Miranda El viaje a Canadá había sido muy cansado. Cuando llegamos al departamento que mi padre me había regalado, nos habíamos quedado impresionadas; era precioso y enorme. Cuando abrí la puerta, mi boca se abrió completamente, sorprendida. Volteé a ver a Gema y ella estaba igual que yo. Caminamos hacia una terraza que, para ser un departamento, es enorme. Ella mantiene a Anthony en sus brazos, dormido. Ella voltea a verme con una enorme sonrisa y suspira. Puedo ver tristeza en su rostro, pero a la vez un poco de paz. —Amiga, esto es hermoso. Tu padre se ha esmerado en que estés cómoda, pero lo mereces; eres la mejor. Ella da un paso hacia mí y trata de abrazarme. Yo sonrío y termino de envolver mis brazos en su cuerpo, aún con Anthony en medio de nosotras. Yo suelto una risita. Tengo

