Capítulo 9

1234 Words
Narra Mark  Sin dudas la vida nos regresa a lugares a donde no queremos estar, en mi caso es en el consultorio de mi terapeuta. - Cuanto tiempo – dice la mujer con una expresión que me cuesta comprender - No estoy tan feliz como tu pero sabes que no tengo opción ¿verdad? Hagamos esto rápido. Me acomodo en el cómodo sillón que tiene y cierro los ojos - Bien, ¿cuéntame cómo te has sentido? – dice la mujer - Bastante bien, algo preocupado por cosas de trabajo pero nada más – respondo como algo que normalmente diría, pues para que ella me ayude debo decirle la verdad de muchas cosas y eso nunca va a suceder. - Mark, ya esta conversación la hemos tenido muchas veces, ¿Dónde has dejado todo lo que te he enseñado durante todo este tiempo? - Es que creo que sufrí una recaída, todo debido al intenso estrés que llevo - Vamos Mark, creo que puedes abrirte conmigo ¿crees que soy tonta? Llevo estudiando tu perfil por mucho y sé que algo no cuadra muy bien - Tengo una vida aburrida, una vida bastante ocupada, no tengo tiempo que nada diferente a trabajo pase en mi vida, es más, ¿para que hablo de vida? Ni siquiera tengo una. -Mark pero… Mi celular comienza a sonar interrumpiendo a la mujer - No otra vez, vamos Mark, estamos en medio de una sesión – levanto mi mano como una señal para que pare de hablar y saco el celular de mi bolsillo Reparo el número en la pantalla y es desconocido - ¿Hola? - Mark Harrington, es un gusto escuchar tu voz, cariño – dice la mujer que no quería escuchar - Miranda, ¿Cuánto tiempo? Me pongo de pie y salgo del despacho de la terapeuta quien parece molesta - Creí por un segundo que no responderías a mi llamada, me imaginé que debías estar enojado conmigo por aquella fea llamada que tuvimos - No podría enfadarme contigo – respondo a la zorra que no puedo tener de enemiga - ¡Oh cariño! sabía que ibas a recobrar la cordura, ese día estaba tan triste por la manera en la que te escuchaba, hasta estuve a punto de llorar - Si, es que bueno, estaba en medio de un gran problema, algunos asuntos se me salieron de las manos y terminaron como no creía. - ¿Cuáles asuntos? – cuestiona de inmediato - Me refiero a mi huésped, a unos socios, a problemas que crecieron en un abrir y cerrar de ojos - ¡Oh! la chica, la chica… bueno, ya que la has mencionado ¿Quieres decirme dónde está? Hace mucho perdí su rastro, cosa que me resulta muy curiosa - Ella, pues yo… no lo sé, no se de ella desde hace mucho, Néstor la rapto y pues, no sé nada de ellos - ¿Néstor? ¿Para que la quiere? - Si, pues no sé, es muy confuso, con el tuve inconvenientes, cosas que simplemente no puedo explicar porque fueron muy rápidas, pasamos de ser amigos a enemigos mortales, usó el banco de mi padre como lavandería y luego intentó asesinarme, fue un caos rotundo, hasta aquella mujer casi me mata, estaba siendo amenazado por ella, fue un completo caos y luego Néstor se la llevó o huyeron juntos, la verdad tengo demasiadas dudas a raíz de todo lo que ha pasado. - Cariño, lamento que hayas tenido días tan difíciles, es todo confuso hasta para mí, debes estar exhausto, ¿no quieres venir a la casa para que te consientan? - Oh no, en este instante mi padre me tiene vigilado, no puedo ir a ningún lugar sin que él lo sepa, por un tiempo es mejor que me mantenga al margen – menciono como una manera sutil de decirle que no. - No, eso no mi querido Mark. Si quieres puedo ayudarte para que nadie nunca más te atormente - No es necesario mi querida, solo esperaré un tiempo Eso haré, me distanciaré hasta el día que simplemente se canse de llamar, por ahora ella se entretendrá buscando una aguja que no está en el pajar, buscará a Néstor porque sabe que supuestamente tiene a la mujer y nunca los podrá encontrar, algo así no sucedería. Y por más que quiera alejarme de ella y de todo lo que la rodea debo ser paciente y esperar, porque Miranda como enemigo es un monstruo sin piedad, capaz de hacer hasta lo peor con tal de conseguir lo que quiere, la mujer es una enferma desquiciada, una enferma con la que me atreví a jugar y salí mas embarrado de mierda de lo que creía; hace mucho sé que tiene un interés extraño hacia mí y sé que es debido a lo que me he atrevido hacerle, ella ha sido de las mujeres que me he follado que disfruta cada golpe y cada maltrato, ha aguantado todas las ideas más enfermas y depravadas que se han cruzado por mi cabeza; no puedo negar que muy dentro también he disfrutado de los momentos de descontrol absoluto pero hasta ahora con mi mente serena, admito que fue un error, un error irreparable. - Prométeme que vendrás a la próxima subasta ¿sí? – menciona haciendo una súplica como niña pequeña - Si, estaré allí ¡Ash! Tengo que pensar de qué manera puedo deshacerme de ella, y hacerlo de una manera que no me perjudique a mí, a mi familia ni a Melany, gracias a Dios que esta lo bastante lejos como para tener que angustiarme, ojalá que al saber que ya no está conmigo y sabiendo que Néstor es un perverso puede bajar un poco la guardia, buscaré la manera de que olvide a mi antigua sumisa y de esa manera podré estar al cien por ciento seguro de que ella estará segura. - Me alegra esa respuesta, te esperaré con lo mejor que tenga en la casa para ti, en unos días te estaré enviando la invitación - Claro, la esperaré Cuelgo y pienso en la pobres chicas que debe tener en la mira o que quizás ya tiene bajo su poder, quisiera hacer algo para ayudarlas pero hacerlo me costaría la vida, ni mi padre tiene el poder que ese demonio tiene, con solo chascar sus dedos puede asesinar al que se le venga en gana. Salgo en busca de mi auto, pues ya no tengo más que hacer con mi terapeuta, quedé demasiado tenso con esa llamada como para quedarme acostado allí siendo interrogado por la loquera. Tomo las llaves del auto que he dejado parqueado justo en el frente, cruzo la calle y al hacerlo un auto a toda prisa acelera y se detiene frente a mi haciendo que me detenga estupefacto, creo que sentí el roce de las llantas en mis pies. Con mi corazón a mil por segundo veo como la ventana de la puerta trasera de la camioneta oscura se baja con lentitud. - Pronto nos veremos, cariño Era Miranda, creo que me estaba siguiendo, la mujer me guiña un ojo y sonríe como si fuera un maldito ángel inocente, se pone unos lentes oscuros y vuelve a subir su vidrio para arrancar como alma que lleva el diablo, pongo las manos en mi pecho, he perdido hasta el aliento; es una maldita loca.                
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