XII Aqui no me va a pasar nada

1486 Words
Llevo tres días en el pueblo y es la primera vez que viajo para quedarme metida en casa. Normalmente cuando llego aviso a mis tíos, primos, sobrinos y amigos, pero esta vez estoy derrotada. Siempre he dicho que esta tierra roja me recarga las pilas. Esta vez debo venir con ellas totalmente vacías porque no soy capaz de ir más allá de la tienda de desavío de la acera de enfrente. Tengo que salir del sillón y de la casa de mis tíos, no puedo vivir así. Hoy hace calor, así que es mejor que vaya ahora que es temprano, quiero ir a la plaza de abastos a comprar productos frescos de aquí. He pensado bajar por la carretera, así es como llaman en el pueblo a la antigua Nacional Cuatro que pasaba por en medio del mismo, y seguir hacia la casa de mis otros tíos. Me pongo unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes, con unas deportivas, hace calor y las calles aquí son empinadas, si me pongo algo ás abrigado voy a pasar calor. Cojo mi cesto de mimbre, el que me hizo mi tío Juan hace muchos años, antes de fallecer, me encanta bajar a comprar con él y abro la cancela, saliendo por le portal para salir por la puerta de entrada. Con mi cesto al hombro cambio de acera para no ir por el sol, soy tan blanca que si sigo por allí, cuando llegue a la plaza de abastos seguro que ya estoy roja como el cangrejo Sebastian. Paso delante del bar de mis primos y los saludo con la mano, me contestan de la misma forma desde dentro, me encanta que sigan siendo tan humilde a pesar de ser tan famosos que hasta salen por la tele. Luego paso por delante de la casa de los padres de una buena amiga y también saludo con la mano. A cada rato, según bajo por la carretera, tengo que saludar, por suerte, las mañanas son ajetreadas y no me paran a preguntar qué hago aquí, si he venido sola, cuando me voy, cuando bajo a comer con ellos…. Pasear por le pueblo por las tardes es un poco como la canción de No Me Pises Que Llevo Chanclas: ¿Y tu de quien eres? Cuando por fin llego enfrente a la esquina de la calle donde nació mi madre me dan ganas de subir por ella y saludar a mis primas, pero si lo hago voy a estar toda la mañana y no me va a dar tiempo a cocinar lo que quiero comer, así que mañana, con más tiempo, vendré a visitarlas. Después de caminar más de media hora desde la parte más alta del pueblo, estoy delante de la Plaza de Abastos de Santa Marta. La veo distinta de como lo recordaba, está remodelada y pintada. Entro con mi capacho al hombro y me encuentro la misma plaza de abastos, con su centro despejado, pero no lo está. El centro está lleno de banquetas y mesas altas, lo que antes eran los puestos ahora son pequeños gastro bares y el techo tiene unos listones de maderas que sujetan una vela de tela. “¿Qué coño ha pasado aquí?” Mi mercado ya no está. A ver, no me malinterpretéis, yo quiero mucho a mi pueblo, y esto es genial, pero no me lo esperaba. Yo vengo vestida y preparada para hacer la compra, no para copear. Estoy por darme la vuelta e irme cuando una voz que me suena muchísimo, me llama desde uno de los dos puestos que ya están abiertos. Veo a mi prima Noelia está sentada con un par de amigas, me dice que acaban de dejar a los niños en el cole y están poniéndose al día tras el verano. – Prima, no me has dicho que venias. Ven, siéntate con nosotras. - Me siento y dejo mi capazo en una silla libre. Noe me presenta a sus amigas y tras preguntarme lo de siempre, que, si soy de Madrid, que donde vivo, que quien es mi familia, vuelven a su conversación y me uno a ellas. Es casi media mañana y la Plaza se ha ido llenando poco a poco, no creo que me dé tiempo a ir a comprar. Me disculpo un momento y salgo a llamar a casa de los tíos, voy a avisar que no creo que vaya a comer y si quieren que bajen y los invito yo aquí, pero tiene otros planes y quedamos en que nos vemos por la tarde. Al colgar se acerca el hijo del mejor amigo de mis padres, me saluda y le devuelvo el saludo. No sabía si me reconocería. –Raquel, que alegría verte. No sabíamos que estabas aquí. ¿Has venido sola? – Asiento con la cabeza y le sonrío. – Oye, como no sabía que estabas aquí no dije nada, pero un hombre con acento raro vino preguntando por si conocíamos a una mujer, creo que te buscaba a ti. - Me pongo tensa. “¡Mierda! Me han localizado, también noté su acento raro cuando me escondí en la piedra en mi paseo por el campo. Creo que eran de la antigua Unión Soviética, pero no sabría decir exactamente de dónde. – Vaya, te importaría no decir nada si vuelven, creo que no me busquen para nada bueno. – Muestro mi preocupación y de dentro de su bar, afuera del mercado, aparecen un par de policías locales. –Señora, no se preocupe, aquí nos conocemos todos y si vuelven a aparecer nos acercamos a avisarla. Es la prima de Madrid de José el Pregonero, ¿verdad? – “Joder, sí que me conocen.” Pienso mientras miro a todos lados, ¿es una cámara oculta o algo? –Sí, me suelo quedar en casa de sus padres. - Les contesto y ellos se despiden con su saludo oficial y tranquilizándome. Yo vuelvo a entrar a la Plaza con mi prima y sus amigas. A la hora de comer ellas se van y nos quedamos comiendo Noe y yo en el Plaza, solas, contándonos lo último en nuestras vidas. Por fin puedo pasar un tiempo con ella, porque desde que se casó y tiene a las niñas apenas pasamos tiempo solas. Es genial poder tener una comida tranquila las dos solas. - ¿A quién has llamado antes? – Me pregunta de repente Noe. – A los tíos, para avisar que no comería allí. - No tengo porque mentir a mi prima. – Estas rara desde que has vuelto de llamar. - Estoy realmente preocupada. No puedo disimular tanto como para que no se de cuenta de nada. Decido contarle todo, y ella escucha en silencio, tomando pequeños tragos de su bebida. Cuando acabo tarda unos segundos en hablar. – Ayer estuvo un hombre que conducía una moto negra grande, con acento extranjero preguntando por todo el pueblo. Raro que no te hayan localizado ya. - Noe está muy seria al decírmelo. Eso me pone aún más nerviosa. –Tengo que irme, tengo que recoger a las niñas del cole. ¿Qué vas a hacer? Quizás podrías pedirle al primo Pepe su casa de la playa para esconderte unos días. - No es mala idea. Me cuelgo mi capacho y le doy dos besos a Noe, cada una salimos por una puerta de la Plaza de abastos. Comienzo mi camino de vuelta a casa de mis tíos, de camino puedo parar en casa del primo Pepe, que queda de camino, y pedirle que me deje su casa de Costa Canela. Voy caminando por la acera, algo absorta en mis pensamientos, cuando una gran moto negra me rebasa y para justo delante de mi. “¡No! Estoy muerta.” Miro alrededor para ver mis posibles escapatorias, para atrás es custra abajo, fácil, pero hay un cruce cercano donde pasan muchos coches. Delante está la moto, a un lado la carretera con mucha circulación y al otro lado los muros de las casa, pero en esta zona no conozco a nadie para pedir ayuda en esas casas. Se enciende mi bombilla, empujar al motorista para que caiga y pasar por encima de él y de la moto. Es mi pueblo, mi gente, aquí no me va a pasar nada, en cuando alguien me vea me va a ayudar. Decidido, me pongo el capacho hacía atrás y comienzo a estirar mis brazos en dirección al motorista, soy rápida, casi puedo empujarlo por su pecho, pero con sus brazos desvía los míos y mi cara da de lleno contra su pecho aturdiéndome por la violencia del golpe. Debajo del casco se oye una risa. Me está abrazando tan fuerte que no he notado que casi soy yo la que caigo de golpe. Tengo mi cara pegada a su camiseta negra de los Rayders, pero puedo ver su brazo derecho, está tatuado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD