ¿Él sentía lo mismo? Estábamos casados, sí, pero ese matrimonio había sido impuesto por nuestras familias. ¿Podía ser esto amor? Mi mente se llenó de preguntas que no deberían preocuparme en ese momento. Lo miré, buscando respuestas en sus ojos. Entonces, mi abdomen se tensó y un suave gemido escapó de mis labios. Ethan, con la frente húmeda por el esfuerzo, se inclinó y me besó profundamente. Y en ese instante, los dos llegamos juntos. Ethan se dejó caer a mi lado, ambos con la respiración agitada, mirando al techo en silencio. Mi pecho subía y bajaba descontroladamente mientras trataba de procesar lo que acababa de suceder. Había sido mi primera vez. Mi cuerpo, aún sensible, temblaba levemente. El silencio se instaló entre nosotros, cómodo y cargado a la vez. Entonces, Ethan rompió la quietud. —¿Te he hecho daño? —preguntó con un tono suave. Giré el rostro hacia él, y le sonreí débilmente. —No —respondí en voz baja. Él asintió, relajando los hombros. —Bien —dijo, y se acercó para cubrirnos con la manta. Su brazo rodeó mi cintura y yo me acurruqué lentamente contra su pecho. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí segura. Mi corazón comenzó a calmarse. La adrenalina dio paso al cansancio. Cerré los ojos, dejando que su respiración rítmica me envolviera. —Que duermas bien —susurró mientras dejaba un beso en el nacimiento de mi cabello. Sonreí débilmente, acurrucándome aún más cerca. —Tú también. Y poco a poco, el sueño me venció. Ethan también se quedó dormido. * A la mañana siguiente Desperté sola. Por un momento, me quedé quieta en la cama, la cabeza nublada por el sueño y la resaca. Poco a poco, las memorias de la noche anterior regresaron, golpeándome como un torrente. Me acosté con Ethan. Abrí los ojos completamente, sorprendida por el pensamiento. Me quedé mirando al vacío, procesando lo que había hecho y lo borracha que había estado. El peso de la realidad me aplastó de golpe. Sin perder tiempo, me levanté rápidamente. Recogí mi ropa del suelo con movimientos apresurados y me dirigí al baño. Me desmaquillé, me metí bajo la ducha y dejé que el agua fría despejara mi mente. Luego, me cepillé los dientes y me vestí con manos temblorosas. Cuando bajé las escaleras, todavía sintiendo los restos del caos en mi pecho, me encontré con Sebastian en la sala. —¿Dónde está Ethan? —pregunté, deteniéndome a mitad de camino. Sebastian me miró con calma. —Ha salido —respondió, sin más explicación. Luego añadió con un tono despreocupado—: Diego y Thomas quieren venir hoy. Fruncí el ceño, mirando mi móvil. —¿Hoy? ¿Tan pronto? —Al parecer, sí —respondió con una media sonrisa. —¿Entonces por qué no me ha llamado papá? —murmuré, sintiendo el estrés subiendo por mi pecho. —Seguro que ya están de camino —dijo Sebastian con tranquilidad, encogiéndose de hombros. Suspiré profundamente, tratando de calmarme, cuando la puerta se abrió de repente. Ethan entró. Quise sonreír, pero el gesto murió en mis labios al verlo. Su expresión fría y distante me congeló en el lugar. —Sebastian, llévala a nuestra habitación —ordenó Ethan sin siquiera mirarme. Sentí un nudo en el estómago. —¿Qué...? —Eh... vale, si eso es lo que quieres —respondió Sebastian, sorprendido. Antes de que pudiera reaccionar, Sebastian me tomó del brazo y comenzó a arrastrarme. —¡Suéltame! —grité, intentando zafarme—. ¡Ethan! ¿Qué estás haciendo? ¿Qué rayos estás haciendo? Pero Ethan no dijo nada. Simplemente se dio la vuelta y se alejó, ignorando mis gritos. Sebastian y yo llegamos corriendo a las escaleras, pero me detuve en lo alto, apoyándome en la barandilla. —¡Espera! Quiero ver lo que está haciendo —dije, mirando hacia abajo. Sebastian asintió, y ambos observamos en silencio. Ethan salió de la casa nuevamente. Pero en ese momento, la puerta principal se abrió y alguien más entró. No podía creerlo. Ahí estaba él... Leo. El enemigo. El hombre que había matado a mi tía. Y ahora estaba aquí, frente a Ethan. Vi cómo se daban la mano, como si fueran viejos amigos. —Leo —dijo Ethan con tono serio—. Deberíamos discutir el trato en otro lugar. Mi corazón se detuvo. Leo me miró entonces, y su sonrisa arrogante me hizo estremecer. Ethan también me miró, pero su expresión era diferente. Fría. Impenetrable. —Bueno, bueno, bueno —dijo Leo, con una sonrisa malvada. Retrocedí un paso, mis piernas temblando bajo mi peso. —¿Q-qué está pasando? —susurré, mi voz rota por la confusión. Leo me miró con burla. —¿Aún no te lo ha dicho Ethan? ¿No te ha mencionado nada sobre el trato? Qué pena... Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos. Mi barbilla temblaba, y mis labios no podían contener el temblor. Miré a Sebastian, buscando respuestas. —¿Sabías de esto? —le pregunté, mi voz apenas un murmullo. —¿Qué? No... no, de verdad que no lo sabía —respondió, claramente tan desconcertado como yo. Ethan, mientras tanto, se metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. Seguía con el traje del día anterior, impecable, como si todo estuviera bajo control. Pero dentro de mí, todo se estaba desmoronando. ¿Cómo pude ser tan estúpida? Había entregado mi inocencia a un traidor... esa misma noche. Confié en él. Me enamoré de él.
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