—Yo sí quiero que sea así. Prometí esperar a tu cumpleaños y es lo que haré. Ya solo faltan cuarenta y tres minutos —declara, viendo la hora en su reloj de muñeca. Sonrío y me acomodo en mi puesto cuando vuelve a tomar mi mano y entrelaza nuestros dedos—. Te iré mostrando lo que hay de camino a la sorpresa —propone. Asiento y coloca el auto en marcha nuevamente. Realmente no presto tanta atención a lo que me va contando, solo asiento y asiento sin parar, viendo anonadada toda la vida nocturna que tiene esta ciudad. A esta hora en el pueblo no se escucha un alma. Todo es tranquilo, pero aquí. Hay filas de personas queriendo entrar a sitios en los que puedo leer nombres que asocio con discotecas porque es lo que me cuenta Tomy. Según me dice, esta calle es especial por tener varias discot

