Narra Melany
Creo que pueden decirme egoísta, quizás sea la más inhumana pero por mi mente nunca se cruzó el tener un bebé, aun no pienso en la familia feliz; el perro, las plantitas, el esposo. Por eso no había buscado la manera de formalizar a ese punto con un hombre, pues tampoco me negaba a la posibilidad de estabilizar una relación pero tampoco existía el afán, no era el momento, me considero lo suficiente responsable como para saber que no estoy en condiciones económicas, emocionales para una obligación de esa magnitud. Sé que tengo veintitrés años pero aun no nace ese instinto materno, hasta no crítico a las que dicen no querer tenerlos; ahora me he visto forzada a tener a un pequeño niño. ¡Dios! No lo puedo asimilar, no puedo cuidarme por mi cuenta, como voy a cuidar de un ¡Aish! No puedo ni pensarlo.
- No sabía que tenías un novio o un esposo – dice Layla tocándome la barriga
- Era alguien con quien salía, pero me terminó antes de venir aquí – le quito la mano de mi barriga y me doy la vuelta
- Vamos, no tienes por qué estar triste, deberías estar muy feliz porque dentro de ti se está formando una personita que traerá alegrías a tu vida.
Que mal que esas mismas alegrías no se las pueda brindar yo en este instante critico en el que estoy
- No puedo cuidar de un niño o de una niña ahora, es que son tantas cosas que ¡Aish! No sé por qué me sucede todo esto a mí
- Creo que exageras, ya verás que pronto le notarás el lado bonito a las cosas; por el momento descansa, ya le dije al señor August lo que te ha sucedido, así que puedes tomarte un tiempo
- No, está bien, quiero ir al súper, si me quedo quieta o acostada la mente me absorberá, por ahora no le digas a nadie, primero quiero aceptarlo yo misma antes de decírselo a otra persona.
- Pero deberías decirle a tu madre o al padre de la criatura, ¿no crees?
- No, hace mucho no se de él, no tengo forma de contactarlo y mi madre está muy enferma como para darle preocupaciones
- No te preocupes, ¿sabes qué? Puedes salir adelante sola, eres una mujer fuerte, tu hijo no necesitará de una figura paterna para crecer como un ser de bien. Si te propones sacarlo adelante lo podrás hacer, de eso ten la plena seguridad.
Sus palabras me hacen sentir reconfortada pero a la vez melancólica, ya comprendo por qué estoy más sensible de lo normal.
Luego de unas dos horas la enfermera nos dice que pronto darán una autorización para darme de alta, Layla fue a gestionar lo que se requería para poder salir y mientras estaba en la habitación, fue mucho lo que esperé hasta que la vi entrar con esa misma sonrisa que es permanente su rostro, quien pensaría que alguien como ella, con todo lo que ha pasado puede verse así de feliz.
- ¡Nos vamos! Saldremos de aquí recargadas, con toda la actitud, porque somos unas mamás súper poderosas, que se van a comer el mundo entero desde un súper mercado, vamos di conmigo ¡yo puedo!
Me quedo callada observando el gran show que ha formado
- Vamos, di conmigo ¡yo puedo! – repite con las manos arriba
- Yo puedo – menciono en voz baja
- Eso es, tenemos que llegar con la mejor vibra para atraer lo mejor para nosotras.
Al salir del hospital veo que ella lleva en sus manos lo que parecen facturas, no logro ver bien porque de inmediato las mete en su bolsillo.
Paramos un taxi y fuimos directo al trabajo, el señor August apenas me vio se sorprendió
- Creí que te quedarías en casa por lo menos el día de hoy – dice viéndome de pies a cabeza
- No, estoy bien, solo fue una jaqueca fuerte que se calmó con algo de medicina – digo como si no fuera nada importante
- Si señor era una jaqueca, pero ya está mejor, gracias a Dios el medico solo le dijo buenas noticias – menciona Layla haciéndome un guiño ¿Acaso no sabe disimular?
- Bueno, si sientes que estas bien entonces cámbiate a tu uniforme y manos a la obra
- Si señor – digo disimulando que estoy al cien por ciento
- Oh, por cierto, solo reubica el puesto de los vegetales, no quisiera que te desmayaras aquí con todos los clientes y trabajadores presente.
El hombre se va y es hora de trabajar, no me quedaré con las manos cruzadas esperando que mis pensamientos, la preocupación y la tristeza me ahoguen. El secreto que siempre me ha funcionado es mantener la mente ocupada, aunque recientemente los episodios que he vivido son traumáticos, pero puedo ayudarme haciendo algo diferente.
Al llegar a los casilleros veo a Layla dejando sus jeans colgados en un perchero y vistiendo con unas sudaderas y su camiseta que dice MAX – DU en letras mayúsculas en el pecho, la mujer está cantando una canción en español que no conozco.
“Si, para enamorarme ahora. Volverá a mí, la maldita primavera”
- Pareces feliz – digo con mi cara de muerta ambulante, es decir de zombi
- No, no estoy feliz – menciona mientras se hace una coleta en su cabello lacio. Parece tener buena actitud, admiro tanto positivismo
- Quisiera sentirme como tú – digo quitando los harapos que llevo puestos
- La clave es tomar las cosas con calma, el afán solo deja cansancio – ella se mira en un pequeño espejo y retoca su maquillaje, ella tiene grandes ojos marrones.
La mujer sale tarareando la canción y olvida su pantalón colgado en el perchero, así que lo tomo para guardarlo dentro de su casillero, cuando lo descuelgo del perchero algo cae de su bolsillo, era aquel papel que guardó al salir de la clínica, sentía que estaba mal revisarlo pero me gana la curiosidad, le daré un pequeño vistazo y lo guardaré nuevamente en el bolsillo; al abrirlo veo que es la cuenta de la clínica, ella pagó por la atención que me dieron, sentí mucha pena porque se cómo es su situación económica, ella le envía dinero a su hijo, tiene gastos personales, ¿Cómo hizo esto? Mi conciencia se siente sucia por la simple razón de saber que debajo del colchón tengo dinero para pagar. En ese momento aprendí algo nuevo de la vida, que bonita enseñanza me ha dado Layla, estas son las personas que vale la pena cruzarse en el camino, ella es de las personas que comparten no porque tengan mucho, sino porque saben lo que es no tener nada.
- Gracias Layla.