—Me enteré que te gusta mucho el chicharrón de aquí —me cuenta cuando llegamos frente al restaurante de Betty. Sonrío y aspiro hondo, deleitándome desde ya con solo el olor. Tomy ríe y se atreve a tomar mi mano cuando empuja la puerta para entrar. El acto es tan natural, pero inesperado, que me paraliza. —¿Qué ocurre? —pregunta cuando me quedo en mi puesto sin poder moverme. Veo hacia abajo, adonde me tiene sujeta y él me imita—. Oh, lo siento —musita y me suelta. Camina delante de mí hasta una mesa que no es la que siempre ocupo con mi padre. En el camino, voy con mis manos juntas delante de mi cuerpo. —No es que no me guste que me tomes la mano, pero mi padre me dijo que no quería muestras de afecto en público hasta que cumpla años para no meterte en problemas —explico apenas ocupo mi

