Besos borrachos

1470 Words
POV VALERIA Ya era la mañana siguiente. Me desperté antes que Ethan. Aprovechando la tranquilidad, me levanté y fui al baño para darme una ducha. El agua caliente ayudó a despejar mi mente. Cuando terminé, me vestí con ropa adecuada, me peiné y me lavé los dientes. Mientras me maquillaba frente al espejo, mi móvil comenzó a sonar. Contesté rápidamente al ver el nombre de mi padre en la pantalla. —Buenos días, papá —murmuré con voz calmada. —¿Llegaste bien? —preguntó, como siempre, preocupado. —Sí, todo bien —respondí, manteniendo la conversación breve. —Bien. Tenemos que hablar de algo importante —continuó con seriedad. Su tono me puso alerta—. Los hombres llegarán al hotel en una hora. —¿Qué hombres? —pregunté, frunciendo el ceño. —Un pequeño grupo que solía trabajar con nosotros. El líder se llama Lucas —explicó. —¿Y qué quieren aquí? —insistí, inquieta. —Lucas pidió verlos a ti y a Ethan. Les dije que podían hacerlo. Sebastian ya está informado. Asentí aunque sabía que no podía verme. —De acuerdo —contesté antes de colgar. Guardé el móvil y regresé a la habitación. Ethan aún dormía. Me acerqué a él con cuidado y me senté a su lado. Lo observé unos segundos antes de susurrar: —Ethan… oye, despierta. Él abrió los ojos lentamente, aún adormilado. Cuando me vio, esbozó una sonrisa perezosa. —Buenos días —murmuró mientras se incorporaba. —Prepárate. Los hombres estarán aquí en menos de una hora para hablar con nosotros. Fui directa, intentando no alarmarlo. Ethan asintió y empezó a arreglarse. Mientras él se alistaba, decidí bajar a la planta baja. Sebastian estaba allí, como siempre, puntual y atento. —Buenos días, Valeria —dijo con un leve asentimiento. —Buenos días —respondí con una pequeña sonrisa antes de sentarme en uno de los sofás del vestíbulo. Poco después, Ethan bajó y se unió a mí, con una taza de café en la mano. Mientras él tomaba pequeños sorbos, yo observaba el lugar con tranquilidad, intentando calmar mis nervios. No pasó mucho tiempo antes de que un pequeño grupo de hombres entrara al hotel. Al frente iba un chico joven, probablemente de nuestra edad. Su cabello castaño y despeinado contrastaba con el traje que llevaba puesto. Su presencia era llamativa, pero su rostro tenía una expresión seria. —¿Dónde están? —preguntó directamente a Sebastian, quien señaló hacia nosotros. ¿Es Lucas? ¿En serio? El joven giró la cabeza hacia donde estábamos sentados, pero su mirada se detuvo en mí por un instante. Ethan y yo nos levantamos mientras Lucas se acercaba. Nos saludó con un apretón de manos firme. —¿No eres… un poco joven para ser líder? —pregunté, intrigada. —Lo soy, en realidad. Tengo veinte años. Me convertí en líder tras la muerte de mi padre —contestó Lucas con serenidad. —Lo siento mucho —dije, sintiendo el peso de sus palabras. Ethan tomó la iniciativa. —¿De qué querías hablar? —preguntó con tono directo. Lucas suspiró antes de responder: —Es sobre Leo. Les ha seguido la pista a ambos y ahora también está aquí, en Paris. —¿Qué? —exclamé, poniéndome de pie de inmediato. Sentí cómo mi respiración se aceleraba, pero Ethan me tomó la mano con suavidad. —Valeria, cálmate —me dijo en voz baja, intentando tranquilizarme. No pasó desapercibido que Lucas lo observó con atención. —¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunté, tratando de mantener la compostura. —Esta noche organizaremos una gala. Si pueden venir, hablaremos más a fondo —explicó Lucas mientras sacaba un papel de su bolsillo y nos lo entregaba. Era la dirección del evento. —¿Por qué no lo hablamos ahora? —preguntó Ethan con visible molestia. —Ahora mismo no tengo tiempo —contestó Lucas mientras se levantaba. Su respuesta fue breve, pero contundente. Observé a Ethan, buscando alguna señal de duda en su rostro, pero él simplemente asintió. —Estaremos allí —respondí finalmente. * Esa noche era la gala. Ethan iba impecable con un traje oscuro que acentuaba su figura. Yo, por mi parte, llevaba un vestido n***o de manga larga y tacones altos, sintiéndome a la vez elegante y nerviosa. Mientras bajábamos del coche, Ethan no pudo evitar expresar lo que llevaba días rondando su mente. —No me fío de Lucas —dijo en voz baja, con esa mirada seria que ya conocía demasiado bien. —Tampoco te fías de Sebastian. De todas formas, ¿en quién confías? —respondí, molesta por su constante desconfianza. Ethan me miró de reojo y, sin perder su habitual tono seco, respondió: —Solo confío en ti. Suspiré, sin saber si sentirme halagada o agotada por su paranoia. Entramos juntos al gran edificio donde se celebraba la gala. La decoración era deslumbrante, con luces tenues y mesas elegantemente dispuestas. Todo parecía sacado de una revista de lujo. —¡Ahí están! —Lucas apareció de repente, acercándose con una sonrisa que parecía demasiado cómoda para mi gusto. —Gracias por venir. —De nada —murmuré, intentando sonar educada. —¿Cuál es exactamente la ocasión? —preguntó Ethan, directo como siempre. —Oh… nada especial. Esto sucede muy a menudo aquí en Paris —respondió Lucas con indiferencia, aunque su mirada no se apartó de Ethan. Por su parte, Ethan lo miraba con frialdad, casi como si estuviera evaluándolo. —¡Ethan! —le siseé en voz baja cuando Lucas se alejó para atender a otros invitados. —¿Qué? —preguntó, como si no entendiera mi reproche. —Compórtate y sé amigable, por favor —le insistí, tratando de no perder la paciencia. Volvimos con Lucas, quien nos ofreció un vaso de whisky a cada uno. Tomé un sorbo mientras Ethan, en cambio, simplemente lo sostenía entre sus manos, observándolo con desconfianza. —¿De qué sabor es? —preguntó Ethan tras un largo silencio. Lucas lo miró con un poco de sorpresa y diversión. —¿Esto? Es Japones. Uno de los mejores whiskys del mundo —respondió con orgullo. Ethan, finalmente, dio un pequeño trago. Yo apenas pude evitar rodar los ojos. Realmente no se podía ir a ningún lado con él sin que cuestionara todo. —¿Cuál es el plan ahora? Sobre Leo —pregunté, intentando centrar la conversación en lo importante mientras nos sentábamos en una mesa cercana. Lucas suspiró antes de responder. —Por ahora debemos mantener la calma. Según mis informes, sigue en otra parte de la ciudad. Mientras no nos haya localizado, estaremos bien. Ethan no pudo evitar lanzar otro de sus comentarios mordaces. —¿Tienes siquiera un plan? —preguntó con tono arrogante. No dudé en darle una patada por debajo de la mesa para que se callara. Lucas lo miró, claramente irritado. —Claro que tengo un plan —respondió entre dientes. Intervine rápidamente antes de que la tensión aumentara. —Lo que Ethan quiere decir es que debemos esperar a nuestros padres. Ellos también deberían llegar pronto. —¿Diego y Thomas vendrán aquí? —preguntó Lucas, visiblemente sorprendido. —Así es —afirmé, aunque internamente esperaba que realmente lo hicieran. Necesitábamos su ayuda más de lo que quería admitir. La noche continuó de forma inesperadamente tranquila. Conocimos a varias personas, algunas de ellas bastante agradables. Poco a poco, los nervios comenzaron a disiparse, ayudados, en gran parte, por el alcohol. Pronto me encontré riendo más de lo habitual, conversando de manera desenfadada con los demás. —Y entonces… ¡fuimos allí y…! —Me reí a carcajadas mientras intentaba terminar una anécdota. El whisky había hecho efecto, y mi cabeza estaba nublada. Ethan, en cambio, permanecía sobrio como una roca. —Creo que ya es hora de irnos —dijo de repente, levantándose de su silla. Me tomó por los hombros con firmeza, guiándome hacia la salida. —¡Suéltame! —protesté entre risas, golpeando suavemente su espalda. —Vamos, Valeria. Es hora de que duermas un poco. No recuerdo mucho del camino de regreso al hotel. Todo era un torbellino de luces y risas. Ethan me sostuvo todo el tiempo, asegurándose de que no tropezara con los tacones. Cuando llegamos a nuestra habitación, me dejó caer suavemente sobre la cama. —Estás borracha —dijo, con un suspiro, mientras me apartaba un mechón de cabello del rostro. —¿Y no lo estás tú también? —respondí con una sonrisa traviesa. Antes de que pudiera decir algo más, lo tomé por el cuello de la camisa y lo atraje hacia mí. Ethan no dudó en responder a mi beso, envolviéndome en un momento que hizo que olvidara por completo las preocupaciones de la noche.
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