Llego a la casa, con las lágrimas deslizándose por mi mejilla por estúpida. Lo peor es que hoy no me siento usada, me siento sucia. Entro por la puerta de la cocina para no hacer ruido, pero cuando estoy subiendo las escaleras, la puerta de la habitación de mi padre se abre y aparece en el umbral. Arruga el rostro al notar mis lágrimas, lo que ocasiona que llore más. —¿Qué pasó? —pregunta realmente confundido. Gimoteo, llegando al final de la escalera para aceptar su abrazo. —Soy una estúpida —susurro contra su pecho y él me presiona más, guiándonos a mi habitación. Abre la puerta y enciende la luz, dejando la puerta abierta para caminar conmigo a la cama hasta que me sienta sobre sus piernas. Yo sigo con mi cabeza escondida, ahora en su cuello. —Háblame, mi amor, ¿qué pasó? —insiste, a

